Fallen Gods

#8 BESTIA INDOMABLE

El aire estaba cargado de una tensión sofocante, como si el tiempo mismo se hubiera congelado ante la visión imponente de Tyr. Su cuerpo irradiaba un aura carmesí incandescente, el calor que despedía era abrasador, distorsionando el aire a su alrededor como si estuviera en el corazón de un volcán. Sus ojos, antes llenos de dolor y desesperación, ahora brillaban como dos brasas encendidas, vacíos de razón y llenos de una furia inhumana. Loki, aún recuperándose de la intensa batalla contra el ser, observaba a Tyr con una mezcla de asombro y precaución. Incluso él, con toda su experiencia y poder, podía sentir la abrumadora energía que emanaba de su aliado. El ser, que hasta hace unos instantes había luchado con arrogancia, ahora retrocedía un paso, sus ojos huecos fijos en Tyr mientras un destello de duda cruzaba su oscura figura. Algo había cambiado, algo mucho más aterrador que cualquier hechizo o fuerza que él mismo pudiera invocar.

Tyr avanzó a gran velocidad, un rugido gutural brotando de su garganta mientras sus hachas, forjadas en las profundidades de Joktldar, aparecían en sus manos con un destello ardiente. Cada paso que daba hacía que el suelo temblara bajo su peso, la furia que emanaba de él transformando el aire en una atmósfera cargada de calor abrasador. Sin perder un segundo, lanzó un ataque tras otro, sus hachas cortando el aire con tal rapidez que parecía que el mismo viento se estremecía al paso de su ira.

El ser, aún parado en su lugar, observó fascinado, sus ojos vacíos reflejando algo que podría haber sido respeto o tal vez temor. Con movimientos lentos pero seguros, levantó su guadaña, sus manos adornadas con runas oscuras brillando débilmente. Con cada impacto de los hachas de Tyr contra su arma, un choque de energía resonó por el aire, un estallido de fuerza que parecía sacudir el propio tejido de la realidad. La guadaña del ser cortaba el aire con una precisión letal, deteniendo los golpes de Tyr con una facilidad desconcertante. Sin embargo, aunque sus movimientos eran impecables, no pudo evitar sonreír ante el poder salvaje que Tyr desataba.

“Esto es... fascinante”, murmuró el ser, su voz grave y llena de admiración, mientras con cada encuentro de armas su cuerpo se balanceaba ligeramente hacia atrás, pero jamás retrocedía. “Nunca imaginé que alguien pudiera alcanzar tal furia… No hay duda, este será un combate que recordaré.”

Tyr no escuchaba nada, su mente solo estaba centrada en la rabia que corría por sus venas, la sed de venganza empujándolo a seguir atacando. Sus hachas giraban y chocaban contra la guadaña con una velocidad imposible de seguir, cada golpe más fuerte que el anterior, un vendaval de furia que empezaba a desgastar la defensa del ser. Las chispas volaban como estrellas fugaces, iluminando la oscuridad que rodeaba la escena.

El ser se sorprendió por un instante, notando que incluso con su destreza, había que estar más alerta que nunca. Tyr estaba alcanzando niveles de poder incontrolables. En ese momento, comprendió que esta batalla ya no solo era por supervivencia, sino por el orgullo mismo.

En medio del intenso frenesí de golpes, el ser, con una velocidad calculadora y una fuerza abrumadora, encontró una abertura en la defensa de Tyr. Aprovechando el momento, lo sujetó por el torso con una fuerza que casi parecía partirlo en dos y lo lanzó brutalmente contra el suelo, haciendo temblar la tierra. Antes de que Tyr pudiera reaccionar, el ser alzó su guadaña y, con un movimiento preciso, la hundió en el abdomen del guerrero. La hoja negra atravesó carne y hueso, pero Tyr, en su estado de furia incontrolable, era incapaz de sentir dolor. No se estremeció ni retrocedió; en lugar de eso, su mirada fija, carente de humanidad, parecía arder con un odio puro.

Con un rugido ensordecedor, Tyr empuñó su hacha y, con un movimiento tan feroz como preciso, lanzó un corte directo al rostro del ser. La hoja de la hacha se incrustó en la oscura máscara que cubría el rostro del enemigo, provocando un sonido metálico y una chispa que iluminó el campo de batalla por un instante. Furioso, el ser lo tomó de nuevo, esta vez con ambas manos, y lo lanzó a varios metros de distancia como si fuera un muñeco de trapo.

Pero Tyr no era alguien que cayera fácilmente. Apenas tocó el suelo, se reincorporó con una agilidad sobrehumana. Su respiración era profunda, su pecho subía y bajaba como el de una bestia en plena cacería. El ser, impresionado por su resistencia, movió su guadaña, que comenzó a retorcerse y alargarse como un látigo viviente, transformándose en una extensión flexible y letal que se abalanzó sobre Tyr en un sinfín de ataques rápidos y precisos.

Cada movimiento de la guadaña era un destello negro que cortaba el aire, pero Tyr avanzó como un animal desatado. Con cada paso, sus hachas se movían en un torbellino de destrucción, bloqueando y desviando cada golpe de la guadaña maleable. La velocidad de sus manos era una locura, y el sonido metálico de las armas chocando era ensordecedor.

El ser, por primera vez, se detuvo incrédulo al ver cómo su arma, diseñada para ser indomable, era repelida por puro instinto y fuerza bruta. Con un tono de desconcierto que apenas lograba ocultar su frustración, murmuró:

—¿Cómo es posible que haya detenido mis ataques?

Antes de que pudiera reaccionar, Tyr dio un salto con ambas hachas alzadas, listo para partirlo en dos. Pero el ser no era tan fácil de intimidar. Con una velocidad explosiva, giró sobre sí mismo y lanzó un puñetazo directo al rostro de Tyr, deteniendo su embestida en pleno aire. El impacto fue tan brutal que el eco del golpe retumbó como un trueno, lanzando a Tyr hacia atrás. Sin embargo, en lugar de caer, Tyr giró en el aire y aterrizó sobre sus pies, limpiándose con el dorso de la mano la sangre que escurría de su boca.



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En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 26.02.2026

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