Naomi
Tener a doña Gladys en reposo y estar embarazada eran considerados deportes olimpicos, por eso llamo a la unica persona que sería capaz de manetenerla en su cama. Emma, su nieta mayor y la futura médico de la familia. Ella seguro la pondría en su puesto. Por eso, cuando el timbre sonó a primera hora de la mañana y vio a la chica de cabello de cabello recogido, casi parecida a doña Gladys en sus ojos y una mochila enorme en el umbral, sentio que los ángeles cantaban.
—¡Hola, Naomi! —Emma me plantó dos besos en las mejillas antes de que pudiera reaccionar, entrando a la casa como un torbellino de energía—. Vine lo más rápido que pude en cuanto papá me dijo que la abuela intentó hacer acrobacias por unas galletas.
La manada la recibió con saltos y ladridos de alegría. Emma los conocía a todos y se agachó a repartir caricias a diestra y siniestra.
—En su cama, de un humor de perros —le advertí con una sonrisa de alivio—. Emma, de verdad, gracias por venir. Entre el hospital, mi embarazo y Erik con sus entrenamientos, nos estaba costando mantenerla quieta.
—No te preocupes, para eso estoy aquí —dijo Emma, guiñándome un ojo mientras se acomodaba la mochila—. Conozco todos sus trucos.
—¿Y este comité de bienvenida? —rezongó la anciana desde la habitación—. Naomi, te dije que no necesito niñera.
—No es una niñera, abuela. Soy yo —dijo Emma, acercándose a paso firme y plantándole un beso en la frente a doña Gladys que intentó esquivar sin éxito.
—¡Emma! ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en tus clases? —preguntó, aunque en el fondo se le notó un brillo de alegría.
—Mis profesores me aman y me dieron permiso —mintió Emma con descaro, cruzándose de brazos frente a ella—. A ver, déjame ver esa pierna.
Me quedé en el marco de la puerta, conteniendo la risa. Era como ver a dos gotas de agua de distintas generaciones enfrentándose.
—¡Hola, Erik! —lo saludó efusiva.
Erik se detuvo, analizando la escena. Miró a Emma, luego a la doña (que seguía con cara de pocos amigos) y finalmente a mí.
—Emma —asintió Erik, con su habitual saludo corto.
—Vine a tomar el control del cuartel general —le aseguró Emma, dándole una palmada amistosa en el hombro, lo cual era cómico considerando la diferencia de tamaño—. Así que tú y Naomi pueden respirar. Yo me encargo de que esta mujer se tome sus medicinas y no intente escalar la cocina otra vez.
—¡Ustedes dos se han aliado en mi contra! —se quejó Gladys, mirando al techo dramáticamente—. ¡Es un secuestro en mi propia casa!
—Es muy buena —murmuró Erik en mi oído, con una leve sonrisa.