Fallen Gods

CAPITULO #11 PARTE 2: El Origen Olvidado

Pero entonces... se escuchó una risa. Grave, rasposa… y cada vez más fuerte.

De entre la nube de polvo emergió el Ser, su armadura resquebrajada, parte de su rostro visible, su expresión... llena de ira y euforia.

—Bien... —dijo caminando lentamente—. ¡Entonces es hora de dejar de jugar!

Camina entre las ruinas humeantes con lentitud, su capa desgarrada ondeando con cada paso, sus ojos llameantes clavados en Odín.

Odín, jadeando con dificultad, empuña su lanza con firmeza. Su cuerpo sangra, su rostro refleja la furia y la determinación de un dios… pero también la duda. Sabe que el poder que acaba de liberar debió acabar con cualquier otra criatura. Pero ese ser seguía en pie. Más aún, parecía disfrutarlo.

—Tienes poder, viejo lobo —murmura el Ser, con una voz que no era del todo suya, como si en ella hablaran ecos de mil siglos—. Pero el poder no siempre es sinónimo de verdad.

Odín no responde. Sus ojos analizan a su oponente, esperando el próximo ataque… hasta que el Ser se detiene, y su voz resuena más grave, más personal.

—Dime, Odín… ¿recuerdas a tu padre?

La pregunta fue un golpe más doloroso que cualquier guadaña. Odín frunció el ceño, su respiración se cortó un instante. Trató de buscar en su mente, entre los recuerdos antiguos… pero nada. Fragmentos. Sombras. Nada más allá de su ascenso al trono.

—¿Qué clase de juego es este? —gruñó, más para sí que para su enemigo.

—No es un juego —respondió el Ser con frialdad—. Es una revelación. Una que llevas siglos evitando. Dices ser padre de dioses, pero ni siquiera sabes de dónde vienes tú.

Odín retrocedió un paso, sus dedos se cerraron con fuerza sobre Gungnir. Apretó la mandíbula.

—¡Mientes!

—¿De verdad? —dijo el Ser, acercándose, con voz baja pero penetrante como un susurro en el alma—. ¿Entonces dime… cuál fue tu primer recuerdo? ¿Cómo eras antes del trono? ¿Quién te enseñó la magia? ¿Quién te nombró “Rey de los Aesir”?

Odín calló.

El Ser sonrió. No una sonrisa amable, sino una de esas que se clavan en la memoria.

—Los Aesir… no nacieron. Fueron creados. Diseñados. ¿Por qué crees que tú y tus hermanos son tan distintos? Porque cada uno fue moldeado para un propósito… como armas… como piezas.

Odín parecía resistirse. Sacudía la cabeza con furia.

—¡No puede ser!

—¿Y por qué crees que tú, de todos los mundos, no tienes memorias más allá de tu reinado? ¿Nunca te has preguntado por qué el conocimiento más antiguo te es negado, incluso a ti?

Odín cayó de rodillas, no por debilidad física, sino por la fuerza aplastante de la verdad que lo desbordaba.

El Ser siguió:

—Ustedes fueron construidos… por algo mucho más antiguo que tú, que Nictofer, que incluso este universo. Seres que vieron el caos, lo moldearon… y luego lo abandonaron. Porque sabían que eventualmente… toda creación se volvería contra su creador. Y ahora... tú empiezas a recordar. ¿No es así?

Un silencio aterrador envolvió el campo de batalla.

Odín levantó la vista, y por primera vez, no vio solo a su enemigo. Vio a un mensajero. Un portador de una verdad que había estado enterrada por eras.

—¿Qué eres tú entonces…? —susurró con la voz rota.

El Ser se acercó un poco más, agachándose apenas, sus ojos al nivel de los de Odín.

—Yo soy el recordatorio. De que incluso los dioses... fueron creados por algo que ya no los considera necesarios.

Entonces, con un gesto seco, el Ser se giró y dio unos pasos hacia atrás, dejando a Odín con esa verdad quemándole el alma.

El eco de la revelación aún flotaba en el aire.

Y en el horizonte, las nubes parecían oscurecerse más.

El aire se había tornado más denso. Las heridas de Odín ardían, pero no era el dolor físico lo que lo estremecía.

Era lo que acababa de escuchar.

El Padre de Todo, el Rey de los Aesir, aquel que había mirado a los gigantes a los ojos sin parpadear… estaba temblando. No por miedo. Por vacío.

—No… —balbuceó, clavando su lanza en el suelo para sostenerse—. ¡No tiene sentido! ¡Yo... yo recuerdo la guerra contra los Vanir, recuerdo la fundación de Asgard!

—¿Recuerdas...? —interrumpió el Ser, caminando lentamente en círculos a su alrededor—. ¿O solo lo crees porque esa es la historia que decidieron grabar en tu mente?

—¡Cállate! —bramó Odín, con voz desgarrada, como si gritara para no escuchar su propia mente rompiéndose—. ¡No puedes mentirme así!

—¿Mentirte...? —susurró el Ser, deteniéndose detrás de él—. ¿O es que sabes, en el fondo, que no tienes memoria más allá de un muro invisible? ¿Cuándo fue la última vez que recordaste la risa de tu madre? ¿El rostro de tu padre? ¿Tu niñez? ¿La primera vez que viste el cielo?

Odín giró sobre sí mismo con violencia, con los ojos húmedos, pero llenos de ira.

—¡BASTA! —rugió. El campo entero tembló.



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En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 16.04.2026

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