Erik
Después de aquel día en el hospital sabiendo que serían dos bebés , y que apenas tenían de 6 a 8 semanas , todavía no podía creerlo. Entre sentir sudores, vómitos e incluso un posible desmayo, seguía todavía sin creerlo. Había derribado hombres toda su vida y llega está noticia y me derriba a mi.
Estaba llegando a la casa, según lo que entendía doña Gladys, no estaba hoy, aunque ahora era menos probable verla, entrando a su apartamento se encontraba el desorden más grande en la historia, ocasionado por obviamente Stella. Cajas y cajas de cosas para bebés, de diferentes colores, ropas de bebés, peluches, objetos , de los cuales había estado leyendo, ropa de maternidad para mi mujer, que ya tenía una pequeña curvatura. En el medio de todo ese caos estaba mi mujer, con su Stanley rosado agarrando a Paris que evaluaba todo dando su visto bueno, mientras que el resto de la manada solo se quedaba mirando el desorden.
—¡Erik! Llegaste justo a tiempo —exclamó Stella, saliendo de detrás de una montaña de bolsas con un conjunto de diseñador minúsculo en las manos—. ¡Tienen que ver esto! Encontré una línea de algodón orgánico en Milán que es perfecta para mis sobrinos. ¡Y compré el doble de todo porque son dos!
Al intentar llegar a mi mujer, tuve que pasar todo una montaña , hasta que conseguí llegar y solo la bese. Escuche a Stella interrumpir y ya estaba acostumbrado por culpa de Liam y sus ocurrencias, pero ella era un nivel totalmente nuevo de desorden. Al final, solo me dirigí al dormitorio y girándome por última vez pude ver a mi mujer que solo me guiño un ojo y me lanzó un beso, también mire alrededor, solo para ver la mirada de Paris, como diciendome que no arruine el momento.
—Está bien, ustedes ganan —murmuré para mí mismo, entrando al cuarto.