Erik
El eco de los jadeos se había disipado, reemplazado una vez más por el silencio sepulcral de las tres de la mañana. estaba sentado en el borde de la cama. Tuvo una pesadilla.
Naomi se movió entre las sábanas, sintiendo el vacío a su lado. Se incorporó lentamente, con el cuerpo aún cálido y relajado por la intimidad de hace unos minutos.
Erik —susurró, con esa voz suave que siempre lograba desarmarlo—. ¿Qué pasa?
—Me dolió —confesó él, con la voz más baja de lo normal—. Cuando te levanté en el baño... la rodilla me falló por un segundo. Si hubiera sido un milímetro más, me habría caído.
Fue solo un calambre, amor. - dijo ella
No fue un calambre —la interrumpió, girando la cabeza de perfil para mirarla. Sus ojos claros, habitualmente duros, reflejaban una vulnerabilidad que la encogió el corazón—. Llevo meses fingiendo que las infiltraciones funcionan. El médico del club dice que si sigo forzando a pesar de mi edad, Naomi.
Ella se acercó más, pegando su pecho a la espalda de él, abrazándolo por el cuello. Sabía cuánto significaba el deporte para él; no era solo su trabajo, era su identidad.
Antes no me importaba —continuó él, cerrando los ojos y atrapando las manos de ella contra su pecho—. Si me rompía una pierna , era mi problema, pero ahora no es lo mismo, soy el capitán . Todo recae en mi.
Ella apoyó la barbilla en su hombro, escuchándolo en silencio, sabiendo que para un hombre como él, admitir el miedo era equivalente a desnudarse el alma.—Tengo casi cuarenta años—dijo él, y la palabra "atleta" pareció pesarle como una lápida—. Ya no soy el joven promesa. Soy el veterano.
Toda mi vida he sido el tipo que corre, el que choca, el que gana —su voz se quebró apenas un milímetro—. Si dejo el campo ... si dejo de ser el deportista, ¿quién demonios soy, Naomi?
Ella le sostuvo la mirada, sin rastro de duda en sus ojos brillantes. Le dio un beso tierno en los labios.
Me queda el hombre que me ama —le contestó ella, acariciándole la mejilla con el pulgar—. Me queda el padre de nuestras hijas, el padre de la manada , el mejor amigo de Liam, el cuñado deseado de Stella y Dalilah, el yerno de doña Gladys y el hijo adoptado de mi tía y el mejor jugador del mundo para los fans. Te puedo hacer una lista, Pero ninguna te define, oso rojo.
Erik la miró fijamente durante un largo rato, buscando cualquier grieta en su optimismo, pero solo encontró un refugio seguro. Apoyó su frente contra la de ella, exhalando un aire que parecía llevar conteniendo por meses.