Luzu, Tanizen y Zorman caminaban por los pasillos. Zorman, visiblemente tenso, no podía dejar de pensar en Emi; le aterraba lo que podían estar haciéndole. Luzu y Tanizen percibían claramente su angustia.
—Zorman... por tu forma de caminar, se nota que estás muy preocupado. ¿Sabes qué podrían estar haciéndole a Emi? —preguntó Luzu.
Zorman se detuvo en seco, y sus aliados lo imitaron.
—Sí, lo sé... por eso Nova estaba tan alterado. Estos pasillos llevan al laboratorio de experimentación central. Si trajeron a Emi aquí, es para intensificar los experimentos —explicó Zorman.
Luzu y Tanizen asimilaron la gravedad de la situación y reanudaron la marcha hacia el laboratorio. Al llegar, vieron a una científica salir de una de las salas de experimentación, cargando a Emi, que estaba inconsciente. Zorman la reconoció de inmediato.
—¡¿Biyin?! ¿Qué haces aquí? Hace un año dijiste que no querías involucrarte en experimentar con niños.
Biyin se quedó en silencio unos segundos, luego se acercó a Zorman y le entregó a Emi.
—Sí... eso dije hace un año. Pero sabes tan bien como yo que no podía simplemente dejarlo todo e irme. Todos los científicos aquí lo saben. Lo pensé durante meses... Quería irme para volver a ver a alguien muy importante para mí... pero claro, yo lo había traído a este lugar en primer lugar. Tuve el error de permitir que experimentaran con él —confesó Biyin.
Zorman se quedó helado. Sabía que Biyin había tenido a alguien importante, su hijo, pero ella siempre le había dicho que no lo veía desde hacía tres años. Nunca le había dicho que ella misma había autorizado la experimentación con él.
—¿Por qué dejaste que experimentaran con tu propio hijo?
—Sería mejor hablarlo en otro momento, Zorman. Tienes que seguir con el recorrido de ellos dos. Sé sin que me digan una palabra que están de tu lado.
—¿Y tú... de qué lado estás?
—El único niño que me importaba en este laboratorio se fue hace cuatro años... —dijo, con un tono vacío—. Solo diré que no estoy del lado de nadie. Así que haz lo que tenías que hacer y lleva a esa araña de vuelta a su habitación para que ese niño llamado Nova esté tranquilo.
Tras decir eso, Biyin se marchó. Luzu y Tanizen estaban visiblemente sorprendidos.
—Entonces... ¿puede estar de nuestro lado y a la vez no? —preguntó Luzu.
—Em... no sé cómo responder a eso, Luzu. Lo mejor será llevar a Emi a su habitación.
En ese instante, Emi comenzó a recuperar la conciencia. Abrió los ojos y se dio cuenta de que estaba en los brazos de Zorman.
—Eh... Zorman, ¿cuándo regresaste? ¿Me puedes bajar, por favor?
—Está bien... me alegra saber que te encuentras bien.
Zorman se percató de algo al mirarle los ojos: la parte blanca era ahora negra, y sus pupilas eran una mezcla de rosa, rojo y celeste. Además, bajo sus ojos, Emi tenía tres pequeños ojos extra a cada lado.
—¿Por qué... por qué me duele la cara?
—No es nada por lo que debas preocuparte, Emi...
—Esa actitud tuya solo dice una cosa: han experimentado otra vez conmigo, ¿no es así? Dime qué tengo en la cara, Zorman, por favor...
—Okey... —Zorman sacó un pequeño espejo de su bolsillo y lo puso frente a ella.
—Oh... ahora me veo más como una araña. Tengo... un par de ojos más.
—¿También puedes ver por esos ojos?
—Em... sí, pero es un poco difícil.
—¿No te causan dolor?
—Al abrirlos por primera vez me dolieron un poco, pero ya no me duelen.
Emi notó entonces la presencia de Luzu y Tanizen.
—¿Quiénes son ellos? —Zorman se lo explicó—. ¡Oh, es un placer conocerlos! Espero que puedan llevarse bien con todos.
Salieron del laboratorio de experimentación y, después de dejar a Emi en su habitación y despedirse, entraron al elevador.
—Hasta aquí el recorrido —anunció Zorman—. Los llevaré con el jefe para que les asigne sus tareas.
—Pero... todavía no hemos visitado los demás pisos de abajo —protestó Tanizen.
—Solo los científicos de alto rango pueden ingresar a esos pisos. Por lo que sé, ahí están los experimentos más peligrosos. No sé cómo ayudarlos... tal vez algún día pueda conocerlos.
—Pero son peligrosos... si los conoces, podrían hacerte daño.
—Bueno... no son del todo peligrosos. Hace unos meses, Biyin, que lleva diez años aquí...
—¿Cómo pudo estar aquí diez años? —preguntó Luzu, interrumpiéndole.
—Una vez que ingresas a este trabajo, no puedes renunciar. La única forma de librarte de aquí es morir. Bueno, sigo: Biyin sí podía ir a ese piso. Me dijo que a esos experimentos los mantienen encerrados por seguridad, ya que tienen poderes que no pueden controlar. Los tratan como monstruos y me dijo que... los torturan. Ella nunca se ofreció a hacerles daño; la primera vez que estuvo ahí abajo sintió mucho miedo.
—¿Ella aún puede bajar a ese piso?
—No. Ella decidió que era mejor estar en los pisos superiores.
Mientras hablaban, salieron del ascensor y se dirigieron a la oficina del jefe.
—¡Al fin! Volvieron. Escuché que van a seguir los pasos de Zorman... También vi que ayudaron a unos experimentos —dijo el Jefe, sin rodeos.
—¿Cómo lo supo? —preguntó Luzu.
—Estuve vigilando por las cámaras... Por lo visto, ya conocen casi todo el laboratorio.
—No conocemos todo —objetó Tanizen—. Los pisos de mucho más abajo no los pudimos visitar.
—¿Se refieren a donde están los experimentos de alto riesgo?
—Sí.
—Ustedes recién han llegado. Tienen que hacer distintas tareas e ir subiendo de rango para poder estar ahí. Como habrán escuchado de Zorman, Biyin estuvo allí, pero ella trabajó de manera eficiente durante cinco años y pudo bajar a ese lugar. Pero no se trata solo de trabajar duro, sino de que seas lo suficientemente fuerte para poder trabajar en ese lugar. A los experimentos que hay en ese piso no se les puede tratar con cariño...
Editado: 02.06.2026