Exsomnia: en busca de una razón

Importancia

Al toque de las cuatro de la mañana, Rohan y Erick eran los únicos despiertos.

Rohan pasó un cinturón alrededor de su cintura. Revisó la munición de su arma cuando sus ojos se posaron por un momento ante el inminente amanecer. A unos metros de él, Erick guardó agua sellada en una mochila.

El frío de la mañana les estremeció los dedos, pero Rohan se fijó más en el temblor en el cuerpo de Lyra.

—¿Por qué decidiste hacer esto en mi casa? —murmuró mientras colocaba una manta encima de Lyra.

Una recarga silenciosa se escuchó, luego Erick le devolvió el murmullo:

—Porque no te ibas a despegar de ella.

No hubo reclamo siguiente, pero la boca de Rohan estuvo por abrirse. Fue sustituida por un gruñido antes de guardar algunos cargadores en los bolsillos.

—¿Irá Marcel?

—Ni siquiera sé en dónde está.

—¿Y Nora lo sabe?

—Dentro de lo que cabe... yo diría que sí.

Intercambiaron miradas por un momento demasiado corto. Chirridos lejanos de grillos interrumpieron su silencio, y Erick cerró y abrió su mano después de salir por la puerta.

Sin testigos, un apretón suave, pero desgarrador, invadió a Rohan cuando sus ojos cayeron sobre Lyra. Pasó una mano por el hombro de ella. Apenas pudo moverla. Un temblor pasó por su boca antes de susurrarle:

—Volveré. Quédate en el pueblo en lo que no estoy. Dejé un poco de comida dentro de las gavetas. En caso de que pase algo, puedes hablarme por el intercomunicador y saber mi ubicación. —Arrastró un mechón amarillo de ella. La rigidez de su mano pudo sentir la suavidad del cabello antes de apartarlo del rostro de Lyra. En la frente, dejó un beso imperceptible.

No pudo evitar mirar hacia el cuello de ella al levantarse.

El parásito.

Apretó los puños. Los abrió tras un suspiro.

—Si tu objetivo de verdad es protegerla, hazlo mientras no estoy.

El golpe suave de la puerta cayó después de que la ojeara por un momento. Erick, apoyado contra un muro concreto, lo vio salir. Caminos de tierra se presentaron frente a ellos al caminar.

Solo revisaron su equipamiento unos momentos antes de subirse al Scout car. El arma corta de Rohan descansó sobre su pecho. El viento lo golpeó en cuanto el rugido apagado del motor les hizo arrancar. Se cruzó de brazos; los de Erick quedaron sobre el volante.

—Me imagino que si me levantaste a esta hora es porque los Praex no deberían de estar activos.

Sombra de árboles ocultaron al sol. El radar en medio de los asientos vibró constantemente, dando una pequeña, pero intensa señal en ubicación a una cueva.

—Eso y porque ya me siento mejor. Sí resultó útil toda esa tecnología de medicina que Nora estudió.

—Ajá... esperá a que caigan los efectos secundarios.

—Solo es cansancio. Ya es normal.

Las ruedas arrastraron tierra y lodo por igual. El motor rugió como un único sonido, a veces interrumpido por el ocasional canto de algún ave.

Ninguno de los dos pareció nervioso. Con la vista puesta al frente, dieron la impresión de que no había nada más que mirar. Erick pareció querer voltear. No lo hizo. Bajó la mano, abrió el compartimiento con cuidado y sacó unos papeles.

—Ah... por cierto. Esto es para ti.

No los entregó de inmediato; los dejó entre ambos asientos.

Rohan los tomó sin apuro. Eran más livianos de lo que esperaba. Sus ojos bajaron apenas un instante.

Leyó un nombre:

Cassandra...

...

"Hola.

No pude recodar muy bien cómo empezar, entonces lo haré así nomás.

Tía me dijo que escribiera la fecha, pero no recuerdo si era importante, así que no la puse. Igual tú sabes cuándo es 'hoy', ¿no?

Aquí la nieve sigue haciendo que las cosas sean tranquilas a ratos. A veces miro luces azules y solemos entrar hasta las murallas, pero no te preocupes, de verdad. La gente sigue caminando por el castillo como siempre, y los que están vestidos de blanco y azul todavía se olvidan de mi nombre. Eso no ha cambiado.

Me gustaría que vinieras a verme. No ahora mismo si no puedes, pero ojalá pronto. Me gustaría platicar de cosas que veo algunos días, aunque no estoy segura de sí las vi hoy o hace días. Da igual. Te gustarían igual.

A veces se me olvidan cosas pequeñas. Como nombres. O cuántos días pasan entre una cosa y otra. Pero no pasa nada, porque cuando pasa, leo lo que he anotado, incluyéndote a ti, y se me calma un poco la cabeza. Es raro, pero funciona.

Vi a la tía Elsbeth ayer. O creo que fue anteayer. Preguntó por ti. Yo le dije que estabas en otro lugar, ocupado, como siempre, y se fue sin decir algo más. También mencionaron a Friedrich, aunque no recuerdo por qué. Seguro tú sí.

No te quedes demasiado tiempo lejos. Sé que estás haciendo algo importante, pero prométeme que vas a volver. Aunque sea solo un rato. Aunque sea para hablar y caminar como antes.

Si algún día lees esto y no te acuerdas de cuándo te lo escribí, no importa. Yo tampoco. Lo importante es que te acuerdes mí cuando lo hagas.

No olvides lo del anillo.

Ya sabes.

Con cariño, tu hermana".

La carta se mantuvo en sus manos. Se quedó mirándole sin verla. Un nudo apareció detrás de sus ojos, sin lágrimas. No porque fuera fuerte, sino porque algo más grande —una mezcla de miedo y urgencia— le apretó el pecho sin dejar espacio.

—¿Quién era?

Finalmente, dobló la carta con cuidado excesivo en cada pliegue, como si fuera frágil, como si fuera él mismo.

—Mi hermana.

Al guardarla, sus manos tardaron un segundo de más, y al cerrarlas quedó una sensación de promesa pendiente, de tiempo que se está acabando sin avisar.

—¿Hermana?

Un suspiro escapó de su boca antes de frotar su anillo.

—Sí. Está en otro país.

—¿Y... se cuida sola?

—No. Está bajo custodia. Primero por La Soberana de la Nación del Norte. Luego también de un general... Friedrich. Desde que nuestros padres fallecieron.




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