Exterminio: El comienzo.

Aroma a sangre:

—¿Podremos continuar? —pregunta April después de un largo periodo de silencio.

—Lo dudo. Sabe que estamos en su territorio y nos está cazando —informe, tomo asiento para descansar.

—Si nos quedamos aquí al descubierto, podríamos morir —añade con desesperación.

—Tenemos dos alternativas: seguir adelante y arriesgarnos a ser atacados por esa criatura, o… —hago una pausa para observar nuestro entorno—. Quedarnos aquí y sucumbir al frío. —Dirijo mi mirada hacia April, quien se deja caer a mi lado, cruzando los brazos.

—También podríamos morir de insolación, hambre o sed —admite con desagrado.

—Yo soy más rápido que tú, así que el problema eres tú —confieso. April se voltea hacia mí con sorpresa.
—¿Ahora me reprocharás que me he convertido en un estorbo para ti? —expresa con ira.

—Guarda silencio, el experimento podría escucharnos —le advierto.

—Sabes que tu comportamiento y forma de ser son más humanos de lo que crees —añade—. Tanto que nos odias, sin embargo, tienes los mismos comportamientos que un humano —su tono de voz es burlón.

—¿Debería enojarme por tu comentario o debería sentirme halagado? —confieso con un bufido.

—Teniendo en cuenta que permaneceremos aquí un tiempo considerable, me gustaría plantear algunas preguntas adicionales y espero que las respondas —aclara.

—Sí, considero que debes conocer las respuestas. Las daré; de lo contrario, ya sabes la respuesta.

—¡Perfecto! —se levanta de su sitio y se coloca frente a mí—. ¿Por qué usas la bandana?

—La uso porque detesto el olor de los demás experimentos y mutantes; resulta desagradable el aroma que desprenden —confieso.

—¿Cuál es su característico aroma? —observo la curiosidad en su mirada.

—Algunos experimentos y mutantes pueden oler a carne podrida, otros a azufre. Todo depende de la criatura —informe; ella asiente en silencio.

—¿Cuántos años tienes? —pregunta, y una media sonrisa se escapa de mí.

—¿Todavía estás con eso? —respondo.

—No me lo dirás, ¿verdad?

—Te lo diré en el momento oportuno —respondo encogiéndome de hombros. Ella suelta un suspiro y exclama:
—¡Bien!

—Estuve reflexionando —hago una pausa y observo a nuestro alrededor—. Creo que lo mejor es seguir nuestro camino por las noches; de esta manera, el experimento no podrá atacarnos y podremos descansar durante el día.

—¿Qué? —exclama—. ¡No, no, estás loco! Puedo morir si llevamos a cabo esa locura.

—Es la única forma. Esas criaturas entran en un estado de letargo, cuando el suelo comienza a congelarse, se sumergen en un modo de hibernación —April me mira con escepticismo—. En ese estado, no pueden detectarnos.

—Lo sé, lo sé —responde.

—Es la única opción, April —comento.

Ella se incorpora de su asiento, volviéndome la espalda y llevando ambos brazos hasta su cabeza; está reflexionando sobre mis palabras. Para mí, es la única manera en que podremos seguir adelante en nuestro camino. Esa criatura esté en hibernación, nos da el tiempo necesario para encontrar otro refugio donde podamos pasar el día y descansar. Se gira para mirarme.

—¡Perfecto! —exclama—. Lo haremos a tu manera; de todas formas, eres el experto en experimentos y en estas situaciones.

El sol comienza a ponerse y da paso al anochecer en el desierto, provocando un cambio gradual en la temperatura hacia un ambiente más fresco. Esperaremos a que caiga la noche por completo para continuar nuestro viaje y evitar ser atrapados por el peligro que acecha.

Al anochecer, continuamos nuestro recorrido. April lleva mi chaqueta sobre la suya para mantenerse abrigada, frota sus manos para generar calor. He optado por dejar que ella vaya delante de mí, de modo que pueda evitar perderla de vista y también monitorear cualquier cambio en su estado físico.

—Aún considero que esta idea no es la más apropiada —informa con voz temblorosa.

—Mientras permanezcas en silencio y camines delante de mí, todo estará bien —me mantengo alerta ante cualquier indicio de algo inusual.

—No puedo seguir adelante —exclama April, para poco después caer de rodillas en el suelo.

Me acerco a ella para verificar que su temperatura y signos vitales estén estables. Me arrodillo frente a ella y noto que sus labios están ligeramente morados, lo cual me preocupa.

—No puedo continuar —dice con la voz entrecortada, su cuerpo tiembla por completo.

—A partir de ahora, te llevaré en brazos —informo.

—Por favor, no lo hagas… —susurro, coloco un brazo debajo de sus rodillas y el otro bajo su brazo derecho al mismo tiempo.

Con un gesto sencillo, la elevo del suelo; su cabeza reposa suavemente en mi hombro izquierdo, su cuerpo sigue temblando sin cesar, lo cual me preocupa. Me pongo en marcha en busca de un lugar seguro donde poder descansar esta noche.

Al hallar un refugio, decido dirigirme de inmediato hacia él con el objetivo de brindarle calor y regular la temperatura de April. Al entrar, me acomodo en una de las esquinas para protegerla del frío y evitar que este continúe afectándola.
Inclina su cabeza hacia mí, descansándola en mi pecho, con las manos ocultas bajo las chaquetas.

Gracias a mi temperatura corporal, la suya comienza a regularizarse; su corazón late nuevamente a su ritmo normal y su respiración se vuelve lenta. April se queda profundamente dormida sobre mi pecho.

El sol ha salido, y desde que April se despertó, ha estado en movimiento constante, mostrando un rubor en su rostro. A pesar de esto, no me ha dirigido la palabra y sigue caminando de un lado a otro, algo inusual en ella. Detiene su caminar y levanta ambas manos al aire, exclamando:

—¡Supéralo!

—¿Te sientes bien? —pregunto, sin comprender nada de lo que dice ni de su actitud—. Pareces una psicópata con esa actitud.

Se gira para mirarme; algo ha cambiado en su expresión. No sé qué es, pero su gesto denota que algo le está ocurriendo. April niega con prisa, poco después, deja escapar una risa nerviosa.




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