Naomi
Me sentía mas a gusto ahora como jefa de enfermeras, pero eso no quitaba la cantidad de trabajo y gente con la que trataba a diario, entre esos el gran imbécil con el que decidió salir hace tiempo. Nunca se pudo probar que él fue complice de esa mujer porque él hospital lo llegó a proteger por su reputación en el área de fisioterapia pero yo si lo tenía presente al igual que Sam, incluso Stella y doña Gladys seguro lo maldecian en sus mentes.
—Buenos días, Naomi. Veo que el puesto de jefa te asienta muy bien —escuché su voz arrastrada a mis espaldas mientras revisaba unos expedientes en la estación de enfermería.
Me tensé un segundo, pero respiré hondo.
Aún así siempre me mantuve profesional, a pesar de verle su cara todos los días. Pero eso no evitaba que su descaro no pasara desapercibido, cosa que mi marido había puesto a raya varias veces. De solo acordarme de como Erik lo asusta , me causa una sonrisa, sobretodo aquella vez que casi se mea en los pantalones.
( Recuerdo)
Erik vino a buscarme de sorpresa, se le paró detrás como una muralla de músculos gigantesca y le gruñó tan cerca de la oreja que el pobre imbécil casi se mea en los pantalones en mitad del pasillo.
—¿De qué te ríes? —preguntó él, desconcertado por mi cambio de humor.
—De nada —respondí, cerrando el expediente con un golpe seco que lo hizo dar un respingo—. Solo pensaba en que Erik prometió pasar a dejarme el almuerzo hoy. De hecho, ya debe estar por llegar. ¿Quieres quedarte a saludarlo?
El color se le fue del rostro en un segundo.
—No, yo... tengo pacientes en rehabilitación. Nos vemos luego, enfermera jefa.
Se dio la vuelta y prácticamente huyó por el pasillo.