Extras. El ladrón y el príncipe sapo.

EXTRA. 11. CUPIDO, DANTE Y UN CUARTETO DE CORAZONES ROTOS.

Cupido.

Apenas llegamos a la posada, abrí la alacena que estaba en la sala y saqué la botella de whisky que Tiberia y yo teníamos como recuerdo de nuestro padre. Quité el corcho y el intenso aroma inundó de lleno mis fosas nasales. Me dejé caer en uno de los rincones del lugar y Dante me observó con expresión incómoda desde la puerta.

—No tienes que seguirme todo el tiempo —dije después de darle un largo trago a la bebida y hacer un gesto ante el sabor desagradable.

—En realidad sí —respondió acercándose hasta donde estaba y dejándose caer a mi lado, por lo que me removí un poco para no estar tan apretados. —Aún me debes bastante dinero —me recordó y me quitó la botella para beber de ella.

—Eres tan molesto —solté, suspirando con resignación, y él me regresó el alcohol.

—Sé que en realidad te agrado —dijo divertido, volteando a verme.

Desvié la mirada por apenas un segundo hacia él y resoplé, pero no dije nada.

Dante soltó una risa y sujetó el whiskey cuando se lo ofrecí para seguir bebiendo.

—Lo ves—añadió.

Pasamos el resto de la noche en silencio. Solo haciéndonos compañía el uno al otro, mientras nos terminábamos el contenido de aquella botella. Aunque si lo pensaba bien, realmente era Dante quien me hacía compañía a mí. Había perdido a toda mi familia. Tiberia me había alejado y sabía que no mentía cuando decía que se iría lejos si yo no cumplía con su petición.

Me sentía solo y desdichado, aunque de alguna forma la sensación del hombro de Dante pegado al mío evitaba que decayera completamente. Era verdad que me irritaba en ocasiones. Que nuestras personalidades diferían mucho, pero también que me agradaba y que nunca me había divertido tanto como cuando estaba a su lado. Era el primer amigo que tenía realmente. La primera persona, aparte de mi hermana, que me hacía sentir que mis días ya no serían lo mismo sin su presencia.

(...)

Por la mañana la cabeza y el cuello me dolían con intensidad.

Me aparté de inmediato cuando me di cuenta de que estaba descansando sobre el hombro de Dante. Este también despertó debido a lo brusco de mi movimiento e hizo una mueca de dolor.

—Mi cabeza va a reventarse —se quejó, cerrando los ojos con fuerza—. Y me duele el trasero.

—Se supone que debería ir a trabajar —dije mirando la hora en el reloj que colgaba de la pared.

Me sentía bastante desanimado y solo quería meterme a mi cama y seguir durmiendo.

—Hay que ir a desayunar —dijo Dante mientras se ponía de pie y se sacudía la ropa.

—No quiero desayunar —respondí imitándolo—. Ni siquiera tengo ganas de salir de aquí.

—¿Entonces pretendes recluirte en tu casa hasta terminar convertido en un esqueleto? —preguntó levantando ambas cejas y yo hice un gesto con los hombros para restarle importancia.

—Me da igual lo que pase. —respondí mientras pasaba uno de mis dedos bajo mi nariz y cerraba los ojos con fuerza, pues sentía que me ardían.

—Quizás a ti, pero a mí aún me importa que me ayudes en los establos, así que iremos a desayunar y luego a casa —respondió, poniendo una de sus manos tras mi espalda y empujándome ligeramente.

—Te dije que no quiero —solté irritado, pero a él eso pareció importarle poco, pues esta vez colocó ambas manos tras mis hombros y me llevó hasta la puerta.

(...)

Después de ir a una fonda cercana a los muelles. Dante y yo nos encaminamos hacia su hogar. Gracias a la comida y, sobre todo, al agua, mi estómago estuvo mejor. Aunque aún me sentía bastante desanimado, por lo que seguía considerando la alternativa de salir corriendo y meterme en mi cama para siempre. Sin embargo, cuando pasamos junto a donde el Centauro solía estar y vi la expresión de Dante, caí en cuenta de que él también la estaba pasando mal. Había perdido a Isaac. A alguien que era preciado y yo ni siquiera había considerado cómo se sentía. Por lo que al final me resigné a acompañarlo en silencio.

Una vez que llegamos, Theo corrió con emoción hacia nosotros. El overol que vestía estaba cubierto de heno y su rostro de lodo.

—¡Señor Cupido! —exclamó con tanta emoción que ni siquiera me molesté en decirle que aquel no era mi nombre—. Qué bueno que vino, Brisa dará a luz muy pronto.

—¿De verdad? —cuestioné, esforzándome por sonar animado.

Theo se llevó ambas manos para cubrir su boca, como intentando no reírse. Abrió los ojos con sorpresa y señaló mi boca.

—¿Qué le pasó? —preguntó. Solo entonces recordé que había perdido un diente.

—Theo, señalar a los demás es grosero —habló Dante—. Y estuvo en una pelea. Es muy rudo —mintió con diversión.

—Espero que el otro haya perdido más dientes —respondió el pelirrojo, como intentando consolarme.

—Dante. —Miré con reproche al de negro por contarle lo de la pelea a Theo, pero el mencionado solo sonrió de lado.

—Tengo que ir a buscar al médico para que se encargue de Brisa —dijo Dante—. Mientras tanto, podía limpiar el resto del lugar y asegurarse de que Brisa esté bien —pidió, comenzando a caminar hacia la salida nuevamente.

—Claro, señor Dante —se apresuró a responder el menor.

Yo no dije nada, solo me dejé llevar por Theo, quien me tomó por el brazo y me jaló hacia los establos.

—Es emocionante, ¿cierto? —dijo Theo una vez que comenzamos a limpiar.

Lo miré y sonreí.

—Eso creo. En realidad es la primera vez que veré el nacimiento de un animal —expliqué—. Bueno, el nacimiento de cualquier especie.

—Apuesto a que el bebé de Brisa será muy tierno —sonrió el menor—. Qué bien que usted y el señor Dante sigan siendo amigos para que pueda verlo.

Nuevamente me quedé en silencio, pero a diferencia de la primera vez que Theo había hecho esa suposición, no lo negué.

(...)

Ver cómo aquella yegua daba a luz fue sorprendente en muchos sentidos. Una parte de mí se encontraba conmovida y feliz por ser testigo de cómo una nueva vida comenzaba, pero otra estaba nerviosa ante lo grotesco que el proceso podia llegar a ser.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.