Fallen Gods

CAPITULO #13 PARTE 3: El Precio de la Esperanza

El polvo comenzó a disiparse lentamente, dejando ver las siluetas entre la bruma ardiente.

Odin extendió su mano, y Gungnir respondió al llamado. La lanza dorada cruzó los cielos con un silbido agudo y regresó a su dueño, encajando en su palma con un golpe seco.

Balder, aún de rodillas, alzó la vista hacia su padre.

—Padre… —murmuró con la voz quebrada—, me salvaste… te debo la vida.

Odin colocó su mano sobre el hombro de su hijo, con una leve sonrisa que no alcanzaba a ocultar el cansancio en su rostro.

—No me la debes, Balder. Aún no.

Thor se acercó tambaleante, el martillo en mano, con el rostro cubierto de polvo y sangre.

—¿Padre… estás bien?

Odin asintió lentamente, sin apartar la mirada del horizonte donde aún danzaban los últimos rastros de la explosión.

—Sí… pero no por mucho tiempo.

Los tres hermanos intercambiaron miradas confundidas.

Odin respiró hondo y habló con gravedad, su voz resonando como el retumbar de un trueno lejano.

—Jotunheim está en éxodo hacia Midgard. Las rutas ya fueron abiertas. Los clanes se están retirando… pero no todos llegarán.

Thor frunció el ceño, golpeando el suelo con el martillo.

—Entonces iremos con ellos, padre. Si ese bastardo sigue con vida, lo terminaremos juntos.

Odin negó con la cabeza.

—No, hijo mío. Nada de lo que hagamos ahora definirá la victoria. —Su tono era firme, pero lleno de una tristeza contenida—. Astaroth no está muerto. Su poder… es comparable al de Nictofer. Y esta vez, no hay runa que pueda sellarlo.

El silencio pesó sobre los tres dioses como una sentencia.

Balder dio un paso al frente.

—Entonces, ¿qué haremos?

Odin los miró uno a uno, con el fuego del deber ardiendo en su único ojo.

—Solo queda una opción. —Su voz se volvió casi un susurro, pero con la autoridad de un dios que aceptaba su destino.— Yo me quedaré.

Thor lo miró horrorizado.

—¡No digas estupideces! ¡No te abandonaremos!

Odin levantó una mano, deteniéndolo.

—Hijo… no es abandono. Es deber. Si Astaroth vuelve a levantarse, debe ser detenido aquí, antes de que alcance Midgard, antes de que consuma los reinos.

Su mirada se endureció, una mezcla de resignación y orgullo.

—Llévense a los supervivientes. Protejan el éxodo. Si yo caigo… que mi caída sirva para contener la oscuridad, al menos por un tiempo más.

—¡No! ¡No puede pedirnos eso! —gritó Thor, con el rostro manchado de sangre y la voz quebrada por la rabia.

Balder, a su lado, negó con la cabeza.

—Padre… no podemos dejarte aquí. Es una idea absurda. ¡Es una locura!

Odin permanecía inmóvil, su silueta recortada entre el humo y el resplandor de las brasas que aún ardían en el campo.

—Aunque los cuatro huyéramos juntos, —dijo con voz grave y serena— ese infeliz no lo permitiría. Nos perseguiría. Alguien debe enfrentarlo.

Balder dio un paso adelante, apretando el puño con fuerza.

—Si ese es el asunto… entonces Thor y yo nos quedaremos a pelear. —Se volvió hacia su hermano mayor—. Tú llévate a Tyr.

Thor miró el cuerpo inconsciente de su hermano menor, sostenido entre sus brazos. La respiración de Tyr era débil, su cuerpo destrozado por la batalla.

—No pienso dejarte aquí, padre —dijo con firmeza—. Si Astaroth sigue con vida, lo enfrentaremos juntos, como lo hicimos antes.

Odin bajó la mirada, con un cansancio que iba más allá de la batalla.

—No. —Su voz fue un trueno apagado, pero indiscutible—. No permitiré que lo hagan.

Los tres lo miraron sorprendidos.

Odin continuó, su tono cargado de una mezcla de orgullo y dolor paternal:

—Ustedes tres son el futuro de Asgard. Ya demostraron de lo que son capaces: arrinconaron a Astaroth más de una vez, y juntos son imparables. Pero si se quedan… todo habrá sido en vano.

Balder bajó la cabeza, apretando la empuñadura de su espada con furia.

—Entonces, ¿debo aceptar que nos mandas a huir mientras tú mueres aquí?

Odin se acercó a él, posando una mano en su hombro.

—No los mando a huir, hijo mío. Los mando a vivir.

Su voz tembló por primera vez, aunque su mirada seguía ardiendo con determinación.

—Nada me daría más honor que dar mi vida por ustedes. Si mi muerte garantiza que sigan respirando, que Midgard no caiga y que los reinos tengan esperanza… entonces mi destino ya está decidido.

Thor bajó la mirada, con los puños temblando.

—No puedo... —susurró, con la voz rota—. No puedo perderte otra vez.

Odin levantó la barbilla de su hijo con suavidad.



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En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 16.04.2026

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