El amanecer apenas asomaba en el horizonte, pero la luz parecía demasiado débil para disipar la oscuridad que envolvía la tierra. El eco de los combates aún resonaba en el aire, mezclándose con el crujir de las llamas y los gritos distantes. Loki se alzaba entre el polvo y los escombros, su respiración agitada y sus ojos verdes resplandeciendo con una intensidad casi inhumana. A lo lejos, el sonido de pasos apresurados rompía el silencio, pero no traía consuelo, solo la promesa de que la batalla estaba lejos de terminar. La sangre teñía la nieve bajo sus pies, y aunque el combate había cesado por un breve instante, Loki sabía que aquello no era más que la calma antes de otra tormenta.
Furcas giraba su lanza con destreza, desviando las ráfagas de energía del clon mientras intentaba mantener a raya al verdadero Loki. Su expresión, antes confiada, ahora mostraba un destello de frustración.
—¡Maldita sea! —gruñó Furcas mientras bloqueaba otra ráfaga de energía que se estrelló contra su arma, dejando pequeñas grietas en la hoja.
El verdadero Loki aprovechó ese momento de distracción para lanzarse al ataque, sus dagas brillando con un resplandor esmeralda mientras cortaban el aire. Furcas apenas logró interceptar el golpe, pero el impacto lo obligó a retroceder.
—¡Dos contra uno! —rugió Furcas, clavando la lanza en el suelo para sostenerse—. ¡Cobarde!
—Cobarde sería no usar cada ventaja que tengo para acabar contigo. —Loki sonrió de forma desafiante—. No esperes que juegue limpio... no tengo tiempo para eso.
El clon conjuró otra ráfaga de energía, esta vez más concentrada, obligando a Furcas a saltar hacia un lado. Sin embargo, en cuanto tocó el suelo, Loki ya estaba sobre él, atacando con una velocidad implacable. Furcas levantó su lanza justo a tiempo para bloquear, pero la fuerza del impacto lo hizo tambalear.
—No creas que esto terminará rápido —escupió Furcas, empujando a Loki hacia atrás—. ¡Seguiré de pie mucho después de que tú hayas caído!
—Entonces cállate y demuéstralo —gruñó Loki, preparando otra ofensiva mientras su clon rodeaba a Furcas, cerrando cualquier posible vía de escape.
Furcas giró su lanza con precisión mortal, desviando las dagas de Loki y el asalto de su clon con movimientos calculados. El sonido metálico de las armas chocando resonaba como un trueno en el aire. Loki y su clon atacaban desde distintos ángulos, moviéndose como sombras sincronizadas, pero Furcas, con una destreza inhumana, se adaptaba rápidamente al ritmo de la batalla.
En un destello de velocidad, Furcas bloqueó un tajo del clon con la base de su lanza y giró sobre su propio eje, enviándolo volando contra el suelo con un golpe brutal. El clon se levantó tambaleándose mientras Furcas, sin perder un segundo, arremetía para empalarlo.
—¡No tan rápido! —rugió el clon, deteniendo la punta de la lanza con ambas manos mientras el suelo bajo él se agrietaba por la presión.
Loki aprovechó la distracción y apareció detrás de Furcas como una ráfaga verde, sus dagas brillando con energía mientras buscaba abrirle el flanco. Pero Furcas reaccionó con reflejos sobrehumanos, soltando una mano de la lanza para interceptar el golpe de Loki con la parte trasera del arma, desviando las dagas por milímetros.
—¡Eres rápido, pero predecible! —espetó Furcas, girando la lanza en un barrido horizontal que hizo retroceder a ambos.
Loki apenas tuvo tiempo de recuperar el equilibrio antes de lanzarse de nuevo al ataque. Las armas se encontraron otra vez en una tormenta de destellos y chispas. El clon volvió a sumarse, creando ráfagas de energía que mantenían a Furcas en constante movimiento. Sin embargo, el general demoníaco ya se había adaptado al asalto doble y esquivaba las embestidas con una mezcla de velocidad y brutalidad.
En medio del caos, Loki encontró una abertura. Con un giro ágil, deslizó una de sus dagas hacia el costado de Furcas, rasgando su armadura y dejando una línea de sangre. Furcas soltó un gruñido de furia, pero antes de que Loki pudiera retirarse, el demonio clavó la punta de su lanza en el abdomen de Loki, atravesando superficialmente la carne.
Ambos saltaron hacia atrás, jadeando, con sangre manchando sus ropas y gotas cayendo al suelo como lluvia.
—Nada mal —murmuró Furcas, limpiando la sangre de su costado con la mano—. Pero no creas que esto ha terminado.
Loki apretó los dientes, sosteniendo su herida mientras el clon se mantenía firme a su lado.
—No lo espero. —Loki sonrió, a pesar del dolor—. Porque tampoco pienso detenerme.
La tensión volvió a crecer mientras ambos se preparaban para la siguiente embestida, las armas brillando bajo la luz mortecina que caía sobre el campo de batalla.
Eirik apenas podía mantenerse en pie. Su respiración era errática, su rostro estaba cubierto de sangre y polvo, y su cuerpo mostraba moretones y cortes profundos. El ser lo sostenía del cuello, levantándolo del suelo como si fuera un muñeco de trapo. Con una sonrisa cruel, lo lanzó contra una pared de piedra cercana, haciendo que el impacto resonara por todo el lugar. Eirik cayó al suelo, escupiendo sangre mientras intentaba levantarse, pero el ser no le dio tregua.
Se acercó rápidamente, levantando su pierna y asestándole una patada brutal en el estómago que hizo que Eirik se doblara de dolor. Luego, lo sujetó por el cabello y lo levantó de nuevo, propinándole un rodillazo directo al rostro, quebrando parte de su casco y haciendo que la sangre salpicara el suelo. Eirik intentó defenderse, pero el ser lo agarró por el brazo y lo lanzó de cabeza contra el suelo, levantando una pequeña nube de polvo y escombros.
—Malditos necios —dijo el ser, con desdén mientras levantaba a Eirik una vez más, solo para estrellarlo de espaldas contra la pared.
Eirik gritó de dolor, sintiendo cómo sus huesos crujían, pero antes de que el ser pudiera continuar, Tyr irrumpió en la escena.
Con un rugido feroz, Tyr blandió sus hachas y arremetió contra el ser, sus golpes cayendo como tormentas de acero. El ser levantó sus brazos y bloqueó cada ataque con precisión, las chispas volando con cada impacto. Tyr no se detuvo, atacando con mayor ferocidad, golpe tras golpe, mientras el ser retrocedía ligeramente.