Extinción, la resistencia avanza.

CAPÍTULO III: Sin sacrificio no existe victoria.

ZEFER 

Podía jurar en ese momento que la habitación comenzó a moverse bajo mis pies. Retrocedí algunos pasos y traté de mantener la compostura, pero el esfuerzo parecía ser inútil. Por suerte, el curandero estaba tan ocupado tratando a la paciente que ni siquiera reparó en mi presencia.

Salí de aquel cuarto y los dejé completamente solos. Sentía claramente como un nudo estaba situado justo debajo de mi garganta, y la presión que se ejercía en esa zona, era algo que me impedía pasar saliva o respirar con normalidad.

De un momento a otro la pequeña cabaña parecía estarse encogiendo así que me vi obligado a salir a tomar algo de aire fresco.

Quizás si alguien me viera en este momento pensaría que mi reacción es exagerada —¿Pero cómo podía mantener la compostura ante tal revelación? —. Estuve errado durante todo este tiempo, Eleonor me vio la cara desde el primer momento y manipuló las cosas a su antojo para atraparme en sus redes.

Me usó y me sujetó tan fuerte que prácticamente me asfixiaba con su simple presencia.

—¿Por qué jamás me di cuenta de esto? —pregunté a medida que sujetaba mi cabeza.

Era alguien en verdad patético.

El remordimiento por todo lo que pasé junto a Eleonor generaba un escozor en mi piel, era casi como si alguien me hubiera puesto dentro de las flamas de una fogata. Pero aquellos recuerdos que venían hacia mí fueron desplazados casi de golpe ya que una pregunta se instaló en mi mente.

—¿Qué pasó con ella?

Si en verdad Eleonor había usurpado el lugar de su gemela, era más que probable que ella hubiera hecho algo para quitarla del medio.

Me quedé parado observando el suelo y tratando de pensar.

—¿Por qué sus padres nunca dejaron salir a ambas al exterior?

Nadie del pueblo sospechó nunca que Arlet y Preston tuvieran dos hijas. Nunca nadie las vio a ambas transitar con libertad por las calles.

—Zefer ¿Qué te sucede?

La voz de Jaft me tomó por sorpresa. Giré lentamente para poder observarlo, y este se mostró aparentemente preocupado por la expresión que yo traía en el rostro. Abrí la boca para poder responderle, pero las palabras se negaban a salir de forma coherente. Él simplemente me observaba mientras trataba de descifrar que era lo que me pasaba.

—¿Pasó algo con la híbrida? —me preguntó, y yo negué con la cabeza— ¿Entonces porque estás tan pálido?
—Jaft… —él alzó las cejas a medida que se cruzaba de brazos—. Quizás suene como algo descabellado lo que estoy apunto de preguntarte, pero necesito corroborar algo.
—Habla —me dijo con calma mientras ladeaba ligeramente el rostro.
—¿Alguna vez Eleonor te mencionó que tenía una gemela? 
—¿Una gemela? —luego de escucharme bajó los brazos— ¿Te golpeaste la cabeza? —preguntó—. Ella es hija única. Ambos sabemos a la perfección cuál era su núcleo familiar.
—Te puedo asegurar que me encuentro tan perplejo como tú.
—¿Quién te ha dicho tal disparate?
—La híbrida del burdel me dijo que la persona que ocasionó el incendio fue la hermana gemela de Eleonor.
—No tienes sentido lo que me estás diciendo —dijo mientras soltaba una risa nerviosa— ¿Ella no habrá confundido las cosas?
—Jaft ¿Con que fin ella diría eso?
—No lo sé… aunque para ser franco, el asesinato de los padres de Eleonor y la masacre que ha habido en el burdel poseen el mismo modus operandi.

Ambos nos quedamos en silencio y analizamos la situación. La única forma de saber la verdad era revisando los archivos de natalidad, y por la expresión que colocó Jaft en su rostro, podía intuir que estaba pensando exactamente lo mismo.

—Necesito llegar a la carceleta —le dije, y él asintió.
—Ve, me quedaré con ella y cuando despierte comenzaré a interrogarla.
—De acuerdo, cuídate, Jaft.

El aroma de la madera calcinada se percibía fuertemente en el aire, pero aquel hedor de humo asfixiante, no era nada comparado a la sensación tan sofocante que sentía dentro del pecho.

Comencé a correr en dirección a aquel edificio, y al llegar, no pude ver a ni un guardia. Suspiré cansado, luego escuché atentamente y pude distinguir sus voces en una sección muy apartada del lugar. Estaban descansando en la sala común. Algunos limpiaban sus implementos oficiales, otros únicamente estaban allí prácticamente echados sobre los sillones avejentados que estaban ubicados en las esquinas.

Carraspeé con fuerza la garganta para llamar su atención, y en cuanto me vieron parado bajo el umbral de la puerta más de uno palideció. Prácticamente se tiraron al piso y se acercaron corriendo. El más viejo, quien era el encargado del lugar, se acercó hacia donde me encontraba mientras sujetaba sus manos nerviosamente.

—Amo Zefer ¿A qué debemos esta inesperada visita?
—Necesito ver unas actas de nacimiento —le dije de forma cortante. Era increíble creer que esta gente estaba acá holgazaneando y no en el pueblo ayudando— ¿Las guardan aquí?
—¿Las actas? Sí, desde luego. Por favor, acompáñeme. 

El edificio por dentro se veía muy avejentado. Las lamparillas de aceite tenían las rejillas y los vidrios tan deteriorados, que ni siquiera encendidas podían brindar algo de iluminación al lugar.

El sujeto me llevó escaleras arriba, luego me dirigió hacia una de las puertas que se encontraban al final de todo, y tras buscar las llaves dentro de su bolsillo, abrió la puerta.

El lugar se veía en verdad pequeño. Los registros eran cuidadosamente documentados dentro de unas gavetas de madera, las cuales, llegaban hasta casi el techo. El lado izquierdo de estas era de color azules, y las que estaban justo al frente poseían una tonalidad marrón.

—¿Todos los registros están aquí? —pregunté, el asintió.
—Sí, amo Wolfgang. Para poder distinguirlos con facilidad los tenemos separados en dos grupos. Los azules son para los Hanouns, y los marrones para los híbridos y humanos.
—Necesito ver el acta de nacimiento de Eleonor Wolfgang.
—¿De la ama Wolfgang? —asentí— Bueno, es por aquí, los registros de ustedes los tenemos en un lugar más organizado.




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