Extras. El ladrón y el príncipe sapo.

EXTRA 2. BAILE DE ZAFIRO Y ORO.

CASTEL.

Beber el té junto a la reina de Lypantopia no era precisamente algo que me relajara. Sin embargo, contar con la presencia de Ossian aminoraba la tensión. Habíamos pasado casi una hora tomando té negro con leche, mientras hablábamos de trivialidades, o para ser preciso, mientras la reina y Ossian lo hacían. Yo había optado por mirar a través de la ventana que estaba junto a mi asiento. El día estaba soleado y las rosas rojas y blancas comenzaban a desplegar sus pétalos.

—Tu traje para el baile de mañana debería estar listo en tu habitación antes del atardecer —informó la reina —. Y también pedí algo para él —regresé mi atención hacia ellos al notar que me miraba.

—Se lo agradezco, majestad —dije, recordando como días antes uno de sus mayordomos me había abordado para tomar mis medidas —, aunque no tenía que preocuparse.

—Claro que sí —respondió la madre de Ossian —. No puedo permitir que asistas con esa horrible ropa de siempre —añadió, observándome de arriba a abajo, y estuve a punto de reírme.

Aunque sus comentarios solían ser un tanto ofensivos, comenzaba a acostumbrarme a ellos, y ya hasta los encontraba graciosos.

—Mamá, te recuerdo que le estás hablando a mi prometido —intervino Ossian y negué con la cabeza para hacerle saber que no hacía falta que iniciara una discusión con la reina.

—Y tú con tu madre —debatió la mayor.

—Lo sé, y te amo mucho —respondió el príncipe—Pero también amo a Castel así que agradecería que fueras más amable con él.

—Estoy siendo amable —se defendió la mujer —. Por cierto, el rey quiere hablar con ambos —dijo cambiando de tema.

Desvié mi mirada hacia Ossian, mientras sentía cómo mi cuerpo empezaba a tensarse por segunda vez en el día, pues si había alguien a quien le agradaba mucho menos que a la madre de Ossian, ese era su padre.

(...)

Ossian tocó un par de veces las grandes puertas de madera e inmediatamente después la voz de su padre nos indicó que pasáramos. El rey se encontraba sentado tras un gran escritorio de roble. Su rostro estaba tan serio como de costumbre, al igual que su mirada fría.

Ambos hicimos una reverencia y el mayor señaló las sillas de madera frente a él para que nos sentáramos.

—Como bien saben, mañana se llevará a cabo el baile anual de zafiro y oro. — comentó el rey.

Ossian me había explicado que era una celebración antigua que tenían en el reino para conmemorar, de alguna forma, la historia e importancia de los zafiros y el lago, que eran los símbolos principales de Lypantopia. Los invitados portaban trajes y vestidos azules, y hacían donaciones que después irían a los orfanatos o a la caridad. Más del 70% de los donativos eran hechos por la corona. Así que, por lo poco que había entendido, esa era la razón por la cual dicho evento tenía ese nombre.

A mí me daba la impresión de que en realidad era igual que todos los demás bailes que solían realizar. Aunque bueno, yo solo había estado en uno, y ni siquiera se llevó a cabo en ese reino.

—Y vendrá mucha gente importante del reino —continuó explicando—Así que, como cada año, espero que este también sea perfecto.

—Espero que lo que vayas a decirme no tenga que ver con excluir a Castel —intervino Ossian.

Aunque yo había pensado lo mismo, escucharlo en voz alta resultaba más incómodo.

—Por supuesto que no. Sé lo obstinado que sueles ser últimamente, así que no tengo problema con que él asista al baile —el rey me observó fijamente—. Claro, siempre y cuando se comporte de manera adecuada y ambos actúen con sensatez.

—Claro, majestad—respondí, al percatarme de que esperaba una respuesta de mi parte.

—¿Qué quieres decir exactamente con eso?—cuestionó Ossian un tanto a la defensiva.

—Que yo sé que no darás marcha tras con tu compromiso con Castel, pero por el momento lo mejor sería que mantengan su distancia en público. Aún no creo que sea prudente dar a conocer una noticia de esa magnitud a la sociedad.

Aunque el padre de Ossian se esforzaba por ser amable, estaba claro que aquello era una orden.

—En algún momento vamos a casarnos, y hasta donde recuerdo ninguna ley en Lypantopia habla sobre el matrimonio entre dos hombres, por lo que en teoría no está prohibido.—dijo Ossian con el mismo tono de severidad que su padre—. Así que no creo que sea imposible que los demás lo acepten.

—Ossian, será más fácil que exijan una ley que lo prohíba a una que los respalde —contestó el rey con dureza, y en esa ocasión tuve que estar de acuerdo con él.

La gente no estaba acostumbrada a que dos personas del mismo sexo mantuvieran una relación, y mucho menos el hombre que próximamente sería su rey, y quien se suponía engendraría al siguiente heredero al trono.

—¿Quieres decir que ni siquiera intentarás apoyarme?—cuestionó Ossian con indignación.

—Creí que ya te había quedado claro que, el hecho de que yo sea el rey no significa que pueda hacer lo que me plazca, así sin más. —respondió el mayor con tono de regaño—. Crees que no te apoyo, pero acepté que terminaras tu compromiso con la princesa Myrcella, y que le dieras la joya familiar a este hombre —dijo, mirándome y desvié la vista hacia el anillo, que últimamente era el tema de conversación—. Pronto yo dejaré el trono, y tú ocuparás mi lugar, y si así lo deseas, podrás modificar la corte y las leyes de la manera en que tú pienses que beneficiará a Lypantopia. Te daras cuenta del peso que requiere tomar una decisión que influirá en todo el reino, y de lo aferrada que está la gente a ciertas costumbres, por lo que no será fácil hacerlas cambiar de opinión con respecto a muchas cosas, pero por ahora solo te pido que seas un tanto discreto.

—¿Qué tan discreto?—cuestionó Ossian.

—Bueno, no estoy pidiéndote que finjan que no existen, ni que te comprometas nuevamente con otra mujer, pero sabes bien que muchas de las jóvenes damas que asisten a este evento, solo lo hacen para poder conocerte y bailar contigo.—dijo el rey, y la expresión de disgusto de Ossian, por lo que su padre decía, solo incremento.




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