Tiberia.
Una vez que encontramos un punto adecuado, el señor Evans nos ayudó con la casa. Sorprendentemente, no era un charlatán. Aunque su magia no era sumamente poderosa, sí fue suficientemente buena como para aparecer una linda cabaña. Cuando le pregunté por qué nos ayudaba, respondió que era porque Cupido y Dante fueron los primeros en creer en él. Aunque también recibió una buena cantidad de especias por parte del segundo.
El sitio estaba bastante aislado de las calles y las casas de Bedland. En las profundidades del pantano más grande del reino. Rodeado de inmensos árboles, aguas repletas de peces y nenúfares. Lianas, arbustos y flores. Además de muchos animales. Aun así, se sentía solitario. Los rayos del sol apenas se filtraban y, a excepción del ruido de la naturaleza, el silencio era abrumador.
Una vez que la casa quedó medianamente habitable. El señor Evans me indicó cómo extraer la energía del entorno y pude sentirme mucho mejor.
Al inicio, el golpe de poder fue demasiado. Me dio la impresión de que el cuerpo me explotaría, pero conforme fui regresándola lentamente al ecosistema, me sentí un poco más normal, aunque no completamente (probablemente ya jamás sería una persona normal).
Continuaba asustándome la idea de hacer perecer a los animalitos a mi alrededor o secar la vegetación, pero con ayuda del señor Evans logré adaptarme. Además, el anciano había tenido razón; mi magia se volvió constante y poderosa. Podía invocarla en todo momento y eso ayudó a que pudiese hacer un poco más hogareño el lugar. No obstante, sentía una presión inmensa, pues sabía que podría perder el control y lastimar a los demás.
Para el anochecer del segundo día, el señor Evans se despidió de nosotros y prometió que regresaría en caso de que necesitáramos más ayuda. Aproveché que el resto seguía ordenando un par de cosas en el interior para despedir al mayor y agradecerle por todo. Sin embargo, también le pedí que no volviera. Le conté mi deseo de no retener ni arriesgar a nadie, y aunque su expresión fue de lástima, al final pareció entender mi sentir y me sonrió con tristeza para después retirarse.
Cuando volví a la sala, los demás ya habían terminado. Mi hermano, quien estaba sentado en uno de los sillones, se puso de pie y me observó con expresión cansada.
—Mañana comenzaré a traer el resto de las cosas que tenemos en la posada; puede que sea algo cansado, pero igual debo acostumbrarme a la distancia para cuando vaya al trabajo y por provisiones...
—No hara falta—lo interrumpí abruptamente.
—Hay bastantes cosas que necesito. Además, no tiene caso seguir pagando por un lugar en el que no estaremos —respondió, frunciendo el ceño.
—Solo yo me quedaré aquí —dije sin más rodeos.
—No pretendo dejarte sola en medio de la nada —exclamó preocupado.
—Pues no te quiero aquí —dije, intentando no alargar aquella discusión.
—¿Por qué? —preguntó entre preocupado e indignado—. Sabes lo peligroso que puede ser que estés aquí, sin compañía.
—Creo que podré arreglármelas sola. —Respondí con firmeza—. De hecho, quizás lo mejor sea que también se vayan ahora.
—¿Estás echándonos? —cuestionó Dante con tono desanimado; se veía igual de confundido que el resto y eso solo hizo que el malestar en mi estómago incrementara. Sobre todo cuando miré a Vladimir y pude percibir pánico en su mirada, pero no queria ser egoísta y hacerles sentir que debían condenarse por culpa de mi nuevo estilo de vida.
—¿Para qué quedarse? —contesté—. No pasará nada nuevo. Todo lo que ven estará aquí por el resto de mi vida.
—Deja de decir esas cosas —me regañó Cupido—. No puedes esperar que te abandone; eres mi hermana menor, es mi deber protegerte.
—No, no lo es —respondí con rapidez, intentando aparentar estar enojada y no a punto de quebrarme frente a los tres—. De cualquier forma, nunca te he hecho caso y por eso terminé de esta manera.
Sentía cómo el nudo en mi garganta incrementaba y mi respiración se aceleraba.
—No puedo dejarte aquí sola —insistió y de pronto su rostro me parecio mucho mayor. Su expresión se volvió más preocupada y sus ojos se pusieron vidriosos.
Tuve que poner toda mi fuerza de voluntad para no desistir de mis planes.
—Y yo no puedo condenarte por algo que no fue culpa tuya —dije con voz temblorosa—. No haré que recorras kilómetros solo para poder ir a trabajar o tocar con la banda; tampoco puedo arriesgarme a que un día no logre manejar bien tanta magia y pueda lastimarte. Cada minuto que están aquí es riesgoso y solo temo desconcentrarme y dañarlos.
—Eso no pasará —respondió mi hermano, intentando acercarse, pero retrocedí—. Buscaré un trabajo más cerca.
—Estamos en medio de la nada; incluso el trabajo más cercano te quedaría a horas de aquí. —Respondí, sintiendo cómo poco a poco me alteraba.
—Podría prestarle alguno de mis caballos, así sería mucho más rápido trasladarse hasta la cabaña —se ofreció Dante y negué.
—No, ya basta —dije con seriedad—. Todo esto fue culpa mía. Son las consecuencias de mis decisiones y no necesito compartirlas con nadie más. —Mire a mi hermano fijamente. —No voy a condenarte de esta manera. Toda tu vida la has dedicado a cuidarme y no quiero que esto siga así. Quiero que hagas lo que sea que te ponga feliz, que conozcas a nuevas personas. Que dejes que Dante te contagie un poco de su insensatez. Si te mudas aquí conmigo, solo te volverás más amargado y con los años te sentirás insatisfecho con tu vida y yo no podría con la culpa.
—Pero tú no sabes lo que pasará —negó, angustiado—. No sería feliz si te abandono. Eres mi familia. Eres todo lo que tengo...
—Y yo no sería feliz si tú te quedas aquí —respondí y ya no pude retener las lágrimas—. Siempre seremos hermanos. Siempre estaré agradecida contigo y sé que no estarás solo. Te apuesto que con el tiempo conocerás a más personas que te hagan sentir como parte de una familia, que se preocupen por ti y serás muy feliz. —dije y desvié la mirada hacia Dante, quien parecía desconcertado ante nuestra discusión.
#4928 en Fantasía
#1019 en Magia
pasado drama, fantasa romance personajes sobrenatural, boys love bl yaoi
Editado: 30.05.2026