Naomi
Nunca espere que mi oso se emocionará tanto por la noticia de nuestro bebé, así que decidimos quedarnos tumbados en la cama, él frotándome la barriga aún sin notarse y yo tocándole la cara, porque no había forma de como expresar nuestra felicidad.
Pensamos en como le contaríamos a todos sobre la noticia. Le dejé saber que Stella ya sabía, cosa que a él no le sorprendió para nada. Hablamos y el tiempo parecía no pasar.
La primera persona sería doña Gladys, la cual era nuestra vecina eterna y se alegraría tanto de tener un nieto, está vez humano.
La reacción de doña Gladys no fue de esperarse cuando nos agarro a los dos y nos abrazo, también empezó con una lista de ingredientes para caldos y otras cosas de embarazo.
—¡Ay, mis niños! ¡Sabía que este día llegaría! —exclamó con los ojos empañados, mirándome el vientre—. Escúchame bien, Naomi: desde mañana mismo te voy a preparar caldos de hueso, té de jengibre suave para las náuseas y nada de esfuerzos. Ese oso tuyo se va a encargar de todo en la casa, ¿me oyes, Erik?
—A la orden, señora —respondió Erik, sonriendo de oreja a oreja.
Luego vino Liam, que empezó hablando de todo como siempre y mi marido a gruñirle, hasta que se quedó sin nada que decir cuando se enteró de su pequeño sobrino/a.
—Vas a ser tío, Liam —le dije con suavidad.
—¿Un... un pequeño sobrino? ¿O sobrina? —susurró, con los ojos abiertos como platos. Miró a Erik y luego a mí—. ¡Voy a ser el tío consentidor! Erik, vas a tener que soportarme el doble.
—Ni lo sueñes —gruñó Erik
Con Sam solo se prometió que su primer pedicure o manicure iba a correr de su cuenta porque ya veía que sería una niña.
—¡Ay, por favor! El primer manicure y pedicure de esa criatura corre por mi cuenta —sentenció Sam con total seguridad—. Porque desde ya te lo firmo, Naomi: va a ser una niña, y va a ser tan divina como tú. Sin ofender al gruñón.
Y por último, tocó escribirle a la familia de él y a parte de la mía, osea a mi tía y a mi hermana menor.