Exsomnia: tres vidas, ninguna respuesta

Interés personal

Por más que la mirada de Nora permaneciera en el camino, su mente seguía atrapada en otro lugar:

Ni siquiera un abrazo...

El pensamiento le apretó el pecho como un alambre fino. No gruñó. No lo dijo en voz alta. Solo exhaló, corto y seco, y apretó un poco más el volante.

Marcel, sentado a su lado, observó la línea azul del horizonte donde el bosque se rendía ante el desierto. Apoyó la mandíbula contra su puño, entrecerró los ojos y suspiró.

—¿Crees que esos dos vayan por donde les dije?

—Lo dudo —respondió sin apartar la vista del camino. —Esos dos siempre eligen la forma más rápida... incluso si es la más estúpida.

Una risa baja escapó de Marcel.

—A lo mejor y pasan por el Túnel Térmico de T.E.T.O. Aunque no sé si les dejarán pasar.

Los caminos de tierra se estrecharon hasta desaparecer. En una mancha verde se convirtieron los árboles que se alejaban en el retrovisor. Dentro del blindado, el silencio empezó a espesarse.

El nombre de "T.E.T.O." vibró en la mente de Nora un segundo de más antes de preguntar:

—¿Cómo sabes tanto de ese lugar?

—Una tía política mía trabaja ahí. La doctora Téllez, ¿recuerdas?

Ella ladeó ligeramente la cabeza, como si algo no encajara.

—Que yo sepa, son investigadores, no doctores.

—Le digo así por mera fregadera. Lo más probable es que nos la encontremos si vamos para allá.

—¿Tú crees?

—Eso espero.

Le lanzó una mirada de reojo a Marcel. Se sostuvieron la mirada por unos momentos antes de que ella negara con la cabeza y regresara su vista al frente.

El viento dejó de entrar. Respirar dejó de ser automático.

Un clic metálico sonó. El radar en el tablero parpadeó. Una señal solitaria apareció en la pantalla. Alguien caminaba hacia el desierto.

Hubo un pequeño quiebre en la expresión de Marcel.

—¿Quién carajos va a pie por aquí?

—Esto no detecta humanos, solo Praex—murmuró.

Estuvo por golpear el aparato, pero un recuerdo la detuvo en seco:

O ghouls...

La imagen de un mercado pasó. Sobre el volante, se le crispó la mano. Desaceleró sin pensarlo.

Entre los árboles, una silueta empezó a definirse.

Nora sintió un nudo en el estómago. Algo dentro de ella le susurró que solo era sangre que todavía no había sido derramada... pero dirigió el blindado hacia allí.

—Intenta ver quién es —dijo en voz baja—. Si se pone feo, tenemos explosivos con seguro.

Asomó el rostro por la ventana. El viento le azotó la cara.

La figura permaneció inmóvil junto a un árbol. Demasiado quieta.

Un hombre con capucha negra. Del cuello le colgó un képi celeste, sujeto a una banda oscura manchada de sangre reseca. Se balanceaba suavemente con la brisa.

No era un adorno.

Era una insignia.

Marcel entrecerró los ojos.

Entonces el hombre levantó ligeramente la cabeza. Lo suficiente.

Bajo la sombra de la capucha, dos ojos violetas lo miraron directamente.

El estómago de Marcel se hundió de golpe.

No alcanzó a volver del todo a su asiento cuando, a lo lejos, luces azules metálicas empezaron a destellar.

—¡Gira! ¡Otra dirección!

Nora pisó el acelerador sin preguntar. El blindado rugió en paralelo al borde del desierto mientras el polvo se levantaba tras ellos como una cortina.

—¿Están sin Comandante? —Sus ojos tambalearon.

—Es un grupo suicida. Debieron detectar algo peligroso por aquí...

La silueta desapareció en la distancia.

Maldito..., pensó Marcel.

La duda no le duró.

Una explosión lejana sacudió el aire.

Luego otra.

El blindado redujo la velocidad justa para no estrellarse. El silencio regresó... demasiado rápido.

—¿Ya...?

—Quiero creer...

Hasta que la silueta volvió a aparecer.

De pie. Cubierta por el líquido azul Praex. Sin una sola herida visible. La respiración tranquila, como si nada hubiese pasado.

Y entonces... desapareció en un parpadeo.

Cuando reaccionaron, una embestida hacia el convoy lo volcó.

El estruendo brutal de las vueltas dadas suprimió los gritos de ambos. Piezas metálicas volaron por los aires. Todo se cortó de golpe hasta que se estrellaron contra un árbol.

El dolor tardó en llegar... Sombras diminutas formadas por los árboles los ocultaron, apartando el resto de sus vistas. Nora apretó con fuerza su brazo izquierdo hasta caer contra el suelo.

Marcel se colocó con una rodilla frente a ella, ayudándole a levantarse.

—¿Estás bien? —Tronó su espalda con un crack profundo.

—Estoy... —Nora dio una respiración larga. Su pecho subiendo y bajando con dificultad. —Sí, solo... déjame respirar...

Hojas crujieron detrás de ellos. Ambos voltearon al instante.

Una figura salió de entre los árboles. La luz exterior pareció estar absorbida por su presencia.

—Deberían elegir mejor sus rutas—dijo con una voz controlada—. Un par de civiles no sobrevive aquí.

Les vio los uniformes. Les vio el convoy blindado. Aun así... soltó la palabra como una verdad no dicha.

Marcel se colocó frente a Nora, su tamaño logró evitar que aquel hombre pudiese verla.

—¿Civiles? Ni estando muerto cambias.

Recibió una mirada que lo reducía a un obstáculo estratégico.

—¿Te conozco de algún lado?

—No habrás olvidado qué país era el responsable de compartirles tecnología, ¿verdad, general de ejército, Friedrich?

Su cabeza subió. Los ojos de él no cayeron en Marcel, sino en la insignia con forma de lentes de madera en su uniforme.

—Ah... esa insignia. —Avanzó. —Voy a hacerles otra pregunta. —Dio otro paso. Quedó enfrente de ellos. —Les recomiendo responder antes de que pierda el interés.

Por un momento, miró a Nora. Un escalofrío eléctrico recorrió la columna de Marcel.

—¿En dónde está el excoronel Rohan Oviedo?

Les cortó la respiración.




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