ERIK
Recibí la llamada mientras entrenaba en el estadio, había dejado a mi mujer está mañana con la manada y doña Gladys ( recuperada de la caída) hablando de la llegada de las mellizas, a pocos días del alumbramiento. No esperaba que fuera ese mismo día que estaría corriendo para llegar al hospital.
Naomi
Sentí un fuerte dolor en el bajo vientre y lo próximo fue ver todo el líquido descender. Se suponía que debería estar preparada para la llegada, pero aqul dolor fue tan intenso que doña Gladys, empezó a encargarse de la situación.
Desde llevarme al taxi y recoger las cosas, hasta llamar a Erik, y darme mi celular. Marcar a Sam y Stella, la cual estaba frenética por videollamada, todo se volvió un desastre.
Al llegar al hospital, me encontré a Sam que prometió estar conmigo hasta que mi oso rojo llegará, mientras se empezó a gestionar que la doctora Shirley estuviera a disposición, me llevaron a la que sería mi habitación. Todavía mi marido no había llegado, y según escuchaba ya había dilatado lo suficiente para entrar a la sala de partos. Al cabo de un rato sentí su presencia. Agarrándome de la mano y dándome un beso en la frente. Empezamos con las respiraciones y empujes hasta que escuchamos el primer llanto, después de seguir pujando escuchamos otro más . Y mientras estábamos ahí fuimos testigos del nacimiento de nuestras mellizas : Amaliah y Amelie Brooks Vancey.
Erik
Solo pensaba en llegar al hospital y ver a mi mujer. Al llegar me tope con Sam. Pero solo quería llegar a ella.
(UNAS HORAS DESPUÉS)
La habitación estaba bañando por una luz tenuez, después de casi 10 horas de parto y de que todos se fueran a descansar y de llamar a comprobar cómo estaba la manada, vi tumbada a mi mujer dentro de esa habitación de hospital.
Él no era un hombre suave ni sensible, pero algo se quebró cuando colocaron a su primera melliza en el pecho de su mujer ; Amaliah Brooks Vancey, era la imagen de él , cabello que se sabría sería rizado, tez casi oscura pero no muy oscura, ojos similares a los de su madre y un pequeño ceño fruncido, que su madre ya amaba con locura. Luego estaba, la que sería su perdición si era igual a su madre en espíritu, ya que parecía un reflejo de la misma, pequeños rizos castaños oscuros, ojos cerrados pero que se sabían serían oscuros y una pequeña sonrisa que saco relucir en cuanto la pusieron arriba de él; el cual ni se imaginaba lo pequeñas que serían. Solo se cercioró en no dejarla caer, y miro a su mujer con el mayor orgullo.
Esta tiene tu carácter —dice ella con una risa débil, acomodando a la otra pequeña, que viste un diseño idéntico pero en tonos más suaves—. Van a ser unas versiones mini de nosotros.
Él no responde de inmediato. Está ocupado observando cómo ella las analiza a ambas antes de agacharse y besarla.
Te amo—dice él.
—No voy a poder decirles que no a nada, ¿verdad? —gruñe él, aunque el tono carece de su habitual aspereza.
A ellas no —confirma Naomi.