Fallen Gods

CAPITULO #15 PARTE 2: La Convicción del Monstruo

El domo palpitaba con aquella luz blanca e inquietante, su superficie ondulaba como si el propio tejido de la realidad estuviera siendo estirado desde dentro. Desde el exterior no era posible distinguir nada con claridad; las siluetas se deformaban, los movimientos se volvían irreconocibles y el silencio era absoluto. El campo no solo alteraba el tiempo… también negaba la vista y el sonido a cualquiera que intentara atravesarlo con la mirada.

Fenrir no sabía qué estaba ocurriendo dentro.

Pero algo estaba mal.

Muy mal.

A sus pies, la respiración de Lauffey comenzó a romper su propio ritmo. Cada inhalación era más corta que la anterior, más débil. Un estremecimiento sacudió su cuerpo y un quejido apenas audible escapó de su garganta. Fenrir bajó la cabeza de inmediato, alerta. Con una delicadeza sorprendente para alguien de su tamaño, deslizó su enorme pata para acomodarla, evitando que el frío del hielo le robara más calor.

Fue entonces cuando lo vio.

La herida.

La piel alrededor de la perforación ya no tenía su color natural. Una sombra oscura empezaba a extenderse desde el punto donde la lanza la había atravesado, filtrándose bajo la piel como raíces quebradas. No era un sangrado común… aquello avanzaba.

Lento.

Implacable.

El hocico de Fenrir se tensó mientras observaba cómo finas líneas ennegrecidas comenzaban a dibujarse alrededor de la herida.

—Esto no me gusta… —gruñó por lo bajo.

Acercó el rostro, percibiendo el calor irregular que emanaba de su cuerpo. Lauffey temblaba, y no solo por el frío.

Fenrir levantó la mirada hacia el domo. La luz seguía danzando sobre la superficie, indiferente.

—¡LOKI! —rugió, aunque sabía que era inútil.

El campo se tragó su voz sin devolver ni el más mínimo eco.

Volvió a mirar a Lauffey, y algo pesado se asentó en su pecho. Había visto heridas terribles antes, había presenciado campos de batalla cubiertos de muerte… pero aquello tenía algo distinto.

Algo que no debía estar ocurriendo.

Apoyó su pata con más firmeza junto a ella, como si su sola presencia pudiera mantenerla anclada a este mundo.

Y por primera vez desde que había comenzado el enfrentamiento…

Fenrir empezó a comprender que el tiempo podría no estar del lado de Loki.

Dentro del domo, el tiempo parecía haberse vuelto más denso, más pesado. Cada segundo caía como una losa. Loki no se detenía; sus puños descendían una y otra vez contra el rostro y el torso de Furcas, golpes secos que hacían crujir el aire helado. La sangre ya manchaba el hielo bajo sus pies, pero Loki no parecía verla. No veía nada. Solo golpeaba.

El impacto de otro puñetazo hizo que la cabeza de Furcas se ladeara, sin embargo, una risa ahogada escapó de su garganta.

No era la risa de un hombre que resiste.

Era la de alguien que estaba disfrutando.

Furcas escupió sangre, jadeó… y sonrió.

—Sí… —murmuró con voz rasgada—. Así es como debe sentirse tu odio.

Loki volvió a golpearlo.

El sonido fue brutal.

Furcas dejó caer una rodilla al suelo por el impacto, pero en lugar de debilitarse, sus hombros se tensaron, sus músculos se marcaron bajo la armadura dañada. Sus ojos brillaban con un fervor casi religioso.

—No te detengas… —susurró—. El dolor no me quiebra… me despierta.

Otro golpe.

Los nudillos de Loki ya estaban abiertos; la sangre corría por sus dedos, resbalando hasta el hielo. Su respiración era salvaje, desordenada.

Furcas alzó la mirada lentamente.

—¿Lo entiendes ahora? —dijo, dejando escapar una risa baja—. Guerreros comunes evitan el dolor… yo lo busco.

Escupió otro hilo de sangre.

—Cada impacto tuyo… me recuerda que sigo vivo. Que sigo en guerra.

Loki lo tomó del pecho y lo estrelló contra el suelo congelado. El hielo se fracturó bajo el cuerpo del general.

Furcas gruñó… pero la sonrisa no desapareció.

—Golpea más fuerte, príncipe —provocó—. Porque cuando tus brazos se cansen…

Sus ojos se afilaron.

—Va a ser mi turno.

El silencio que siguió fue peligroso.

Porque Loki estaba golpeando con furia.

Pero Furcas estaba peleando con algo mucho más aterrador que la fuerza.

Convicción.

El siguiente golpe de Loki se estrelló contra la mandíbula de Furcas… pero algo cambió. Una vibración recorrió el aire, sutil al principio, casi imperceptible. La luz del domo titiló por un instante.

Luego otra vez.

Como el latido moribundo de un corazón.

Loki no pareció notarlo; seguía descargando su furia, respirando con dificultad, cada vez más pesado, cada vez más lento. El campo blanco respondió a su desgaste: la superficie onduló con violencia y pequeñas grietas de luz comenzaron a dibujarse a lo largo de la barrera.



#3116 en Fantasía
#3341 en Otros
#391 en Aventura

En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 06.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.