Fallen Gods

#9 FRENTE AL ABISMO

El campo de Joktldar ardía en un caos silente. La nieve, ennegrecida por el fuego y la sangre, crujía bajo las garras de Fenrir, que se mantenía firme, con el pelaje erizado y las fauces manchadas del combate anterior. Sus ojos brillaban con la furia del lobo ancestral, pero esperaban una orden.

Frente a él, Thor se adelantó, envuelto en electricidad chispeante que retumbaba con cada paso. Su voz retumbó como un trueno.

—¡No te metas en esto, Fenrir! —gruñó con el Mjolnir vibrando en su puño—. Este es mío.

El lobo gruñó, bajando la cabeza ligeramente, como un depredador esperando la señal final. Pero entonces, desde el suelo, una voz debilitada pero cargada de urgencia rompió la tensión.

—¡No seas estúpido!

Todos voltearon. Loki, aún postrado, con el cuerpo lleno de quemaduras, su ropa rasgada y la sangre cubriendo su rostro, había reunido fuerzas desde lo más profundo de su ser. Su mirada estaba fija en su compañero de batalla.

—¡Thor, no puedes vencerlo solo! ¡No lo entiendes… ese ser… es distinto a todo lo que hemos enfrentado! —jadeó, su voz temblaba por el dolor, pero ardía con verdad.

Volvió su mirada a Fenrir, el lobo que le debía lealtad más allá de la sangre.

—¡No lo dejes hacerlo solo! —gritó con desesperación—. ¡No lo dejes morir como un tonto por orgullo!

El viento helado pareció silenciarse por un segundo.

Fenrir levantó la cabeza, sus colmillos brillando bajo la luna oculta. Thor no apartó la mirada de su enemigo, pero algo en su pecho se movió... esa terquedad que a veces le servía, ahora lo traicionaba. Sabía que Loki no hablaba por miedo... sino porque había visto algo que ellos no.

El ser que enfrentaban, seguía de pie sin una sola herida visible. Había recibido rayos, mordidas, embestidas, y seguía ahí. Quieto. Tranquilo. Como si ni siquiera hubieran empezado a luchar.

Y entonces, una carcajada profunda e inhumana se escuchó detrás de ellos.

—Hermoso... —dijo con voz rasposa—. Hermoso ver cómo se derrumba la esperanza, poco a poco.

El lobo dio un paso al frente, y el trueno se agitó en el cielo.

—¡Fenrir! —gritó Thor— ¡Ataquemos juntos!

El lobo rugió, y ambos se lanzaron con sincronía aterradora. Thor voló en picada, lanzando rayos como lanzas de ira divina, mientras Fenrir zigzagueaba a toda velocidad por el suelo, una sombra letal. Cuando el Mjolnir golpeó el suelo, una onda expansiva envolvió al enemigo. El Ser, sin moverse, simplemente alzó la mano. La explosión se disipó como humo.

Fenrir saltó con sus colmillos dirigidos al cuello de la criatura, mientras Thor bajaba desde el cielo a toda velocidad, listo para impactarlo por la espalda. Un grito, un relámpago, un rugido de guerra...

Pero entonces sucedió.

En un movimiento imposible, el Ser desapareció, como si se hubiera fundido con la propia oscuridad. Fenrir cayó en seco, rodando sobre el polvo. Thor frenó en el aire, buscando con la mirada.

—¡Dónde estás, cobarde! —tronó el dios del trueno.

Y entonces apareció. Desde la sombra misma del cuerpo de Thor, el Ser emergió como un espectro de pesadilla, y con una rapidez sobrehumana, clavó la empuñadura de su guadaña en el estómago de Thor, haciéndolo escupir sangre.

Fenrir, furioso, cargó contra él, desgarrándole parte del brazo con sus colmillos. Pero el Ser no gritó. No se inmutó. En lugar de retroceder, tomó al lobo por el cuello, lo levantó como si fuera una presa, y lo estrelló brutalmente contra el suelo, una, dos, tres veces, hasta que el cráter bajo Fenrir parecía una tumba.

Thor se reincorporó, los rayos chispeando en su cuerpo. Su mirada cruzó con la de Fenrir. No hablaron. No necesitaban hacerlo.

Los dos cargaron una vez más, pero el Ser ahora danzaba entre ellos. No peleaba… ejecutaba. Cada movimiento era una cátedra de violencia y precisión. Golpeaba a Thor con la parte roma de su guadaña, lo arrojaba contra Fenrir, y cuando el lobo intentaba morder, él desaparecía, para reaparecer detrás de Thor y romperle parte del pecho con un solo impacto directo.

El aire se llenó de sangre, polvo y truenos. La tierra temblaba. Joktldar, ese bastión nórdico, se caía a pedazos.

Finalmente, Fenrir clavó sus colmillos en la pierna del Ser. Thor, con la oportunidad abierta, cargó un rayo tan intenso que su cuerpo quedó marcado por la energía. Lo lanzó con toda la fuerza que le quedaba…

La explosión iluminó el campo de batalla, tiñendo todo de blanco por un segundo.

Cuando el humo se disipó…

El Ser aún estaba de pie. Su túnica hecha de oscuridad flotaba como una llama maldita. Su máscara no mostraba emoción alguna. Solo levantó su guadaña lentamente…

—Son buenos… —dijo con una voz que parecía venir del fondo de un abismo eterno— …pero no son suficientes.

La batalla había llegado a su fin, y el terreno se había convertido en un campo de desolación. Thor y Fenrir yacían tendidos en el suelo, sus cuerpos destrozados, agonizando con cada respiración que quedaba en ellos. El Ser se acercaba con una calma ominosa, su guadaña en alto, dispuesto a darles el golpe final. La oscuridad se cernía sobre ellos como una sombra definitiva.



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En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 26.02.2026

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