Exterminio: El comienzo.

¿Humana?

Me detengo abruptamente al escuchar el sonido de la compuerta golpeando el suelo. Inmediatamente, coloco a la chica delante de mí, insistiendo a que siga avanzando. La empujo suavemente, pero con firmeza, en varias ocasiones, hasta que finalmente comprende lo que le estoy pidiendo, así que se aleja de mí corriendo. En ese momento, puedo oír con claridad su respiración, profunda y entrecortada, lo que refleja su nerviosismo. Percibo cómo se acercan los mutantes con prisa hacia nuestra dirección.

—Esto se va a poner interesante —me susurro, me aseguro de que mi cinturón de armas esté bien ajustado. Luego, cuidadosamente, guardo cada una de las armas en sus respectivas fundas. Los mutantes se acercan cada vez más a la ubicación en la que me encuentro.

Coloco mis manos en la parte posterior de mi cuerpo, buscando el mango de las katanas que llevo en la espalda. Con un movimiento ágil, las extraigo de sus fundas, preparándome para el siguiente ataque. A mi alrededor, percibo cómo las criaturas se acercan veloces, sus sombras proyectándose sobre mí.

Una de ellas, una bestia grotesca, salta en mi dirección, pero mi destreza es superior; en un instante, me aparto rápidamente hacia el lado opuesto con mi mano derecha, empuñando una de las katanas con firmeza. Sin dudarlo, la deslizo con precisión, en un solo movimiento, corto su cabeza, observo cómo cae al suelo con un ruido sordo.

La sangre de las criaturas me salpica, empapando mi piel con su líquido rojo. Reitero el mismo procedimiento una y otra vez, enfrentándome a las diversas criaturas que intentan lanzarse sobre mí. Se agrupan en manadas, lo cual resulta sorprendente y desconcertante, ya que es inusual observar a esta clase de mutantes moverse juntos en formación.

He perdido la noción de cuántas de estas criaturas he acabado con mi espada. Sin embargo, una de ellas me sorprende de manera brutal, arrojándome contra la pared con una fuerza descomunal. Al impactar, mi espalda se estrella contra la superficie dura, dejándome sin aliento, como si el aire en mis pulmones se hubiera evaporado. Mis katanas, que hasta ese momento había manejado con agilidad, caen al suelo, resonando con un sonido sordo justo antes de que la bestia se lance hacia mí, buscando aprovechar el momento de debilidad para atacarme de nuevo.

Desenfundo dos dagas que llevo en la muslera, con precisión y determinación, se las clavo en la cabeza, esperando que esa acción termine con su vida de una vez por todas. La bestia se desploma en el suelo, sin vida. He puesto fin a varios de esos seres, soy consciente de que se acerca otro grupo de esas criaturas. Por eso, debo reunirme con la chica y salir del búnker lo más pronto posible.

Guardo mis katanas en su funda y comienzo a correr, dejando atrás los cuerpos inertes de esos mutantes. Puedo escuchar las pisadas de las bestias acercándose; estos enemigos resultaron bastante sencillos de eliminar, pero mejor guardo mi energía, para lo que se aproxima.

Sin hacer ruido, giro hacia la derecha; estoy cerca del lugar donde se encuentra la chica. Me mantengo alerta, sabiendo que no puedo permitir que nada me detenga, para llegar hacia la joven.
Puedo percibir el latido de su corazón y la irregularidad de su respiración; está claramente aterrorizada. Puedo oler su miedo casi palpable.

Continúo mi carrera, apresurándome, pues me faltan solo dos puertas por atravesar antes de llegar al sitio donde la chica se encuentra escondida. Presiento la inminente amenaza de los mutantes, que parecen estar cada vez más cerca de mí, persiguiéndome con una velocidad que supera incluso a aquellos a quienes he eliminado anteriormente. La adrenalina corre por mis venas; trato de mantener la calma y llegar a tiempo.

Me detengo frente a la puerta de la habitación donde la pelirroja se encuentra oculta. Con cautela, giro la manija y abro la puerta, dejando que la luz del pasillo ilumine el interior. Mis ojos se posan en el pequeño cuerpo de la joven, que está acurrucada en una esquina, temblando ligeramente.

Al percatarse de mi presencia, intenta levantarse, pero la agitación de su situación la ralentiza. Sin pensarlo demasiado, actúo con agilidad: la tomo del antebrazo con firmeza, pero con cuidado, percibo su calidez a través de la tela de su ropa.

Con un movimiento delicado, la ayudo a levantarse, asegurándome de que no se sienta abruptamente arrastrada. Una vez en pie, la guío suavemente hacia la salida, sacándola de la habitación y llevándola a un lugar donde pueda estar a salvo. Los ecos de los pasos de las bestias resuenan a lo largo de los oscuros corredores del búnker, creando una atmósfera cargada de tensión y expectativa. En la distancia, mis ojos logran divisar la silueta de la otra compuerta que conduce a la superficie; a medida que nos acercamos a ella, el anhelo de salir de esta persecución se vuelve más intenso.

Abro la compuerta, de inmediato, la luz del sol se vierte sobre mí, haciéndome parpadear y casi cegándome por un momento. A medida que cruzo hacia el exterior, nos sumergimos en un denso manto de vegetación. Continúo corriendo entre la maleza, haciendo lo posible por mantener el ritmo junto a la chica de cabello pelirrojo que me acompaña.

A nuestro alrededor, hemos conseguido evadir varios vehículos oxidados y descompuestos que obstaculizan nuestro camino. Pronto, nos encontramos acercándonos a un edificio que ha sido devorado por el tiempo y el abandono, cuyos muros en ruinas se yerguen ante nosotros, casi como un testigo silente de todo lo que ha sucedido aquí.

Me detengo justo antes de alcanzar la entrada del edificio. La chica, que estaba a mi lado, se suelta y corre con rapidez hacia el interior. En ese instante, un ruido inquietante resuena en el aire: el sonido agudo de algo siendo rasgado, como si estuvieran despojando la piel de una criatura. Este extraño eco proviene del interior del edificio, en mi mente surge una inquietante conclusión.




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