Fallen Gods

CAPITULO #16 PARTE 3: El Momento en que Todo se Perdio

Fenrir avanzó un paso… y luego otro. Cada movimiento parecía arrancado a la fuerza de un cuerpo que ya había dado más de lo que cualquier criatura podía ofrecer. La sangre —propia y ajena— le cubría el pelaje en capas oscuras y pegajosas. Sus patas temblaban; no era miedo… era agotamiento puro. Aun así, se colocó frente a Loki, abriendo ligeramente su postura, convirtiéndose en un muro viviente entre Furcas y su presa.

Furcas observó el escenario en silencio. Los restos de sus bestias cubrían el campo como una alfombra grotesca, y en medio de aquella carnicería se alzaba Fenrir… todavía en pie.

Por primera vez desde que había comenzado aquella confrontación, Furcas no sonrió.

—Debo admitirlo… —dijo con una calma extraña—. Tu determinación es admirable.

Sus ojos recorrieron el cuerpo del lobo, deteniéndose en los múltiples puntos donde los aguijones habían penetrado.

—Cualquier otra criatura ya estaría suplicando por morir… pero tú sigues aquí.

Fenrir no respondió. Su respiración era pesada, profunda, cada exhalación salía como un vapor caliente mezclado con un gruñido bajo.

Furcas continuó:

—Sin embargo… nada de eso te servirá.

Hizo una breve pausa, casi con solemnidad.

—Los aguijones de mis bestias están impregnados con un veneno paralizador. No es inmediato… sería demasiado piadoso. Primero entumece los músculos… luego los vuelve piedra.

Los dedos de una de las patas de Fenrir se contrajeron apenas. Un espasmo involuntario.

Furcas lo notó.

—Ya debe estar recorriendo tu cuerpo. Calculo… no más de tres minutos antes de que no puedas moverte en absoluto.

El silencio que siguió fue pesado.

Pero Fenrir no retrocedió.

Clavó sus garras en la tierra para evitar que el leve temblor de sus patas lo delatara. Alzó la cabeza, mostrando los colmillos aún teñidos de rojo.

—Entonces… —gruñó, su voz grave, rasposa— tendré tres minutos para arrancarte la garganta.

Una ráfaga de viento cruzó el campo, agitando el pelaje ensangrentado del lobo.

—Hasta que eso pase… —añadió, sin apartar la mirada— no vas a dar un solo paso más.

Por un instante, el tiempo pareció tensarse entre ambos.

Furcas entrecerró los ojos.

No estaba viendo a una bestia.

Estaba viendo una voluntad.

Y comprendió algo peligroso:

Si Fenrir aún podía moverse…

entonces aún podía matar.

Pero lo que Fenrir no dijo…

era que el entumecimiento ya había comenzado a trepar por sus patas traseras.

Y aun así…

No pensaba caer.

Furcas observó a Fenrir tendido sobre el hielo, su enorme cuerpo apenas elevándose con respiraciones irregulares. Aun derrotado, la bestia mantenía esa presencia salvaje que hacía temblar el aire a su alrededor. El general empuñó su lanza con ambas manos, clavando su mirada en él.

—Debo admitirlo… —murmuró con una calma inquietante—. No esperaba encontrar una criatura como tú en este campo. Has sido un oponente digno.

Elevó la lanza lentamente, alineando la punta con el pecho de Fenrir.

—Y por eso… te concederé una muerte rápida.

El hielo crujió bajo su postura cuando tensó los músculos para ejecutar la estocada final.

—¡NOOOOO!

El grito de Loki rasgó el silencio.

Desde atrás, se abalanzó sobre Furcas con lo poco que le quedaba de fuerza, los brazos extendidos, la desesperación desfigurándole el rostro. No había estrategia en ese movimiento, solo un instinto primario: no permitir que Fenrir muriera.

Sus manos alcanzaron a sujetar el brazo de Furcas por un instante.

Fue un error.

Sin siquiera mirarlo, Furcas desplazó una pierna hacia atrás y, con un movimiento seco y brutal, lo apartó de una patada. El golpe impactó de lleno en el torso de Loki, arrancándole el aire y arrojándolo contra el hielo. El sonido de su cuerpo deslizándose sobre la superficie helada fue áspero, casi humillante.

Loki intentó incorporarse de inmediato, jadeando, ignorando el dolor que le comprimía el pecho.

—¡Déjalo…! —escupió, arrastrándose—… ¡tómame a mí!

No terminó la frase.

Furcas giró el mango de su lanza y lo estrelló contra Loki con violencia calculada. El impacto lo derribó otra vez, haciéndolo rodar varios metros antes de detenerse. Durante un segundo, Loki solo vio blanco; el mundo le zumbaba en los oídos.

Furcas volvió su atención a Fenrir como si nada hubiera ocurrido.

Como si Loki no representara amenaza alguna.

La punta de la lanza descendió lentamente.

El tiempo pareció detenerse.



#3116 en Fantasía
#3341 en Otros
#391 en Aventura

En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 06.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.