Biyin y el Jefe se dirigieron al ascensor. Bajaron solo un piso y salieron.
—¿Por qué usamos el elevador para bajar un solo piso? —preguntó Biyin.
—La única manera de bajar a los pisos donde están los experimentos peligrosos es por el elevador —explicó el Jefe—. Y solo bajamos un piso porque para ver al siguiente experimento del que te vas a encargar, tenemos que descender cinco pisos por escaleras. En la celda de ese experimento no hay ningún tipo de tecnología.
—¿Cómo es que contiene a un experimento sin tecnología?
—Ese es el punto: no tener ningún tipo de tecnología para que no escape —respondió mientras comenzaban a bajar—. Por eso también está más abajo de los laboratorios, para que no tenga forma de manipular nada.
Siguieron caminando hasta llegar a una pesada puerta reforzada con múltiples cerraduras físicas. Biyin notó el nombre escrito arriba.
—¿Experimento Dafuq!?boom?
—Sí, es un nombre creativo —dijo el Jefe, y comenzó a abrir las cerraduras con un manojo de llaves.
El Jefe abrió la puerta. La habitación era de tamaño mediano, con paredes de concreto gris y sin ninguna ventilación visible. A un costado había una cama de metal. En el centro estaba Dafuq!?boom, un niño sentado en el suelo abrazando sus piernas. Tenía grilletes en las muñecas, el cuello y los pies, con cadenas sujetas firmemente a las paredes y al piso de concreto.
—Te presento al experimento que puede controlar la tecnología —dijo el Jefe con orgullo—. Es por su habilidad que lo tenemos en este lugar, encadenado. Tiene ocho años. Está aquí desde los cuatro.
—Está loco al tener a un niño de ocho años encerrado así —espetó Biyin, sintiendo una punzada en el estómago.
—Creo haberte dicho que sí estoy loco —se rió el Jefe—. Si estás pensando en hablar con él, no te molestes. Dejó de hablar hace como dos años. Lo único que se puede escuchar de él son sus gritos al ser torturado.
El Jefe soltó una pequeña risita, lo que enfureció a Biyin.
—¿Cómo puede ser capaz de torturar a un niño?
—Yo decido cómo tratar a los experimentos —dijo el Jefe, acercándose a Dafuq!?boom.
El niño, al percibir la cercanía del Jefe, comenzó a temblar visiblemente, consciente de lo que venía.
—Qué lindo es ver cómo tiemblas en mi presencia —susurró el Jefe, con un tono burlón, mientras sacaba una jeringa con un líquido rojo brillante.
Biyin se alteró. —¿Qué le va a hacer al niño?
—No es de tu incumbencia. Estarás a cargo de él, pero de igual manera yo puedo torturarlo cuando quiera. Y también pueden hacerlo los otros científicos que vengan. Pero como sé que vas a querer detenerme, tendré que usar algo para que no intervengas...
El Jefe miró directamente a Biyin y, con un simple parpadeo, la teletransportó fuera de la habitación. Biyin se estrelló contra la pared del pasillo.
—¿Cómo es que pudo hacer eso? ¿Cómo tiene ese poder? —murmuró Biyin, estupefacta.
Mientras tanto, en la celda, el Jefe volvió a mirar a Dafuq!?boom. El niño se había alejado un poco, temblando de miedo.
—Llevo inyectándote esto durante un año, niño... ¿Todavía tienes miedo?
Dicho esto, el Jefe le inyectó el líquido. Apenas entró en su torrente sanguíneo, el Jefe se apartó. El químico reaccionó bruscamente con el poder latente del niño, haciendo que se retorciera de dolor y provocara pequeños glitches y chispazos en todo su cuerpo.
—Si en algún momento piensas escapar, recuerda que yo puedo hacer que ese dolor se intensifique —amenazó el Jefe.
Acto seguido, salió de la habitación, dejando a Dafuq!?boom inconsciente por el dolor. Se encontró con Biyin, que estaba pálida y aterrada por los gritos que había escuchado.
—Eres un monstruo —dijo Biyin.
—Tranquila. No le inyecto eso todos los días. Lo hago dos veces por semana —contestó con desdén.
—¿Y piensa que con decir eso me voy a tranquilizar? ¡Les estás quitando la infancia a muchos niños!
—¿Recién te das cuenta, o recién tuviste el valor de decírmelo?
—Es alguien sin sentimientos... ¿Y cómo es que tiene esa habilidad de teletransportación?
—Al experimentar con otros y lograr que tuvieran esa habilidad, pude encontrar la manera de obtener ese poder sin ningún tipo de dolor. —El Jefe se encogió de hombros—. Basta de charla. Regresemos arriba. Hoy solo te mostré cuáles son los experimentos de los que te vas a hacer cargo. Mañana empiezas a venir a verlos.
Después de regresar y de que el Jefe se marchara a su oficina, Biyin se dirigió al comedor para intentar despejar su mente. Al llegar, vio que Zorman, Luzu y Tanizen estaban reunidos en una mesa. Se acercó y se sentó con ellos.
—Vaya día que tuve...
—¿Qué fue lo que viste ahí abajo que te puso así? —preguntó Tanizen, preocupado.
—¿En serio quieren saber?
—Sí, dinos lo que viste —insistió Luzu.
—Bueno. Espero que estén listos para lo que van a escuchar...
Editado: 02.06.2026