CASTEL.
Muchas veces en mi vida me había sentido asustado, vacío o ansioso, pero era la primera vez que una mezcla de nervios y energía descontrolada embargaba mi pecho. Mi corazón no paraba de acelerarse y debía esforzarme para no ponerme a sudar o llorar. Estaba muy sentimental y, si no fuese porque Dina se encontraba a mi lado en ese momento, observándome con diversión y curiosidad, me echaría al suelo y me abrazaría a mí mismo para intentar tranquilizarme.
—Tal vez debas sentarte un momento, estás demasiado pálido —sugirió la rubia, señalándome una de las sillas.
—Estoy bien —respondí, intentando sonreír—. No te lo había dicho, pero ese vestido en verdad es lindo. —Cambié el tema mientras la observaba.
Iba vestida de lila. La tela era delgada y la cubría hasta los pies. Tenía una especie de moño en la cintura y unos extraños tirantes caídos. Era verdad que era lindo, pero no entendía para nada el diseño de la prenda.
—Acabas de forzar una sonrisa y de elogiarme, Cas. Obviamente, estás por perder la compostura —se burló. Sin embargo, me tomó por uno de los brazos y me obligó a sentarme.
—Tienes razón, es que esto se siente demasiado irreal —admití y aflojé un poco la corbata, esperando que así el aire pasara de mejor manera hasta mis pulmones. Llevé la vista hasta mi mano izquierda, donde aún yacía el anillo de zafiro. Lo acaricié un momento y de repente los últimos meses de mi vida me parecieron una locura. —No puede ser, voy a casarme —susurré.
—Sí —respondió Dina—. Vas a casarte... Nada más y nada menos que con el futuro rey de Lypantopia, un tipo que, por cierto, es increíblemente atractivo y que está perdidamente enamorado de ti. —añadió con diversión.
—¿Estás intentando apoyarme o ponerme más nervioso? —pregunté mirándola a los ojos.
—Quizás ambas cosas —respondió la mayor y resoplé—. Cas, todo saldrá bien; Ossian te ama más que a nada y sé que tú solo respiras con normalidad cuando él está cerca de ti.
No pude evitar sonreír de lado, pues, aunque sonaba un poco exagerado, de cierta forma era verdad. Así era como me sentía al estar con Ossian.
—Bien, solo intenta calmarte, iré a ver si todos los demás están listos —añadió y apretó uno de mis hombros con delicadeza mientras se ponía de pie.
Miré a mi alrededor intentando distraerme. El día era cálido y el sol debía encontrarse en lo más alto, pues aunque estábamos en medio de árboles inmensos, algunos rayos se filtraban hasta esa zona. Habíamos decidido que la ceremonia se haría en ese lugar, pues no solo así Tiberia podría asistir (y oficiar la boda), sino que también nos daría suficiente privacidad para evitar que alguno de los soldados del rey Octavio interviniera. Aunque estábamos en un pantano, el sitio estaba decorado como si planearan invocar a cientos de hadas o algo parecido. Las enredaderas, nenúfares y demás vegetación tenían un verde tan encendido que contrastaba con los lirios blancos que Tiberia se había encargado de intercalar por todo el lugar. Justo en el centro, en lo alto, había un gran ramo con distintas flores del mismo tono claro y de ellas se desprendían algunas telas y varias lianas de las que colgaban frascos transparentes con luces amarillas que iluminaban todo el lugar.
Frente al monto de sillas en el que me encontraba sentado había un arco repleto de flores naranjas y blancas, sobre una plataforma de madera en forma de círculo. Y al fondo las verdosas aguas del pantano brillaban como si contuvieran un montón de diamantes.
Dina finalmente regresó a mi lado; junto a ella venían Dante y Cupido. Era la primera vez que los veía tan sobrios y elegantes. Hasta parecían más jóvenes con sus trajes gris y café. Tras ellos caminaban Tiberia y Vladimir. Si no hubiese estado a punto de convertirme en un ser creado completamente de nerviosismo, le hubiese hecho saber a Vladimir lo atractivo que se veía, solo para ver cómo se molestaba.
Tiberia parecía sacada de un cuento de fantasía. Su vestido rosa era del mismo tono de su cabello. El cual llevaba suelto y le daba el aspecto de un ser del bosque.
—Ya es hora —me indicó Dina y me puse de pie para caminar hasta la plataforma, mientras me desprendía del anillo y lo pasaba a mi mano derecha. Sentí mi mano izquierda un poco desnuda y pasé mi dedo pulgar sobre el anular.
Tiberia soltó a Valdimir y se colocó un paso detrás de mí.
Era la primera vez que asistía a una boda, así que no tenía mucha experiencia con esos eventos. Mucho menos porque yo era uno de los novios. Ni mis padres (a los que ni siquiera conocía) ni los de Ossian asistirán, pero sí la mayoría de personas importantes en nuestras vidas, así que con eso era suficiente.
Todo fue tan improvisado que ni siquiera hubo una especie de caminata o música mientras Ossian se acercaba y, aun así, al verlo acortar la distancia entre los dos con tranquilidad y alegría, no pude evitar sentirme como el ser más afortunado sobre la tierra. Casi empezaba a creer que Ossian tenía un efecto especial que le habían otorgado al ser parte de la realeza. Uno que ralentizaba el tiempo y distorsionaba todo lo demás a su alrededor para que solo él resaltara. Para que se viese así de bien solo sonriendo y caminando. Vestido completamente de blanco, con su elegante capa con bordes de hilo dorado. Incluso cuando todos sus trajes eran de diseños muy similares, cada uno de ellos lo hacía lucir diferente y demasiado bien. Apenas fijé mi mirada en su rostro y sus ojos verdes se cruzaron con los míos, tuve ganas de cubrirme la cara y ponerme a berrear porque era casi como ver un ser divino. Casi esperaba que de repente todos los animales surgieran y se pusieran a cantar o algo similar.
Cuando finalmente estuvo frente a mí, ya había estado a punto de sufrir múltiples paros cardíacos y de perder la mayoría de mi energía. Puse toda mi fuerza de voluntad para no tocar cada parte de él y comprobar si era real.
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Editado: 12.08.2026