Exterminio: El comienzo.

Clima árido:

—¿Entonces?

—En ese caso, lo que estoy tratando de decir es que no tengo certeza de que esa civilización aún exista.

—¿Significa que hemos emprendido este arriesgado viaje en vano? —cuestiono.

—No lo sé, tal vez valga la pena o tal vez no —sus ojos comienzan a llenarse de lágrimas.

—No lo sabremos hasta llegar al destino —confieso, me mira con sorpresa.

—¿Seguiremos adelante con esto? —se enjuga un par de lágrimas.

—Ya lo hemos empezado, solo falta llegar hasta el final —bajo la mirada al suelo—. De todas formas, ¿qué podríamos perder?

—¡Estás completamente fuera de tus cabales! —se ríe—. Acabas de decirme que continuaremos juntos en esta peligrosa travesía.

—Tú interpreta como prefieras.
“En las últimas semanas, o meses, no estoy seguro, he notado un comportamiento extraño en los científicos: están inquietos, preocupados y asustados por algo. Brown, en particular, parece haberse visto especialmente afectado últimamente, llegando al punto de olvidarse de mí. He escuchado sus conversaciones sobre una enfermedad o virus que está causando estragos, acabando con la vida de seres humanos y animales.

Están dispuestos a desarrollar una vacuna para la enfermedad que está diezmando a la población. Las luces del laboratorio comienzan a parpadear, se activa una alarma y se enciende una luz roja. Los demás experimentos observamos con asombro, ya que es la primera vez que ocurre algo similar en este lugar.
La alarma resonaba con fuerza, se escuchaban gritos de temor, objetos rompiéndose, disparos de armas y gruñidos intensos.

El ruido de numerosos pasos se acercaba hacia nuestro sector. La puerta se abrió de golpe y una científica entró acompañada por dos hombres armados. Se dirigió hacia los monitores y comenzó a teclear.
Las celdas fueron desbloqueadas, los hombres armados nos apuntaron y la científica se giró para observarnos.

—Fueron diseñados con un objetivo claro, y ese día ha llegado — informa con solemnidad—. Todos ustedes deben asegurarse de que todas esas criaturas que se encuentran afuera sean eliminadas —realiza un gesto con las manos, por la puerta, entran más hombres armados. Uno de ellos lleva un carrito cargado de armas y municiones.

—Cada uno de ustedes cuenta con un dispositivo de rastreo, lo que nos permitirá conocer con certeza su ubicación. Si alguno de ustedes desobedece nuestras reglas, les aseguro que no sobrevivirá —concluyó la científica.

—Ustedes fueron diseñados para exterminarlos —exclamó un soldado—. Así que comiencen a moverse.

Utilizamos todos los recursos disponibles para eliminar todo obstáculo que se interponga en nuestro camino.”
Salgo de mi ensimismamiento, tuve que quedarme de guardia toda la noche para que April pudiera descansar tranquilamente; ahora que el sol comienza a despuntar, puedo ver sus primeros rayos. April está acurrucada en un rincón, apoyando la cabeza en la mochila; me incorporo del suelo y me acerco a ella.

—¡Es hora de marcharnos! —exclamo, April se revuelve en el suelo.

—Voy enseguida.

Requiero munición y armamento nuevo; April se incorpora del suelo, sacude su indumentaria y luego se estira.

—¿Estamos listos para partir? —pregunta, tomando la mochila para colgarla en mi hombro.

—¡Claro que sí!

Comenzamos a descender las escaleras con cautela, tratando de no hacer ruido. Al llegar al final, nuestras botas vuelven a mojarse por el agua en el suelo, la cual emite sonidos al caminar sobre ella.

—Tenemos que buscar provisiones y más armas —informó en voz baja.

—¿Tienes algún lugar en mente? —interroga, salíamos del edificio en ruinas.

Los experimentos y mutantes están a una distancia considerable de nosotros, puedo escucharlos alimentándose con el cuerpo inerte de otra criatura; permanezco alerta ante cualquier movimiento.

—¿Qué es esto? —me detengo ante la sorpresa de April—. ¿Por qué las plantas terminan aquí y al dar un paso comienza el desierto? —observo el desconcierto en su mirada.

—Hemos dejado atrás, el clima tropical, es decir, que ese era el hábitat de esas criaturas. Ahora hemos ingresado al hábitat de otros mutantes.

—¡Eso es imposible!

—No lo es. Cuando todo esto comenzó, el planeta experimentó numerosos cambios climáticos que llevaron a que cada mutante tener su propio hábitat.

—¿Quieres decir que cada mutante se adaptó a las nuevas condiciones del planeta?

—Sí, esto indica que hemos alcanzado el límite del clima tropical, y ahora nos adentramos en el clima árido.

Frente a nosotros se extiende un extenso terreno cubierto de arena, donde se distinguen algunas ruinas parcialmente cubiertas por el mismo material y otras visibles a simple vista.

—Antes de avanzar, me gustaría aclararte algo importante —comentó, April me observaba.

—¿Qué es?

—Los mutantes en este nuevo clima presentan diferencias significativas respecto a los anteriores —informó—. Se desplazan bajo la arena, son más ágiles y de mayor tamaño, lo que hace impredecible su ataque.

—¿Hay algo más que desees mencionar? —pregunta, hago un gesto afirmativo.

—Durante el día, este lugar puede llegar a ser un infierno, por lo que es necesario racionar el agua, ya que por las noches experimenta temperaturas extremadamente frías —concluí, agregando—. Las noches son cortas y los días largos en este lugar.

—¡Qué maravilloso! —exclama con ironía—. ¿No hay nada más que deba saber?

—Que yo recuerde, no.

—¡Perfecto! —comenta April, retomando nuestro camino.
Avanzamos por la arena, dejando huellas a nuestro paso. Estamos en busca de municiones y armas adicionales para nuestra defensa; la última vez que estuve en este sitio fue hace mucho tiempo, preparándome para enfrentar el clima y exterminar a los experimentos y mutantes. No sé si han evolucionado desde entonces, lo más probable es que sí, está en su genética.




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