Fallen Gods

#1 LUZ Y OSCURIDAD

La vida se desarrollaba en un ritmo sereno y armonioso. Los campos dorados se mecían suavemente con la brisa, mientras los agricultores trabajaban con dedicación en la siembra y la cosecha de los alimentos que sustentaban a sus comunidades. Las aldeas, con sus casas de madera y techos de paja, emanaban calidez y hospitalidad, y los lazos entre vecinos eran tan fuertes como las raíces de los antiguos árboles que rodeaban los asentamientos. Los niños corrían libres por los prados, risas inocentes que resonaban entre los valles y las montañas, mientras los ancianos compartían su sabiduría junto al fuego, manteniendo viva la tradición y la historia de su pueblo.

Un día tranquilo en el cielo azul de Midgard, mientras los habitantes de las aldeas seguían con sus quehaceres diarios, un estruendo ensordecedor resonó en el aire. El cielo, que antes era un lienzo de azul infinito, se tiñó de un negro oscuro y ominoso, como si la noche hubiera llegado de repente en pleno día. Un estruendo muy fuerte, como si una batalla se hubiera librado en los cielos, reverberó desde lo alto, sacudiendo la tierra. Un destello brillante cruzó el firmamento a una velocidad vertiginosa, dejando tras de sí una estela de fuego y humo que cortaba el aire.

En el Fiordo de Geiranger, un lugar de una belleza inigualable, el agua tranquila se agitó violentamente cuando un objeto desconocido se estrelló contra su superficie con un estruendo ensordecedor. Las olas se elevaron en un torbellino de espuma y caos, mientras el impacto resonaba a lo largo de los acantilados y valles circundantes. Los habitantes de las aldeas cercanas salieron de sus hogares alarmados, con temor en sus corazones ante este fenómeno desconocido que había interrumpido la paz de su vida cotidiana.

Los habitantes de las aldeas cercanas al Fiordo de Geiranger, impulsados por una mezcla de curiosidad y temor, se acercaban lentamente al lugar del impacto. Sus corazones latían con fuerza, y el murmullo de sus voces se mezclaba con el rugido del agua agitada. Algunos se aferraban a sus herramientas de trabajo, otros a sus talismanes protectores, buscando cualquier tipo de consuelo ante lo desconocido.

De repente, el agua comenzó a burbujear y agitarse más intensamente. De las profundidades del fiordo, una figura grande y oscura emergió lentamente, su armadura goteando agua y reflejando la poca luz que se filtraba a través del cielo ennegrecido. La figura mantenía la cabeza baja, como en un momento de recogimiento, antes de levantarla lentamente.

Cuando sus ojos se abrieron, revelaron un brillo azul llameante que cortaba la oscuridad como cuchillos de hielo. Los habitantes, al ver esta visión sobrenatural, se paralizaron de miedo. Sus piernas se volvieron pesadas, y el aire parecía escaparse de sus pulmones. La presencia de esta entidad, tan ajena y poderosa, llenó sus corazones de un terror primigenio que nunca antes habían experimentado.

La figura oscura emergida del Fiordo de Geiranger parecía agotada, su respiración pesada y jadeante como si acabara de librar una feroz batalla instantes antes. A pesar de su imponente tamaño y la impenetrable armadura que la cubría, había una fragilidad palpable en su postura. Cada movimiento parecía requerir un esfuerzo titánico, y el sonido de su respiración resonaba en el aire enrarecido.

Los habitantes, aún paralizados por el miedo, no podían apartar la vista de la figura. Sus corazones latían con fuerza, y una sensación de inminente peligro les recorría la espina dorsal. De repente, la entidad alzó la cabeza, y sus ojos llameantes de azul recorrieron a cada uno de los presentes. El silencio era abrumador, roto solo por el eco de su jadeo.

Entonces, con una voz que parecía surgir de las profundidades mismas del abismo, la figura pronunció una sola oración: "Vengan a mí." Sus palabras, cargadas de una autoridad aterradora, resonaron en los corazones de los aldeanos, llenándose de un terror primigenio.

Después de pronunciar la ominosa orden, "Vengan a mí", el ser oscuro comenzó a moverse de manera inquietante. De su imponente figura surgieron tentáculos oscuros y sinuosos, que se deslizaron con una rapidez aterradora hacia los aldeanos paralizados. Antes de que cualquiera de ellos pudiera reaccionar, uno de los tentáculos atravesó violentamente a un hombre en la primera fila.

El aldeano soltó un grito desgarrador, su rostro contorsionándose de dolor y desesperación. Los tentáculos, como criaturas con vida propia, comenzaron a drenar la energía vital del desafortunado hombre. Sus fuerzas parecían desvanecerse con cada segundo que pasaba, mientras su piel se volvía pálida y sus ojos se apagaban lentamente.

Los demás aldeanos, horrorizados por la escena que se desarrollaba ante sus ojos, intentaron retroceder, pero sus pies parecían clavados al suelo por el miedo. La figura oscura, en un acto de absorción lenta y metódica, continuó extrayendo la vida del hombre hasta que sus gritos cesaron y su cuerpo se desplomó inerte. La entidad parecía revitalizarse con cada instante, su presencia volviendose aún más intimidante y aterradora.

El terror que llenaba el aire era palpable, y los aldeanos se dieron cuenta de que el ser oscuro no solo había traído caos, sino una amenaza que podría consumirlos a todos si no encontraban una manera de detenerlo.

La escena aterradora dejó a los aldeanos en un estado de shock absoluto. Sus miradas estaban fijas en el cuerpo inerte de su compañero, y el terror se reflejaba en sus rostros. La figura oscura, revitalizada por la energía absorbida, se enderezó con una postura aún más imponente y amenazante. Sus ojos llameantes recorrieron nuevamente a la multitud, observando cada reacción de miedo y desesperación.



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En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 03.01.2026

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