Exsomnia: en busca de una razón

Antes de llamarlo

Cuando el ghoul la vio, su mandíbula tembló... no de miedo, sino de algo que ella no logró descifrar.

Nora parpadeó una vez, y el supermercado se sumergió en un silencio antinatural. No hubo gruñido. Ni siquiera amenaza. Solo esa mirada fija, intensa, tan humana en lo imposible, que le erizó la piel.

El ghoul inclinó la cabeza con una lentitud enfermiza, como si escuchara algo dentro de ella. Abrió la boca apenas un centímetro. Un clic húmedo sonó en su mandíbula.

No muy lejos, Erick notó la sombra de las líneas metálicas detrás del ghoul; fue un movimiento sutil, pero tan fuera de lugar que le heló el pecho. Corrió en seguida.

—¡Nora, abajo!

Se lanzó. El cuerpo del ghoul se dobló como si sus huesos fueran cuerdas mal tensadas. Rozó la pared, rebotó en ella y avanzó en zigzag. Nora apenas alcanzó a moverse antes de verlo encima.

Un crujido, húmedo y áspero, se grabó en el aire. Dos colas de Lyra irrumpieron por el costado, atravesando el aire con un silbido limpio.

Se incrustaron en las costillas y lo empujaron con fuerza brutal hacia la pared. El impacto sacudió el pasillo. Las colas se retiraron igual de rápido que cuando aparecieron.

La adrenalina dejó un hueco en el pecho de Nora. Parpadeó. Retrocedió y echó a correr hacia Marcel, igual que Erick.

Pasaron al lado de Lyra, quien se mantuvo cuadrúpeda; sus cuchillas y colas, vibrantes y encorvadas, apuntaron hacia el ghoul. Una línea de sangre recorrió su rostro hasta la boca. Los filamentos metálicos regresaron, esta vez la rodearon a ella.

—¿Otra vez...? —dijo, no para ella. Ni siquiera para sí mismo—. ¿Otra vez no es suficiente? Dijiste que lo era... creo que lo dijiste.

Ella no respondió. El ojo brotó de su cuello.

—Está ciego. Nota sus ojos. —Lyra se giró. Los ojos del ghoul, grisáceos, casi oscuros, intentaron colocarse en ella. —Puede que el parásito haya afectado su cerebro. Ya sabes qué hacer.

Las colas se recogieron como lanzas tensadas. Flexionó las cuatro extremidades, como si midiera distancia.

Los tentáculos metálicos se amontonaron en la espalda del ghoul. Ella contuvo la respiración. Curvado, el primer cable. Dio un salto hacia atrás, el ataque dejó un hueco en la pared.

Solo se mueven en curvas.

Se metió por debajo de la curva del ataque. El resto de sus cuchillas rozaron el metal, aún sin atacar, solo avisando.

Ella trepó por la pared. Sus colas chocaron contra la pared en diagonal y la impulsaron hacia el aire. Un corte de las cuchillas en forma de parábola atravesó el hombro del ghoul. Se atoró.

Un chasquido profundo de la garganta, casi como lamento, soltó él, antes de jalarla hacia sí mismo.

El resto de los filamentos sujetaron la espalda de Lyra, cuya fuerza aplastó e hizo crujir los huesos. El ardor se dispersó hasta llegar a sus ojos, y dejaron una huella negra. Parte de su sangre corrió por su boca.

Aun así, no lo soltó.

El aire salió de sus pulmones como un golpe seco. Lo tumbó al suelo. Tensó los músculos hasta abrir la mandíbula y cerrarla sobre el hombro, húmedo y profundo.

Un alivio momentáneo recorrió su cuerpo por la sangre. Fue como si su cuerpo lo necesitara para sobrevivir. Le disgustó lo natural que se sintió.

Un charco.

Un chico.

Oscuridad.

La carne cedió. El ghoul soltó otro grito, roto. Cada cartílago ardió, incluso ella sintió el calor contra su rostro. La trayectoria serpenteante se enterró en ella. El agarré no cesó.

Se sacudió hasta arrojarla contra las estanterías con un retumbar metálico.

Una nube de polvo brotó desde el estruendo, vista por Nora. Erick, contra un pilar junto a Marcel, colocó la mira en el ghoul. La mirilla no pudo seguirle el ritmo.

—Sus rodillas se doblan como las de un animal. Luce como si fuera a tropezarse en lugar de correr. —Crujió sus dientes. El sudor frío recorrió sus manos. —Aun así, se mueve demasiado rápido... ¿cómo se iguala esa velocidad?

La mandíbula de Marcel se tensó

—Es imposible. Trataré de tomar alguna oportunidad... solo me quedará predecir sus ataques.

Nora no dijo nada. Su mirada, clavada en el ghoul, tenía algo antinatural, casi perturbador. Sus dedos tensos mordieron el arco, mientras Rohan, al lado, giraba su anillo una y otra vez.

Esa voz...

El corazón le golpeó con fuerza. La voz metálica de aquello le dejó poco o nada a la imaginación. Aun así, cada vez le sonaba más cercano. Más íntimo.

Todavía en el suelo, la sangre morada goteó del hombro del ghoul. Tapó la herida con su brazo, como si fuese a suavizar el dolor. El suelo quebrado bajo sus pies tambaleó como sus cables.

Algunos escombros cayeron de la pared cuando Lyra se reincorporó. El sabor metálico continuó en su boca, pero lo apartó con su mano. El ojo no volvió a aparecer: habló desde dentro.

—Su carne es gruesa. No parece estar adaptado por completo al dolor. —Los huesos de su espalda se juntaron, como si no hubiese existido la fractura. —Pero llevamos ventaja. Mientras lo sigas comiendo, no tendremos problemas.

Las botas de Marcel chispearon cuando se detuvo a medio camino. Sus ojos, tras los lentes azules, recorrieron cada fibra, órgano y nervio del ghoul, como si fuese un mapa. Pudo ver los cables, no como filamentos metálicos, sino como nervios alterados.

—¡Muévete, Lyra!

Se plantó a una distancia media cuando ella dio unos pasos hacia atrás. El ghoul alzó la cabeza, haciéndole ver como una mancha negra tras los estantes.

El primer ataque llegó con un silbido metálico. Marcel, sin retroceder, se deslizó hacia la derecha. Giró sobre su torso.

Va uno.

Frotó sus nudillos, la carga azul de en sus puños ascendió. Un segundo ataque trató de tomarle la pierna; pivotó con su pierna derecha hacia la izquierda, sin salirse de su rango.

—¿Qué pasa? ¿Acaso ese parásito te jodió tanto la cabeza que ya ni atacar bien puedes?




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