Extraño Milagro De Navidad

8

SKY

—Dame una buena razón para que no te gusten los aros de cebolla y no te criticaré severamente —le advierto a Petal.

Ella me fulmina con la mirada. —Porque comí muchos una vez y luego vomité.

Asiento una vez. —Bueno, estás perdonada —le digo.

Fui por ella para que viniéramos al asilo. SU mamá irá a la iglesia, su papá salió con el vecino del frente y ella estaba sola. Estoy feliz que me acompañe, normalmente hago esto solo. Paris nunca ha venido aquí conmigo, no es que la haya invitado pero sabe que ocasionalmente visito el lugar.

Estamos en el estacionamiento pequeño, esperando que sean las diez de la mañana, la hora de visitas. — ¿Cuál es tu canción favorita de navidad? —le pregunto.

Niega. —No tengo ninguna.

Suspiro exageradamente. —Eso no es posible, tienes que escoger alguna.

Aprieta los labios antes de contestar. —Tal vez… um, no, no sé.

— ¿Tal vez, cuál? —pregunto.

Ella mueve su rostro hacia el otro lado de la calle. —Hay una canción que me gustaba hace años pero no es muy famosa, no es de las populares. Se llama Loneliest Time of The Year.

Bajo la mirada, la canción se llama “El tiempo más solitario del año” aun si eso me dice mucho de ella, intento no hacerla sentir mal por lo que me acaba de decir. —Nunca la he escuchado, déjame buscarla.

Tomo mi teléfono, ella gira y me mira con los ojos abiertos. Creo que se arrepiente de habérmelo dicho. Encuentro la canción en mi aplicación de música y reproduzco la canción.

Si tiene un estilo navideño pero la letra es triste. Habla sobre alguien que no se siente feliz en navidad, se siente sola y que se ahoga en sus lágrimas. Mi corazón late más rápido y mi pecho se siente pesado. No voy a preguntar más.

—Ah, me gusta —respiro profundo—. Mi favorita se llama Baby Boy, tampoco es muy famosa pero me gusta.

Ella asiente. — ¿Puedes reproducirla?

Sonrío levemente, busco mi canción y la dejo sonar a través de la bocina de mi teléfono. Dejo que la canción se reproduzca y lo primero que se escucha es algo como unos cascabeles.

Miro al frente mientras canto la canción moviendo mis labios en silencio. Siempre que escucho esta canción siento como si mi corazón se sintiera completamente bien. Como si mis pulmones se llenaran de aire fresco.

— ¿Por qué te gusta esta? —pregunta.

Yo bajo un poco el volumen de la canción. —Bueno, es una larga historia —lo recuerdo muy bien—. Esta canción la encontré porque me gusta otra canciones de esta banda —le explico—. Y bueno, yo estaba muy mal antes, me sentía muy mal.

Petal baja el rostro. — ¿Mal? ¿Por qué?

Elevo un poco mis hombros. —No sé, muchas cosas a la vez —respondo—. Yo no era una persona feliz, mis padres se peleaban todo el tiempo y desde muy joven veía el mundo como opaco.

Me mira rápidamente. — ¿Y qué pasó?

Bajo la mirada a mi pantalón. —Pues no mucho, ya estaba acostumbrado a eso y las navidades siempre eran tristes —recuerdo que lloraba mucho en esos días, envidiaba a las familias felices—. Y un día escuché esta canción, me hizo sentir mejor. Tenía la esperanza que alguien allá a fuera estuviera cuidando de mí.

— ¿Ya no ves a tus padres?

Sonrío. —Sí lo hago, en realidad se divorciaron unos años después y separados están mucho mejor. Me llevo bien con ambos.

Tira de un mechón de su cabello y oculta la mitad de su rostro con él. —Entonces, ¿Después de eso ya no te sentiste así?

Niego. —No, eso solo es una parte —la canción termina—. Pero bueno, ya son las diez, ¿vamos?

Asiente.

Yo bajo del auto, lo rodeo y le abro la puerta para que salga. Petal se pasa los dedos por el cabello y baja la mirada mientras camina. Le hago una seña para que me siga y al llegar a la entrada, toco la puerta blanca.

Gemma nos abre, es una mujer de unos diez años más que nosotros. Es enfermera y trabaja aquí desde hace un tiempo. Es agradable, ella me dijo que le gusta estar en este lugar porque le recuerdan todos ellos a sus abuelos que ya no están vivos.

Me mira con una sonrisa. —Hola Sky.

Levanto mi mano. —Hola Gemma, ¿Ya me vas a dejar pasar?

Sus ojos se mueven a Sky, Gemma frunce un poco el ceño. —Oh, ¿Traes a alguien? ¿Es tu hermana?

Gemma sabe que tengo una hermana pero nunca ha conocido a Paris. —No, ella es Petal, es mi amiga —y vecina temporal.

Gemma busca la mirada de Petal pero ella solo mira hacia abajo cuando saluda. —Hola, un placer.

Gemma sonríe por un segundo. —Pasen por favor, los chicos te esperan, Sky.

— ¿El señor Daniels ya es menos gruñón? —le pregunto.

Gemma suelta una carcajada cuando cierra la puerta, se alisa la parte de enfrente con las manos y niega. —No, sigue como siempre —mira hacia adelante—. Pasen por favor, iré a la oficina por ahora.

Me giro con Petal, ella tiene sus ojos en la fuente del centro, al fondo. Alrededor de esa fuente hay muchas puertas, todas ellas son dormitorios con dos camas. Veo que ya decoraron todo, hay luces y velas por todo el lugar, aunque por ahora están apagadas.

—Vamos —le pido.

Ella asiente y me sigue, puedo notar que cuando estamos afuera con otras personas ella actúa diferente. No sé si llamarlo timidez pero casi no habla y no mira a nadie a los ojos.

Cuando paso cerca de una mesa con un plato lleno de dulces de canela, tomo varios y extiendo mi mano hacia ella para entregárselos. Me mira entrecerrando los ojos. — ¿Puedes tomarlos?

Me meto uno a la boca. — ¿Crees que robaría en un asilo de ancianos? Vaya, que mala imagen tienes de mí.

Ella le quita el envoltorio al dulce y lo prueba, seguimos caminando y justo después de cruzar un marco de madera me encuentro con el señor Daniels. Un hombre de ochenta años que me cae muy bien, y  sé que me quiere también, aunque no le guste demostrarlo.

— ¿Sigue vivo, señor Daniels? —lo molesto.



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En el texto hay: navidad, milagros, navidad y romance

Editado: 22.12.2022

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