Frente a él, Furcas escupió sangre y, con una calma inquietante, terminó de incorporarse. El crujido de sus huesos al acomodarse sonó casi liberador. Giró el cuello una vez, luego los hombros, como si acabara de despertar de un sueño profundo.
El domo parpadeó.
Una vez.
Dos.
Furcas lo miró con algo cercano al desprecio.
—¿Eso era todo…? —dijo, limpiándose la sangre del labio—. Tanto odio… para terminar así.
Loki intentó erguirse por completo, pero sus piernas no respondieron con la firmeza de antes.
Furcas dio un paso al frente.
—Ahora te mostraré… cómo golpea un verdadero guerrero.
El puño llegó sin advertencia.
No fue solo fuerza —fue técnica, peso, intención. El impacto contra el rostro de Loki fue brutal, seco, definitivo. El sonido se expandió dentro del domo como una ruptura.
Loki ni siquiera alcanzó a reaccionar.
Su cuerpo salió despedido varios metros, arrastrándose violentamente sobre el hielo hasta estrellarse contra el suelo. El aire abandonó sus pulmones en un jadeo roto.
En ese mismo instante, el domo se sacudió.
La luz titiló con violencia, perdiendo consistencia. Ondas irregulares recorrieron toda la estructura, como grietas invisibles propagándose a toda velocidad.
Afuera, el resplandor comenzó a fallar de forma alarmante.
Adentro, Loki intentó incorporarse, pero el mundo giraba. Un hilo de sangre descendía desde su frente, resbalando hasta su mentón.
Furcas avanzó sin prisa.
Cada paso suyo sonaba como un veredicto.
El domo volvió a parpadear —más fuerte esta vez— y durante una fracción de segundo, la barrera se volvió casi transparente.
No iba a resistir mucho más.
Furcas flexionó la mano, preparándose.
—Tu error —dijo con frialdad— fue creer que la rabia podía reemplazar al poder.
La luz tembló otra vez.
Y el final de aquella prisión… estaba peligrosamente cerca.
Loki apenas logró apoyar una rodilla sobre el hielo cuando la sombra de Furcas cayó sobre él. No hubo pausa. No hubo advertencia.
El primer golpe le hundió el rostro contra el suelo.
El impacto resonó con una violencia brutal, y el cuerpo de Loki rebotó apenas antes de quedar tendido. Intentó tomar aire, pero otro puñetazo se estrelló contra sus costillas, arrancándole un jadeo desgarrado.
—Levántate —ordenó Furcas, con una voz fría, dominante—. Hace un momento parecías dispuesto a despedazarme.
Silencio.
Solo la respiración rota de Loki.
Furcas lo sujetó del cabello y lo obligó a alzar la cabeza. La sangre caía lentamente desde la ceja abierta de Loki, resbalando por su mejilla.
—¿Dónde está todo ese coraje ahora? —escupió—. ¿Dónde quedó el monstruo que juraba hacerme gritar?
Lo soltó con desprecio y le propinó una patada que lo hizo rodar sobre el hielo.
El domo parpadeó.
La luz perdió intensidad por un instante.
—Mírate… —continuó Furcas, avanzando sin prisa—. No eres un rey. No eres un salvador.
Se inclinó ligeramente hacia él.
—Eres solo un perro rabioso… peligroso mientras muerde, pero inútil en cuanto se queda sin dientes.
Loki intentó incorporarse otra vez. Sus brazos temblaban de forma incontrolable; el hielo bajo sus manos estaba manchado de rojo.
Furcas no le dio tiempo.
El siguiente golpe fue fulminante.
Su puño descendió con todo el peso de su cuerpo y se estrelló contra el rostro de Loki. El sonido fue seco. Definitivo.
En ese mismo instante, el domo sufrió el parpadeo más violento desde que había sido creado. La barrera entera se deformó, la luz se fragmentó en cientos de destellos caóticos.
Una grieta luminosa cruzó la estructura.
Luego otra.
Y otra.
Por un segundo, todo quedó en silencio.
Después…
La prisión simplemente dejó de existir.
La luz se extinguió como una llama ahogada por el viento, y la presión que había contenido aquel espacio se liberó de golpe, expandiéndose hacia el exterior en una ráfaga invisible.
El tiempo volvió a su curso natural.
El frío real regresó.
El mundo… también.
Furcas se irguió lentamente sobre el cuerpo de Loki.
Libre otra vez.
La desaparición del domo fue violenta. La energía contenida se disipó en una ráfaga silenciosa que erizó el pelaje de Fenrir. Donde antes solo había distorsión, ahora el campo de batalla quedó expuesto.