Naomi
Según mis llamadas al hospital y a Sam, tenía los nervios a flor de piel. No podía creer que doña Gladys llevará el cuidado de la manada de manera tan riesgosa hasta el punto de que se lesionará o de que fuera tan inconsciente.
—Típico de ella. ¿Cómo está su rodilla?
—Bueno, el doctor de turno ya la revisó. No hay fractura, por suerte, pero se ganó un esguince de segundo grado bastante feo y una contusión por el golpe. Le van a poner una férula y tendrá que estar en reposo absoluto por unas semanas. Erik está firmando los papeles de la baja y los medicamentos ahora mismo.
—¿Reposo absoluto? —me preocupé—. Sam, conoces a Gladys. Mantener a esa mujer quieta en una cama va a ser más difícil.
—Lo sé, amiga. Por eso sugiero que vayas preparando el terreno. Erik la va a llevar de vuelta a casa en un rato.- dijo Sam.
Aproveché las dos horas siguientes para acomodar la casa de Gladys. Le dejé todo a la mano: agua, el control del televisor, sus libros y, por supuesto, reubiqué el bendito tarro de galletas en el estante más bajo de la cocina. No iba a arriesgarme a un segundo round.
Pasadas las ocho de la noche, escuché el sonido del auto de Erik estacionarse.
Ella traía una pierna completamente inmovilizada y una expresión de pocos amigos, pero se le ablandó la cara al ver a los perros correr hacia ella.
—Despacio, muchachos, despacio, que la abuela está rota —rezongó la doña, aunque dejó que Charlie le lamerá las manos mientras Erik la depositaba con extremo cuidado en su sillón reclinable.
—Le acomodé las almohadas aquí, doña Gladys —le dije, acercándole una manta—. Sam me dijo lo del esguince. Ni se le ocurra pararse de ahí. Lo digo enserio.
—Esto es un complot —protestó ella, cruzándose de brazos—. Una ya no puede ni consentir a sus nietos de cuatro patas sin que la metan en arresto domiciliario.
- Vendré a verla todos los días y la manada se quedará en la casa, con mi oso hasta que se recuperé. No me haga venir enojada con mi barriga para acá a ver en que malos pasos anda.- Le dijo, pasandole las pastillas.
Doña Gladys la miró de reojo, resopló, pero se tomó la pastilla sin chistar. A regañadientes, le tenía un respeto tremendo.
-Gracias a ambos.- termino de decir.