Extinción, la resistencia avanza.

CAPÍTULO IV: Al final ¿Quién saldrá victorioso?

En cuanto el retrato estuvo listo, el dibujante de la guardia real le llevó inmediatamente el cartel de se busca al cuidador de vylas, el sujeto, extrañado por la imagen que se veía allí plasmada, le preguntó al sujeto si no era un error que lo mandaran a repartir ese documento.

—Solo soy el dibujante —respondió el sujeto a medida que cerraba su portafolio de trabajo.
—Ahora el alboroto de hace rato tiene algo más de sentido —contestó el mientras alistaba a sus animales entrenados—. De acuerdo, el documento saldrá de inmediato.

El cuidador abrió las jaulas y las enormes aves caminaron lentamente afuera mientras aguardaban que les pusieran su equipo de trabajo. El sujeto caminó hasta unos ganchos, y tomó los pequeños maletines que se ajustaban a sus cuerpos con cintas de cuerpo. Las vylas aguardaron pacientes a que terminara, y una vez que se aseguró de guardar todos los retratos dentro, caminó hacia la puerta del criadero para abrirlas de par en par.

—Será mejor que salgas —le dijo—. Baten con mucha fuerza las alas para el despegue, podrían lastimarte.

El retratista asintió y caminó hasta posicionarse al lado del sujeto.

El primero de los animales no tardó en abrir las enormes alas de casi dos metros mientras empezaba a correr.

—Creitos —dijo el cuidador, y el animal emitió un alarido en señal de respuesta.

El segundo repitió la acción, pero esta vez el destino designado fue Dinaris. El tercero, fue enviado a Dinaru, el cuarto a Brostec, el quinto a Velmot, el sexto a Atreica, y finalmente el último fue enviado a Khaljos.

—¿Qué pasa con el resto de las naciones? —preguntó el retratista mientras observaba a los animales perderse en el horizonte.
—Siempre que hay avisos de búsqueda se envía primero los retratos a las naciones más cercanas, de esta forma los propios retratistas de esas naciones pueden replicar la imagen y repiten la misma acción hasta cubrir por completo el mapa.
—Entiendo —respondió él mientras palmeaba el brazo de su compañero—. Espero se tenga noticias pronto.
—Yo también espero que así sea, pero… para ser franco, tengo una mala sensación en el cuerpo.

La conversación de ambos quedó allí, pero antes de que el retratista volviera a su trabajo, pudo percatarse como los sirvientes del palacio de los Wolfgang partían en dirección al bosque, posiblemente a tratar de conseguir alguna pista sobre el paradero de la supuesta gemela.

Eleonor se encontraba en el salón del palacio, el estado de shock que tenía era tal, que no había dejado de llorar y aún se mantenía fuertemente sujetada al cuerpo de Zefer. El pelinegro buscaba en cierta forma darle algo de consuelo, pero la incomodidad que surgía producto de la cercanía de ambos era algo inevitable, y aunque tratara de buscar a su hermano Jaft con la mirada, este brillaba por su ausencia.

—Señorita, tome esto por favor —le dijo Ana, una de las sirvientas encargadas de la cocina—. Es una infusión de hierba luisa, la ayudara a relajar su cuerpo.

Solo en ese momento despegó el rostro del pecho de Zefer y observó a la anciana, los ojos de la muchacha estaban tan hinchados que apenas se podían distinguir sus orbes de diferente color.

—Gra… gracias —dijo con la voz entrecortada.

Sujetó la taza entre sus manos y estas temblaron, tomó un sorbo del humeante líquido y dejó que poco a poco aquella infusión envolviera su cuerpo.

—Será mejor que vayas a descansar —le dijo Zefer, mientras observaba de soslayo a Celine, quien estaba sentada justo al frente de ambos con una ceja enmarcada.

Para nadie era un secreto que la nueva prometida de Zefer era bastante recelosa con todos, en especial con Eleonor, y en más de una oportunidad le había hecho saber a Zefer lo que pensaba acerca de ella, aunque claro, todo esto se basaba en meras especulaciones. Para Celine la aparente pérdida de memoria de Eleonor no era más que un teatro absurdo, aunque ahora no tenía pruebas concretas de eso.

—¿Se siente mejor? —le preguntó la gentil híbrida mientras recibía la taza vacía.
—Sí, muchas gracias.
—Te acompaño a tu alcoba.

Zefer se puso de pie y ayudó a Eleonor a ponerse de pie, ella aprovechó la situación para sujetar su brazo con firmeza y apegarse aún más, y aunque él tratara de marcar distancia, aquella pequeña tarea se volvió imposible de realizar.

Una vez que la dejó en su habitación se dirigió a sus aposentos. Al entrar, se encontró con Celine observando por la ventana del balcón, ella le dirigió una mirada neutra y se dio la vuelta para poder conversar con tranquilidad.

—¿Qué pasó allá abajo? —preguntó de forma directa mientras Zefer se desabrochaba el cuello de la camisa.
—Eleonor tiene una gemela —respondió él con calma, ella se cruzó de brazos—. Vino al palacio e hizo que la siguiera al bosque.
—¿Y en verdad crees ese cuento? —bufó— Es demasiada coincidencia que una persona que nadie más que ella vio la lleve a un lugar oscuro, donde no había nada más alrededor.
—Pensé lo mismo, pero no hay forma de demostrar que está mintiendo.
—¿Y porque consideras que dice la verdad?
—Esta tarde hubo un ataque en el burdel de Fiora, murieron casi todas las muchachas que trabajaban allí, menos una, que es la que me dijo que la causante de la masacre fue su gemela.
—Zefer, yo estuve en la planta baja todo el rato —dijo ella mientras se sentaba en el borde de la cama—. Posiblemente Eleonor no me haya visto, pero vi que salía con tranquilidad por la puerta de la cocina. No se le veía afligida ni confundida como en su versión.
—El problema radica en que es imposible que Eleonor puede haber estado en dos lugares a la vez. La han atacado, y paralelamente, atacaron a Fiora en la carceleta.
—La única alternativa que veo viable es que haya habido una tercera persona.
—Puede que sea cierto.
—Te lo he dicho desde hace algún tiempo, Zefer —dijo ella mientras caminaba hasta estar frente a él—. Ella es una psicópata manipuladora, no debes confiar en nada de lo que te diga. Estamos en una situación donde debemos desconfiar de todo y de todos. Ni siquiera debes confiar en la familia que tienes.
—¿Lo dices por Jaft? —ella asintió— Él jamás me traicionaría.
—¿Qué pasaría si al final Giorgio decide darte el control completo de la nación? —le preguntó—. Tener el control es algo muy peligroso, Zefer, puede arrimar incluso a la persona más recta a flaquear y a cometer actos despreciables.
—No lo conoces como yo, Jaft es la persona más amable, buena y generosa que he conocido.
—Tienes razón, no lo conozco, es por eso que únicamente te puedo brindar supuestos. Pero que el cariño que sientes por alguien no nuble tu juicio, debes estar preparado para todo, y debes de estar dispuesto a tomar decisiones con tal de seguir con vida.




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