Humo. Sangre. Metal.
Solo eso quedó.
El pueblo seguía en pie... en partes. Algunas casas ardían en silencio. Otras parecían intactas hasta que uno se acercaba y veía agujeros en las paredes, los cuerpos dentro y los muebles volcados.
Nadie gritaba ya. Era lo peor, pero él seguía ahí, respirando.
Erick caminó entre restos metálicos y madera astillada. No buscó sobrevivientes. No buscó órdenes. No buscó nada.
No podía siquiera recordar en qué momento dejó de disparar.
Se detuvo frente a un casco Praex partido en dos. Lo miró más tiempo del necesario.
Su reflejo, el de alguien que solo miraba hacia el horizonte por inercia, quedó manchado por un líquido que él no supo diferenciar entre azul o rojo.
A pocos pasos de ahí, alguien se levantó. Él ni siquiera volteó de reojo. Nora presionó con fuerza la margarita contra su pecho. Las uñas se clavaron en el tallo, derramando savia que ella confundió con sangre.
La distancia entre ellos no era mucha, y ella lo sabía, pero tampoco decidió llamarlo. Solo caminó hacia ninguna dirección en específico.
Pasó al lado de uno de los biomecánicos; su mirada se detuvo apenas un segundo. Sus dedos se cerraron de nuevo sobre la flor hasta doblarla.
Un pétalo cayó sin que ella lo notara.
Cuando decidió regresarla a su cabello, las manos no temblaron, como si le incomodara tenerla presente más que el metal aún humeante a su alrededor.
Fue ahí cuando decidió contar los vendajes de una mochila cercana.
Marcel, que se había mantenido de pie todo el rato, ya estaba haciendo lo mismo con otra. Comenzó a caminar entre los cuerpos sin prisa. Veía en ellos nombres, no cadáveres.
Se agachó junto a uno, retiró con cuidado el casco roto y lo dejó a un lado. Con dos dedos firmes, le cerró los párpados.
No conocía a ninguno. Aun así, evitó mirarles los rostros por más tiempo del necesario.
No queda nada si vuelven a atacar.
Un sonido intermitente rompía el aire cada ciertos segundos.
Rohan.
—Lyra, responde.
Sentado sobre la colina, el intercomunicador descansó entre su mano no vendada. Apretó el dispositivo como si pudiera obligarlo a funcionar.
—Lyra, si me escuchas, responde.
Silencio.
Volvió a intentarlo.
Nada.
Lo intentó otras veces más antes de levantarse y sacudirse la tierra.
El reflejo de una imagen se filtró entre los dedos de Rohan.
—Está en Talassokrátia. —Fue más hacia sí mismo. —Debe estar cerca de la marina.
Bajo el sol en lo alto, Marcel salió.
—Eso está muy lejos de aquí. Si quisieras llegar, tendrías que moverte desde más temprano.
Sin apartar la mirada del intercomunicador, respondió:
—Yo ya me estoy moviendo.
Una mirada demasiado larga hizo que Marcel tardara en entenderlo.
—No es viable.
—No me importa si no es viable.
Nora se incorporó, limpiándose las manos contra el uniforme.
—Rohan, tú sabes que llegar sin un vehículo hasta allá tomaría semanas. Mejor deberíamos...
—No me importa —repitió, esta vez más bajo—. No me voy a quedar aquí esperando a que se la lleven más lejos.
El silencio volvió a instalarse entre ellos. Pero este no era el silencio del humo.
Era decisión.
Una que Marcel no sabía cómo analizar:
—El convoy aún funciona. Si nos vamos ahora, podemos llegar al punto de abastecimiento antes del anochecer.
—Entonces váyanse. —Apartó la mirada de ellos.
Nora apretó los labios.
—¿Por qué piensas ir solo? No puedes hacerlo con esa mano.
Pese a que no pudo mover los dedos, no evitó que él lo intentara.
—No estoy pidiendo permiso.
Erick, hasta ese momento, no había intervenido.
Seguía mirando el casco partido.
Seguía viendo algo que no estaba allí.
—Yo voy contigo.
Los tres voltearon. No fue una declaración firme. No fue un gesto heroico.
Fue simple.
Como si ya estuviera decidido desde antes.
Nora frunció el ceño.
—Erick...
—No voy a fallar otra vez.
La voz de él salió suave, apenas audible y sin explicación alguna. Quedó suspendida.
Marcel lo sostuvo con la mirada unos segundos. Asintió apenas.
—Entonces nos separamos aquí. Hay una ruta hacia el sur. Podrán encontrar el mar e ir hasta allá siguiendo el camino.
Sin pedir permiso, Nora revisó el vendaje de Rohan al acercarse.
—Si se abre, presiona aquí. No seas idiota.
Apenas le prestó atención. Y ella sostuvo su mano un segundo más del necesario.
Luego se apartó.
Marcel extendió un cargador hacia Erick.
—Último completo que tengo.
Lo tomó.
—Cuídala —dijo Erick, sin especificar a quién.
El motor del convoy rugió con dificultad. Levantó polvo al avanzar. Nora subió última. Antes de cerrar la puerta, miró hacia atrás. No levantó la mano. Solo sostuvo la mirada.
Las ruedas arrastrando tierra fue el último adiós que les pudo dar. El polvo cubrió el camino entre ambos grupos.
Cuando se asentó, el silencio era diferente otra vez.
Más vacío.
Rohan activó el intercomunicador una vez más.
—Lyra... voy en camino.
Erick ajustó el rifle a su espalda. No miró el pueblo destruido. No miró los cuerpos.
Miró hacia adelante.
Y por primera vez desde que todo había comenzado, ninguno de los dos seguía una orden.
Seguían una oportunidad. Una de no volver a llegar tarde.
Frente al camino, ambos trotaron en dirección este, justo en donde el bosque empezaba a desaparecer.
Erick volteó a ver a Rohan por un momento antes de hablar:
—¿Crees que tengamos suficientes provisiones para llegar allá?
—No cruzaremos por el mar.
—¿Entonces cómo?
De repente, el calor empezó a intensificarse bajo sus pies. Erick lo entendió:
—Te ves demasiado seguro como para entrar a ese tipo de lugar.
—Estamos en guerra. No creo que nos pidan identificación o algo para entrar a ese túnel.
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un mundo oscuro, apocalíptico (12 caracteres), guerra contra una especie alienígena
Editado: 27.02.2026