El ambiente se tornó denso y silencioso, creando una atmósfera palpable de tensión en el aire. Tanto April como yo elegimos no romper el silencio durante varias horas, sumidos en nuestros propios pensamientos. Ella se quedó dormida, por el cansancio evidentemente agotador, lo que significa que ahora me tocara a mí hacer vigilancia durante esta noche.
Me mantengo alerta ante cualquier posible amenaza que pueda acercarse a nuestro entorno. Cada sonido y movimiento se convierte en un indicador vital de lo que podría surgir en la oscuridad. Puedo percibir con claridad el desplazamiento de cada uno de los experimentos y mutantes que nos rodean; distingo sus latidos y ritmos de respiración, una sinfonía casi inquietante que me recuerda la fragilidad de nuestra situación.
Los cazadores, astutos y sigilosos, emergen de sus escondites, listos para iniciar la caza, y mi mente se mantiene enfocada, preparando mis instintos para actuar ante cualquier eventualidad.
La cacería ha comenzado, puedo escuchar sus rugidos profundos y resonantes que llenan la oscuridad de la noche. Estas criaturas se enfrentan entre sí en una feroz lucha por obtener sus presas y marcar sus territorios. En este delicado equilibrio de la naturaleza, para que una especie pueda prosperar y multiplicarse, otra inevitablemente debe caer.
Así de simple y cruda es la realidad de la cadena alimenticia que rige la vida de estos temibles depredadores nocturnos. En este dramático escenario, cada sonido revela la constante batalla por la supervivencia de estos depredadores nocturnos.
“Al abrir los ojos, estoy abrumado por una luz brillante que me ciega momentáneamente. La claridad es tan intensa que no puedo distinguir con claridad el entorno que me rodea. Al recobrar un poco de mis sentidos, me doy cuenta de que estoy tendido en el suelo de una habitación. Observando con más atención, noto que el techo es de un blanco inmaculado, lo que contribuye a la luminosidad abrumadora que me rodea.
Con cuidado, empiezo a incorporar mi cuerpo, apoyando ambas manos en mi cabeza para sostenerla, ya que un dolor agudo atraviesa mi mente, provocando una sensación de confusión y desconcierto.
Al levantar la vista, las paredes que me rodean también son blancas, un tono uniforme que parece reflejar la luz de manera casi hipnótica. Justo frente a mí, se alza un gran espejo que captura mi imagen en un momento en que mi mente aún parece intentar procesar lo que está sucediendo.
Soy plenamente consciente de que estoy siendo observado desde el otro lado, como si fuera un objeto de entretenimiento. Me ven como un juguete al que pueden manipular a su antojo, controlando cada aspecto de mi vida según su voluntad. Para ellos, está más que claro que, al ser los creadores de mi existencia, poseen el derecho de alterar y dirigir mi realidad como lo deseen. Sin embargo, no me considero una persona ingenua.
Reconozco que el espejo es unidireccional, y soy consciente de que tras esa superficie hay una habitación contigua que les proporciona acceso directo tanto a los observadores como a los sistemas que registran cada uno de mis movimientos y reacciones.
Ellos monitorean de manera constante mi comportamiento, registrando cada uno de los movimientos que hago. Cada acción que realizo es capturada por la cámara que está situada al otro lado, lo que significa que hay una vigilancia continua sobre mis actividades.
Soy consciente de que tras el reflejo del espejo, él se encuentra allí, observándome con atención. Brown me examina de manera constante, con la intención de comprender en su totalidad lo que pasa por mi mente. A pesar de sus esfuerzos, soy la única persona cuyas ideas y sentimientos aún no ha podido desentrañar. Esta situación genera en mí una mezcla de emociones; por un lado, me siento intrigado y, por otro, puedo percibir que soy la causa de su frustración, la razón detrás de sus constantes dolores de cabeza.
—Sabré lo que estás pensando, experimento —su voz resonó con fuerza y seguridad a través de los altavoces. Observó con seriedad el vidrio, exactamente en sitio donde me imagino que permanece sentado.”
Es la tercera vez que April se queja en la mañana, manifestando su incomodidad por la necesidad de bañarse y cambiarse de ropa, ya que el olor a alcohol que emanaba de su cuerpo le ha impedido dormir adecuadamente durante la noche. Cuando se detiene a mi lado, no puede evitar expresar su frustración por haber estado caminando sin parar desde temprano, lo cual también la tiene un poco irritada.
Ante su queja, aprovecho para advertirle que si llegamos a ser localizados por los experimentos, ella será la responsable por no haber mantenido en silencio, lo que provoca que suelte un bufido de descontento y cruce los brazos en signo de protesta.
—¿Qué tal si tomamos un breve descanso en ese lugar? —señala un pequeño y peculiar lago que se encuentra entre las ruinas de un edificio—. Necesito refrescarme, este olor me está resultando sofocante.
—No es aconsejable, sería mejor seguir adelante.
—¡Será rápido! —exclama antes de correr hacia el lago; esta humana está causándome numerosos contratiempos.
—Existe la posibilidad de que haya experimentos y mutantes en ese lugar, sería prudente continuar nuestro camino —April se despojaba de su ropa hasta quedar con un pequeño conjunto y luego se sumerge en el agua.
—¡Por fin un baño digno! —exclamó con alegría, me acerco a la orilla del lago.
—Ser tan distraído y confiado puede atraer el peligro —comenté cruzando los brazos.
—Eres un experimento, estás diseñado para eliminarlos. ¿Fue ese tu propósito desde el inicio, o no? —ella permanece distraída, observó unas extrañas ondas que se forman en el agua, acercándose lentamente hacia ella.
—¡Sal de ahí! —exijo, sin apartar la mirada de eso.
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Editado: 07.04.2026