Extraño Milagro De Navidad

26

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El siguiente capítulo toca temas sensibles

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SKY:

Terminamos de comer y es momento para la conversación incomoda.

La cama.

No imaginé, y eso tal vez fue tonto de mi parte, que nos iban a dar una habitación con una sola cama. Pero bueno, dije que era nuestra luna de miel y ahora… aquí estamos.

Petal y yo hemos evadido el tema muy bien, casi son las once de la noche y ambos nos reusamos a mostrar que estamos cansados o que queremos dormir. Pero tenemos que hablar sobre esto.

—Ve a la cama —digo recogiendo las bolsas vacías.

Ella no me contesta. —Yo… iré a dar una vuelta, mejor tu quédate por ahí.

¿Dar una vuelta? —No, hay osos y te pueden robar para iniciar una secta en contra de los humanos —bromeo, como siempre hago cuando estoy nervioso—. Yo me quedaré… aquí, la alfombra es cómoda.

No me mira, retira su rostro. — ¿Trajiste pijama?

Mi pijama es dormir con pantalones cortos y una camiseta vieja. O a veces, sin camisa. Al menos aquí hay frio y no tendré la necesidad de dormir sin ella. —Sip, una navideña.

Escucho que ríe pero de manera incomoda. —claro.

—Entonces… quédate en la cama, ¿sí? —pido.

Petal se levanta del suelo y va a su maleta que está cerca de la puerta. —Nah, yo me quedo en el suelo. Estaré bien, ahora… me iré a bañar.

—Bien —contesto viendo a mis pies—. Pero… um, no voy a dejar que duermas en el suelo.

Se acerca con su ropa en las manos. —Yo no voy a dejar que tú duermas en el suelo, de todas formas yo te traje aquí.

Sonrío. —Si pero yo quería irme de campamento, gracias a ti ahora estoy cumpliendo algo de mi lista.

Hace una mueca. — ¿Esto es estar de campamento? No hemos hecho nada más que comer.

Me encojo de hombros. —Lo sé pero… —estoy con ella y eso es suficiente—, es divertido.

Aún no hemos quitado los pétalos de la cama. —Juguemos Jenga y el que pierda se queda con la cama.

Levanta una ceja. — ¿El que pierda?

La señalo. —Tú eres mal perdedora, ¿no lo recuerdas?

Deja su ropa sobre el colchón y se cruza de brazos. —No soy mala perdedora, tú hiciste trampa, ¿no lo recuerdas?

Ella haciéndome burla me hace sonreír. Estiro mi mano y tomo un pétalo, lo levanto frente a su rostro. —He encontrado a tu familia, pétalos.

Ella toma tres y los acerca a su nariz. —No huelen a rosas.

Tomo otros más y lo olfateo, hueles a flores más no a rosas. Si eso tiene sentido. —Cuando era niño me comía los pétalos de las flores.

Petal suelta una carcajada.

Me gusta el sonido de su risa. —Estoy impresionado Petal White, me trajiste a nuestra luna de miel sin invitarme a una cita antes —bromeo.

Ella sigue riendo y me empuja un hombro. —No digas eso.

Pero quiero decir más cosas así solo para escuchar su risa. —Hablo enserio, ¿Este era tu plan?

Rueda los ojos. —Basta, que horror —toma varios pétalos a la vez y me lo lanza a la cara.

Yo lo hago también, tomo varios y se lo lanzo. Ella usa sus dos manos para recoger varios y los deja caer sobre mi cabeza. Yo doy un paso más cerca de ella y tomo más pétalos para colocárselos sobre la cabeza.

Intenta apartar mi mano pero no la dejo, sigo dejando caer los pétalos. Toma más rápidamente y me los lanza en la cara. Ambos reímos mientras seguimos recolectando todos los pétalos posibles para lanzárnoslos en la cara. Ni siquiera sé quién empezó pero no importa, de pronto dejamos de sentirnos incomodos y estamos divirtiéndonos con todo esto.

Cuando no quedan más que unos cuantos dispersos sobre la cama, Petal se acerca a la cabecera y toma una almohada para golpear mi costado. Yo voy rápidamente por la otra almohada que sobra y le doy un golpe suave en su hombro.

Nunca tuve una pelea de almohadas con nadie. Paris es mi hermana y aunque no nos llevamos muchos años de diferencia, nunca fuimos tan unidos como para hacer travesuras juntos. La niñez pasó y yo fui un niño tranquilo, sin desordenar la casa o romper nada.

Es por eso que ahora mismo, me estoy riendo como nunca. Petal y yo estamos teniendo una pelea de almohadas y aunque podamos lucir infantiles para el resto del mundo, para nosotros esto es lo más divertido del mundo.

Petal se defiende levantando la almohada delante de su cara y acercándose a mí, yo la empujo un poco con la almohada. Ella se acerca a mí para acorralarme contra la pared, cuando lo logra yo bajo mi almohada y recuesto la cabeza en la pared.

—Me rindo —mi respiración está agitada.

Ella baja la almohada lentamente, yo se la arrebato de las manos, la lanzo a la cama y uso la mía para golpear su hombro. Ella y yo forcejeamos por mi almohada, cuando tiro de ella Petal pierde el balance y se sostiene contra mi pecho para no caer.

Dejo caer la almohada y me inclino hacia adelante.

Ella no se mueve, solo abre un poco sus ojos.

Quiero acercarme más, quiero decirle todo lo que estoy sintiendo. Todo lo que me hace sentir. Quiero besarla.  

Petal tiene sus manos sobre mi pecho, yo resisto la tentación de tocar su rostro pues sé que es algo que no la hace sentir cómoda. —Petal… —susurro.

Sus ojos se concentran en los míos. —Sky…

Me acerco más, no es suficiente.

Petal se separa rápidamente y baja el rostro. —Voy a bañarme, ahora vengo.

Toma su ropa y se encierra en el baño en menos de diez segundos. Yo aún tengo mi espalda contra la pared, mi corazón late muy rápido y mis labios no dejan de sonreír. Veo la habitación, es un desastre pero es nuestro desastre y eso lo convierte en arte.

Me estiro para tomar la almohada y la dejo sobre la cama. Comienzo a recoger todos los pétalos que puedo, los dejo en un basurero pequeño al lado de la puerta.



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En el texto hay: navidad, milagros, navidad y romance

Editado: 22.12.2022

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