Fallen Gods

CAPITULO #12 PARTE 2: El Éxodo de los Jotuns

Loki deseaba permanecer un instante más en los brazos de Angrboda, aferrarse a esa calidez que parecía arrancada de un mundo que ya no existía. Pero sabía que no había tiempo. Con un suspiro pesado, se apartó ligeramente, aunque sus manos temblaban al soltarla.

—Angrboda… —dijo con voz grave, casi quebrada—. Nuestro hogar ya no es seguro. Joktldar… Jotunheim entero… ha dejado de pertenecernos.

Ella lo miró fijamente, sin comprender del todo, como si las palabras no terminaran de tener sentido. Loki se obligó a continuar.

—Debemos partir —añadió, la voz endureciéndose—. No queda otra salida… tenemos que realizar un éxodo. Iremos a Midgard.

Angrboda dio un paso atrás, sorprendida, casi sin poder articular respuesta. Sus ojos se abrieron con incredulidad, como si lo que había escuchado fuera una traición al suelo que los había visto nacer.

—¿Un éxodo…? ¿A Midgard? —murmuró, apenas logrando pronunciarlo, el desconcierto reflejado en su rostro.

El silencio se hizo entre ambos, pesado, insoportable, cargado de preguntas sin respuesta.

Angrboda frunció el ceño, sus labios temblaban entre la incredulidad y la rabia contenida. Dio un paso hacia él, alzando la voz como pocas veces lo hacía.

—¿Un éxodo? ¿Loki… por qué? —lo miró directamente a los ojos, buscando alguna respuesta que pudiera darle sentido a aquella decisión—. ¿Cómo puedes siquiera pensar en algo así? ¡Jotunheim es nuestro hogar, nuestro reino! Ha sido nuestro refugio desde siempre… el suelo que nos vio nacer, el lugar por el que nuestros ancestros dieron su vida.

Su tono se quebró, cargado de dolor.

—No podemos simplemente abandonarlo porque atravesamos tiempos difíciles… ¿Qué dirá nuestra gente, Loki? ¿Qué dirán de nosotros? ¿Qué será de quienes no puedan seguirnos?

Angrboda apretó los puños, su voz se volvió un susurro lleno de reproche.

—¿Acaso piensas que el miedo basta para desterrar nuestras raíces?

El silencio que siguió fue como un filo invisible que separaba a ambos, mientras Loki contenía la respuesta en su pecho, sabiendo que cada palabra que dijera podía romper más que las paredes de un reino: podía romper la fe de la mujer que más amaba.

Loki la sujetó de los hombros, con la voz quebrada por la urgencia.

—¡No, Angrboda, no entiendes! —su respiración era agitada, como si cada palabra fuera un rayo desgarrando la noche—. Esto no es un simple momento de dificultad, ¡es el fin de nuestro pueblo si no actuamos!

Sus ojos, enrojecidos por la angustia, buscaron los de ella con la fuerza de alguien que ya había visto demasiado dolor.

—Sé lo que significa este lugar… sé lo difícil que es siquiera pensar en dejar atrás el suelo donde crecimos, donde yacen nuestros muertos, donde aprendimos a ser lo que somos. Pero si nos aferramos a estas ruinas por orgullo… nuestra gente desaparecerá, Angrboda. ¡Se extinguirán todos!

Apretó con fuerza sus manos, casi suplicando.

—Prefiero cargar con la culpa de arrancarlos de su hogar que cargar con la culpa de verlos morir aquí, uno por uno, hasta que no quede nada.

La voz de Loki tembló, y por primera vez ella pudo verlo sin su máscara de ingenio y firmeza: solo un hombre desesperado por salvar a los suyos, incluso si eso significaba perderlo todo.

Los ojos de Angrboda se clavaron en la runa que colgaba en el cuello de Loki, brillando débilmente como si se burlara de todo lo que habían sufrido. Su voz se quebró, una mezcla de enojo y angustia que había intentado contener demasiado tiempo.

—¡Todo esto… todo lo que hemos perdido ha sido por esa maldita runa! —exclamó, y sus palabras resonaron como un látigo en el silencio del refugio—. Tal vez… tal vez nunca debiste cargar con un peso tan cruel, Loki.

Sus manos temblaban, no de rabia hacia él, sino de la impotencia de ver a su pueblo, a su familia, a todo lo que amaba, desmoronarse por una carga que parecía no tener fin.

Loki apretó los puños, su voz cargada de un peso que parecía quebrarle la garganta:

—Si tomara otro camino… quizás salvaría a mi pueblo —dijo con amargura, bajando la mirada—. Pero al hacerlo… condenaría a todos los demás reinos.

Se llevó una mano al pecho, como si la runa colgando de su cuello ardiera.

—Y aunque eso asegurara la seguridad de los nuestros, ¿cómo podría yo vivir sabiendo que fui yo quien entregó la llave para que devoren los mundos? —sus ojos brillaban con un fuego entre la furia y el dolor—. Cargaría para siempre con la culpa de miles de millones de inocentes muertos… y ni siquiera la victoria sabría a nada.

El silencio se extendió entre ambos, pesado como un juicio. Angrboda lo observaba, sin atreverse a interrumpir, viendo a un Loki desgarrado entre su deber y el amor por los suyos.

Loki la miró a los ojos con una intensidad que le temblaba en la voz.

—Sé que duele… —dijo en un susurro áspero, cargado de cansancio—. Pero un reino no son sus murallas ni su tierra helada. Nuestro hogar… siempre será donde estén nuestra gente, y las personas que amamos.

Angrboda apretó los labios, luchando contra las lágrimas.



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En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 16.04.2026

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