Extras. El ladrón y el príncipe sapo.

EXTRA 3. LA FORMA EN QUE RESPLANDECES.

A pesar de mi conflictiva relación con los reyes de Lypantopia, ambos nos acompañaron hasta el muelle y nos desearon suerte antes de que abordáramos el barco, lo que me hizo pensar que tal vez poco a poco comenzaba a agradarles...

(A quien engañaba, sabía que solo habían ido para despedir a su hijo).

Quien estaría lejos de su reino por al menos seis meses, que era el plazo en el que yo estaba obligado a trabajar como soldado de Bedland, mientras él se encargaría de todo el asunto de la alianza.

Esta vez opté por dormir la mayor parte del trayecto de regreso, pues ya sabía lo inestable que se volvía mi estómago al navegar, así que el viaje se me hizo mucho más corto y llevadero.

Cuando finalmente llegamos al puerto de Bedland, una multitud ya se aglomeraba para recibir al príncipe. Yo no queria salir en ninguna de las fotografías que los miembros de la prensa insistían en tomar, por lo que decidí esperar junto al par de mayordomos que el rey Octavio le había asignado a Ossian de forma persistente para que viajaran junto a él.

Una vez que el sitio estuvo relativamente despejado, un grupo de soldados de Bedland enviados por el rey Máximo nos interceptaron.

—Alteza—. Saludó uno de ellos haciendo una reverencia—. Su majestad, el rey Máximo, nos ha encomendado que lo escoltemos a usted y al señor Fletcher hasta el castillo.

—Por supuesto, gracias —respondió Ossian y subimos al carruaje que el soldado nos indicó.

(...)

Aunque habíamos llegado aún de mañana a Bedland, nuestra visita al castillo fue larga. Entre la audiencia de bienvenida con los reyes, la asignación de habitaciones y una comida extensa. La tarde cayó antes de lo que esperaba.

Al ser nuestro primer día de vuelta en el reino, no se tocó el tema de la alianza, ni nada por el estilo. Sin embargo, el rey Máximo me hizo saber que mi servicio como soldado iniciaría tras una semana.

Por lo que solo tenía un par de días para mentalizarme en lo que sería mi nuevo trabajo, o el primero para ser honestos, pues dudaba mucho que "hurtador de joyas de la alta sociedad y hostigador de soldados" se categorizara como un empleo, y claro, al estar comprometido con Ossian una de mis prioridades era volverme un hombre digno de él. Quería ser alguien de quien pudiera enorgullecerse.

No acostumbraba a admitir ese tipo de cosas delante de nadie, pero a veces aún me atormentaba la idea de que él se diera cuenta de que era demasiado bueno para mí.

Seguía sin entender qué era lo que Ossian veía en mí. ¿De qué parte se suponía que se había enamorado? Yo estaba más que perdido por él, y para ese punto era nula la opción de apartarme de su lado, pero me daba miedo que al no estar a su altura decidiera dejarme. Una parte de mí sabía que Ossian no haría eso. No era esa clase de persona, pero la otra se asustaba, y por eso se obstinaba en mejorar en todo lo que pudiera.

Ser caballero ya no me causaba emoción de la misma forma que cuando era un niño, pero tener la oportunidad de experimentar cómo sería cumplir uno de los pocos sueños que tenía en la juventud también me servía como motivación.

Después de que los asuntos importantes en el castillo quedaran aclarados, Ossian y yo nos dirigimos hacia el gatito de oro. Ambos nos encontrábamos ansiosos de ver nuevamente a nuestros amigos, así que nos apresuramos en llegar al bar que seguramente estaba por abrir.

Ni a Ossian, ni a mí nos agradaba la idea de que sus guardias nos siguieran todo el tiempo, bajo las órdenes de su padre, por lo que nos habíamos escabullido sin que lo notaran.

Cuando estábamos por llegar a nuestro destino, nos percatamos del par de hombres que también parecían dirigirse al mismo lugar. Se trataba de Dante y Cupido. En cuanto se dieron cuenta de nuestra presencia, dejaron de caminar y una amplia sonrisa apareció en sus rostros.

—¡Castel, muchacho! Finalmente están de regreso —exclamó Cupido—. Príncipe Ossian es un gusto tenerlo de nuevo, por aquí —añadió el hombre con el mismo entusiasmo.

—Ya los extrañábamos —intervino Dante—. Las cosas por aquí estaban un poco aburridas.—dijo— y cuando estuvimos a su lado palmeó mi espalda un par de veces.

—También los echábamos de menos —respondió Ossian sonriendo con alegría—Me pone feliz poder verlos de nuevo.

—Bueno, yo no extrañé ser el blanco de sus burlas —admití, aunque en parte era mentira—, pero, es todo un gusto estar de regreso.

—Vamos, Castel, no es divertido si no se trata de ti —respondió Dante y Cupido finalmente abrió la puerta del bar, para que pudiéramos entrar.

Dina, quien observaba a Vladimir cambiar uno de los pequeños focos del techo, desvió su mirada hacia la entrada y su semblante cambió a uno más emocionado.

—Chicos —La mayor caminó hacia nosotros con rapidez y nos abrazó a ambos al mismo tiempo—. Finalmente están aquí.

—Veo que tu pierna mejoró —sonrió Ossian mientras observaba a la rubia y esta asintió—. Me alegro en serio.

—¿Te recuperaste completamente?—cuestioné y Dina volvió a asentir.

—Estoy bien, Cas—respondió con calma.

—¿Y tú, Vlads?— desvié la mirada hacia el grandullón que bajaba de la silla de madera—. ¿Cómo sigue tu brazo?

—Está bien—respondió de forma impasible.

Parecía estar en lo cierto, pues donde debía encontrarse una gran cicatriz yacía un nuevo tatuaje. Una ancla con cuerda entrelazada, y algunas estrellas de mar y corales que sobresalían en la parte baja del dibujo.

—Y dime, ¿me echaste un poco de menos?—cuestioné con diversión y el hombre me miró con indiferencia—¿Me dirás que no extrañaste ni un poquito a tu mejor amigo?

—Bueno, ahora comienzo a extrañar la tranquilidad que tu ausencia había dejado —respondió con seriedad, pero casi juraría que estaba por sonreír al decir eso.

—¿Ibas a sonreír, verdad?—cuestioné como si aquello fuera un triunfo y Vladimir me miró de forma amenazante, pero no respondió.—Bueno, lo tomaré como un sí—dije, alzando los hombros, mientras levantaba las manos.




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