Fallen Gods

CAPITULO #15 PARTE 1: El Precio de la Venganza

El domo blanco terminó de cerrarse con un zumbido profundo, como si el propio mundo acabara de contener la respiración. La luz que emanaba de aquella prisión distorsionaba el aire, doblando las sombras y silenciando todo lo que existía más allá de sus límites. Dentro, solo quedaban dos voluntades enfrentadas: la del general que había aprendido a quebrar reyes… y la de un hijo cuya furia había superado cualquier corona. El hielo bajo los pies de Loki crujía suavemente, respondiendo a su poder desbordado, mientras sus dagas brillaban con un frío mortal. Aquello ya no era un rescate. No era una batalla más. Era el instante en que el dolor debía pagarse… y Furcas estaba a punto de descubrir el precio.

Fenrir permanecía fuera del domo, inmóvil como una muralla viviente, mientras la luz blanca se reflejaba en su pelaje y hacía brillar sus ojos con una dureza casi mineral. No apartaba la mirada de aquella prisión luminosa; podía sentir la energía de Loki vibrar desde dentro, desbordada, peligrosa.

A sus pies, Lauffey luchaba por aferrarse a la conciencia. Su respiración era irregular y cada inhalación parecía costarle más que la anterior. Parpadeó varias veces, intentando entender dónde estaba, intentando ordenar el caos.

—¿Dónde… está Loki…? —murmuró apenas.

Fenrir no volteó.

—Está siendo un imbécil.

Sus orejas se tensaron.

—Está a punto de cruzar un límite del que ya no hay retorno.

El viento helado arrastró pequeños cristales de hielo contra el suelo. Fenrir mostró levemente los colmillos, no por amenaza… sino por preocupación.

—La rabia lo está guiando —continuó—, y cuando un poder como el suyo se alimenta de algo así… no deja nada intacto.

Entonces, por primera vez, bajó la mirada hacia ella.

—Ni siquiera a quien lo empuña.

Furcas permanecía arrodillado sobre el hielo resquebrajado. Su respiración aún era pesada por el impacto del ataque, pero la sonrisa que comenzaba a dibujarse en su rostro no era la de un hombre derrotado. Sus ojos recorrieron a Loki con calma… demasiado calma. Vio la tensión en sus hombros, el leve temblor en sus manos, la forma en que su pecho subía y bajaba buscando aire. Sintió lo que quedaba en el ambiente.

Nada.

El domo seguía erguido, imponente, devorando una cantidad absurda de energía… y Loki era quien pagaba el precio.

Una risa baja escapó de la garganta de Furcas.

—Mírate… —dijo, incorporándose apenas—. Tanto poder para encerrarme aquí, para jugar al verdugo… y te has vaciado por completo.

Clavó la punta de su arma en el hielo para ayudarse a levantar.

—Dime, príncipe… cuando todo esto termine, ¿con qué piensas matarme? ¿Con tu orgullo?

Loki no respondió de inmediato. Sus ojos no se apartaban de él; ardían con una intensidad que no necesitaba magia para sentirse peligrosa.

—No necesito poder para hacerte gritar —dijo al fin, con una voz baja, afilada.

Furcas sonrió más.

—Esa es la diferencia entre nosotros. Tú sigues creyendo que esto es una batalla de fuerza… cuando siempre fue una batalla de voluntad.

Loki dio un paso al frente. El hielo crujió bajo su bota.

—Te equivocas —respondió—. Esto dejó de ser una batalla en el momento en que tocaste a mi madre.

El aire pareció tensarse.

—Ahora… es un ajuste de cuentas.

Por primera vez, la sonrisa de Furcas se volvió más estrecha, más cautelosa.

Porque el poder podía agotarse…

Pero había algo en la mirada de Loki que no se había reducido en lo más mínimo.

Furcas terminó de ponerse en pie, limpiándose con el dorso de la mano la sangre que descendía desde su ceja. Observó a Loki un momento en silencio, como si midiera lo poco que quedaba de él… y luego chasqueó la lengua con desprecio.

—Deja de gastar saliva —dijo con desdén—. Si vas a intentar matarme, hazlo de una vez. Dame lo mejor que tengas… aunque empiezo a sospechar que esto es todo lo que eres sin tus trucos.

Inclinó ligeramente la cabeza, estudiándolo.

—Qué decepción… El heredero de Farbautti, reducido a un hombre común. Sin poder, sin corona… solo un hijo asustado jugando a ser rey.

Los dedos de Loki se tensaron.

Furcas sonrió, disfrutándolo.

—Ahora lo entiendo… No protegías la runa por deber —continuó—. Era lo único que te hacía parecer grande.

El golpe fue inmediato.

El puño de Loki se estrelló contra el rostro de Furcas con una violencia seca, haciendo que su cabeza se girara bruscamente. El impacto resonó dentro del domo.

Pero Furcas solo escupió sangre… y rio.

Una risa ronca, provocadora.

—¿Eso fue todo?

El segundo golpe llegó aún más fuerte. Luego otro. Y otro.

Loki no hablaba. Cada puñetazo iba cargado de algo más profundo que la rabia; era miedo, impotencia, el eco del dolor de su madre aún latiendo en su cabeza. Sus nudillos comenzaron a abrirse, la piel desgarrándose contra los pómulos duros del general.



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En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 06.05.2026

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