Extraño Milagro De Navidad

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LA NAVIDAD DEL SIGUIENTE AÑO

 

 

Hoy es veinticuatro de diciembre, o como mi familia llama este día, la primera navidad porque ellos celebran el veinticuatro y el veinticinco.

Esta vez no estuvimos mucho tiempo en esa ciudad, pasamos de visita con mi familia, luego con su hermana y visitamos el asilo, el orfanato y cada lugar donde Sky tiene un amigo. Y debo decir, Sky ha hecho muchos amigos por todas partes.

Gust se casó con mi prima pero no fui a su boda. No fue resentimiento es solo que he aprendido que la familia de verdad no son las personas con la que te relaciona la genética sino quienes te cuidan y quieren, como Clara del orfanato, Rey, mi nuevo amigo de los tatuajes y los ancianos del asilo quienes siempre sonríen cuando llegamos con Sky.

Y claro, los niños que siguen llamándome el hada de a navidad, aun en verano.

No terminamos la lista el año pasado pero ya no era necesario porque aun ni él ni yo sabemos cuándo será nuestro último día en la tierra pero mientras sucede, vivimos en el presente.

Hace un mes Sky y yo fuimos a otro lugar, uno con nieve y tuvimos la deseada guerra de bolas de nieve que tanto quería. Eso completó algo más en la lista.

El espacio vacío que dejé fue rellenado por algo, mejor dicho, por el nombre de alguien. Sky. El hombre que me abraza con ternura, quien no se asustó cuando vio mi rostro, quien sigue cantando a todo pulmón cuando vamos en su auto, quien me motivó para comenzar a dar clases de inglés a adultos que desean superarse.

Sky quien me aceptó tal y como soy.

Solo queda una cosa por hacer y por eso estamos aquí. Un veinticuatro de diciembre en la playa, a unos minutos del atardecer.

Volteo a verlo, está mordiendo su labio inferior nervioso. Tomo su mano y me acerco a él, recordándole que estoy a su lado. Que no está solo. — ¿Listo?

Me voltea a ver y se encoje de hombros. —No lo sé, pensé que sería más sencillo.

Asiento. —Tranquilo, no tienes que hacerlo hoy.

Sky levanta su mirada al cielo, entorna los ojos y suspira. —Yo creo que sí, tengo que hacerlo.

—Vamos entonces —doy un paso al frente y él también lo hace.

Nuestros pies se hunden en la arena mientras avanzamos, cuando llegamos a la parte donde la arena ya se está mojando con el agua, Sky aprieta mi mano pero no se detiene. Avanzamos lento, con la mirada hacia adelante, sin saber qué hay al final de todo eso pero con la determinación de seguir.

— ¿Crees que los peces celebren la navidad? —pregunta Sky de pronto.

Junto mis cejas. — ¿Qué?

Se encoje de hombros. —Si yo fuera un pez me gustaría celebrar navidad, sería divertido.

—Claro —suelto una carcajada— lo que digas.

Sky sigue caminando, puedo ver que sus piernas tiemblan un poco. El agua finalmente toca nuestros pies, la arena se mueve debajo de nosotros y él cierra los ojos un segundo. Sé que su corazón está acelerado y sé que esto le está tomando mucho valor.

Respira profundo y asiente, para indicarme que sigamos avanzando.

Aquí, hace muchos años, Sky buscaba despedirse de la vida. Yo, hace muchos años planeé mis últimos días. Y ahora, seguimos aquí, avanzando contra nuestros miedos y creyendo que queda mucho más en nuestros caminos.

Mi vida después de esas noches en el campamento no cambió drásticamente de un día para el otro. Eventualmente fui a buscar ayuda profesional porque había muchas heridas de mi niña interior que necesitaban sanar. Justo como lo prometió, Sky ha estado conmigo desde entonces.

Él y yo ahora vivimos en una casa juntos aunque cada uno tenemos nuestras propias habitaciones. Confío en él y lo amo, pero hay miedos dentro de mí que no sabía que existían y él es paciente, muy paciente.

Pero desde hace unas semanas sé que es él con quien quiero pasar el resto de mi vida y por eso, después de la playa iremos a un lugar muy especial. Iremos al campamento donde nos besamos por primera, segunda, octava y muchas veces más.

Ahí, ahora con reservación, le pediré que se case conmigo. Y sé que dirá que sí, porque él me ha dicho muchas veces que quiere casarse conmigo pero está esperando a que yo esté lista para ese paso.

Sky sigue avanzando, el agua nos cubre los tobillos y su respiración está agitada. Sé que puede hacerlo, solo un poco más. —Estoy orgullosa de ti —le digo.

Sky me abraza de lado y besa mi sien. —Yo estoy muy orgulloso de ti.

—Vamos antes que salgan los tiburones —le pido.

Ríe y da un paso más. —No hay tiburones aquí.

— ¿Cómo sabes? Mira que el año pasado vimos al oso cuando nos estábamos yendo del campamento —le recuerdo.

Y por suerte, no arruinó ninguna de nuestras posesiones.

— ¿Venderán cajas para tiburones? —pregunta mientras avanza.

—Espero que sí —afirmo.

Sky se inclina hacia adelante para besarme los labios. —Mejor bésame, Petal White.

Sonrío mientras siento sus labios contra los míos, rodeo su cuello con mis brazos y él toma mi cintura. Entre el agua, con nuestros tobillos bajo ella, están nuestros tatuajes que nos recuerdan sobre la persona que tiene nuestros corazones.

Miro hacia arriba, el cielo está anaranjado y rojo, un hermoso atardecer. —Es hermoso

Besa mi barbilla. —Lo soy, gracias.

Lo fulmino con la mirada. —Tu no, el cielo —muevo su rostro hacia arriba—. Ese cielo.

Aunque este Cielo también es hermoso. Él, Sky.

Sus ojos regresan a los míos y me toma de la mano. Sky comienza a avanzar más rápido hacia adelante. Poco a poco el agua llega a nuestras rodillas y las olas nos empujan suavemente, sin hacernos perder el equilibro. Sky avanza mientras me mira, sonriendo y siendo tan valiente como siempre lo ha sido.

El agua nos llega por encima de la cintura. —Creo que lo hice.

Lo abrazo. —Lo has hecho.



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En el texto hay: navidad, milagros, navidad y romance

Editado: 22.12.2022

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