Fallen Gods

CAPITULO #14 PARTE 3: La Trampa

Cuando Loki estuvo finalmente frente a Furcas, se detuvo a un par de pasos y bajó la mirada. No parecía un gesto de derrota, sino el de alguien que ha aceptado una decisión terrible. Furcas observó la runa, el silencio, la quietud en su postura… y sonrió con abierta satisfacción.

—Muy bien —dijo—. Sabía que al final prevalecería la sangre sobre la corona.

Extendió ligeramente la mano.

—Solo falta una última cosa. Como sabrás, el ritual no puede completarse sin la sangre de quien conjuró el hechizo. Y dado que eres el único descendiente de Farbautti… haz los honores.

Loki permaneció inmóvil unos segundos. Luego alzó la mirada. Ya no había duda en sus ojos, solo una determinación fría.

—¿Con cualquiera de los dos funciona?

Furcas frunció el ceño, desconcertado.

—¿Qué…?

No alcanzó a terminar.

Un estruendo estalló a su espalda. Una masa enorme emergió desde atrás y las fauces de un licántropo gigantesco se cerraron brutalmente sobre su hombro. El crujido de la carne desgarrándose se mezcló con un gruñido ahogado cuando Furcas perdió el control de la lanza y esta abandonó el cuerpo de Lauffey.

La bestia no le dio tiempo de reaccionar. Lo arrastró por el suelo con una violencia salvaje, levantando tierra y fragmentos de roca a su paso, hasta que finalmente sacudió el cuello y lo lanzó varios metros lejos de allí.

Furcas rodó con fuerza antes de detenerse. Por primera vez desde que todo había comenzado, algo parecido a la sorpresa cruzó su rostro.

Alzó la vista.

La criatura estaba junto a Loki.

Inmóvil. Vigilante.

Entonces el cuerpo del licántropo comenzó a contraerse. El pelaje se replegó, los huesos se recolocaron con un sonido seco, y la forma monstruosa se deshizo hasta revelar una silueta completamente conocida.

Furcas entrecerró los ojos.

No podía ser.

Dos Lokis permanecían ahora uno al lado del otro, idénticos hasta en el más mínimo detalle. El verdadero no sonreía; el otro, en cambio, ladeó apenas la boca.

En ese instante, Furcas lo comprendió.

Nunca había estado negociando con una presa.

Había estado hablando con el maestro del engaño.

Loki no apartó la vista de Furcas hasta asegurarse de que no se levantaría de inmediato. Entonces giró apenas la muñeca y el hielo que aprisionaba a Fenrir se resquebrajó con un crujido seco antes de desmoronarse por completo. El lobo cayó pesadamente, sacudió las patas para recuperar la movilidad y alzó la cabeza hacia Loki con una mezcla de incredulidad y furia.

Pero Loki ya se había arrodillado junto a Lauffey. La sangre seguía brotando con un ritmo alarmante. Durante un breve instante dudó, no por temor, sino midiendo el daño. Luego sujetó la lanza con firmeza. —Madre… —murmuró. La retiró con cuidado, en un movimiento lento y controlado. El cuerpo de Lauffey se estremeció y un gemido débil escapó de sus labios, pero Loki presionó la herida de inmediato para contener el sangrado. Después la levantó entre sus brazos con una delicadeza impropia del campo de batalla, como si aún pudiera protegerla de todo.

Caminó hacia Fenrir sin apresurarse, aunque la tensión hacía que cada segundo pesara más que el anterior. El lobo los observó llegar, sus ojos brillando. —Eres un sinvergüenza maldito —gruñó—. ¡Estuve a punto de romper mis propias ataduras intentando detenerte!

Loki se arrodilló y acomodó a Lauffey con cuidado contra el suelo firme. —Tenía que hacerlo convincente —respondió con voz baja—. Furcas no es un idiota… si percibía una sola duda, la habría matado. Su mirada descendió hacia la sangre que cubría sus manos y la mandíbula se le tensó. —Pero no esperaba que la lastimara a este grado…

El silencio duró apenas un instante. Loki alzó la vista y sus ojos recuperaron esa frialdad peligrosa que precede a las decisiones irrevocables. —Protégela.

No sonó como una petición. Fenrir lo entendió al instante. Entrecerró los ojos y preguntó: —¿Qué es lo que vas a hacer?

Loki no respondió. Se puso de pie lentamente. El aire alrededor comenzó a enfriarse, casi imperceptible, como si el mundo mismo contuviera el aliento. Enderezó los hombros y giró hacia la dirección donde Furcas había sido arrojado. Su rostro estaba en calma, pero no era serenidad… era algo mucho más oscuro. Fenrir no necesitó oír la respuesta para comprenderlo. Esto ya no era un rescate. Era el momento en que alguien iba a pagar. Y Loki ya había tomado esa decisión.

Furcas escupió sangre a un costado mientras intentaba incorporarse. Su respiración era pesada ahora, irregular, muy lejos de la calma dominante que había mostrado hacía unos momentos. Aun así, sus ojos permanecían fijos en Loki, cargados de incredulidad. —¿Cómo… fue posible…? —preguntó con voz áspera.

Loki avanzó unos pasos, sin prisa, como si el campo de batalla le perteneciera. —En el momento en que Fenrir me arrojó contra el suelo —respondió con frialdad— mis manos hicieron contacto con el hielo. No fue un accidente… fue suficiente. Canalicé mi energía a través de la superficie congelada, lejos de tu vista. Dejé que viajara por debajo de nosotros, en silencio.



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En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 06.05.2026

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