Fallen Gods

CAPITULO #17 PARTE 1: La Derrota que Marco el Camino

El hielo crujía bajo el peso del silencio. Donde minutos antes había choque de acero y rugidos de bestias, ahora solo quedaba el eco del viento arrastrando el olor metálico de la sangre. Loki permanecía de rodillas, las manos teñidas de rojo y temblorosas, incapaz de apartar la vista de los cuerpos que yacían ante él: Fenrir, apenas consciente, respirando con dificultad mientras el veneno avanzaba por sus venas como sombras bajo la piel… y Laufey, cuya carne comenzaba a tornarse de un púrpura oscuro que no prometía misericordia. El mundo no se había detenido, pero para Loki, en ese instante, todo lo demás dejó de existir.

Loki dio un paso al frente, tambaleante, con el pecho ardiendo y la magia apenas susurrándole en las venas como un eco moribundo. Extendió una mano hacia Fenrir y la otra hacia su madre, forzando hasta la última chispa de poder que le quedaba; un resplandor tenue, inestable, tembló entre sus dedos como una llama a punto de extinguirse. Intentó contener el veneno, cerrar heridas, arrancar la muerte de sus cuerpos… pero la energía se dispersó en el aire como humo roto. Fenrir lanzó un rugido desgarrador que sacudió la tierra, puro dolor convertido en sonido, y Laufey dejó escapar un quejido bajo, frágil, que atravesó a Loki más que cualquier arma. El resplandor se apagó. El silencio que siguió fue peor que el grito. Loki se detuvo, respirando con dificultad, y llevó ambas manos a su cabeza, hundiendo los dedos en su cabello como si pudiera arrancar de allí una respuesta. No sabía qué hacer. Y por primera vez, el maestro del engaño no tenía ni truco ni plan que lo salvara.

Loki se desplomó de rodillas, como si el peso del mundo finalmente hubiera vencido la rigidez de su orgullo. El aire le faltaba; cada respiración era un intento torpe por no desmoronarse por completo. Miró sus manos vacías, todavía tibias por una magia que ya no respondía, y sintió un odio profundo hacia sí mismo. Fenrir gemía entre espasmos, su enorme cuerpo temblando bajo el avance del veneno, y el aliento de Laufey era cada vez más débil, más distante… como si ya estuviera marchándose.

El silencio entre los quejidos fue insoportable.

Loki apretó los puños contra el suelo, clavando los dedos en la tierra hasta que le dolieron. Sus labios temblaron antes de que pudiera contenerse.

—No… no sé qué hacer… —su voz salió rota, apenas un hilo desgarrado—. Siempre tengo un plan… siempre tengo algo…

Alzó la vista hacia ellos, con los ojos enrojecidos y llenos de una culpa feroz.

—Lo arruiné todo… —susurró, negando con la cabeza como si quisiera borrar la realidad—. Todo esto es mi culpa… soy un maldito estúpido…

La confesión no tenía rabia; tenía miedo. Y por primera vez, Loki no estaba fingiendo.

Un crujido entre la nieve hizo que Loki levantara la cabeza de golpe. Sus ojos, aún húmedos, se endurecieron al instante. Se puso de pie tambaleante y adoptó una postura defensiva, interponiéndose instintivamente entre las sombras que se acercaban y los cuerpos de su madre y Fenrir.

Pero a medida que las siluetas se definían entre la bruma helada, reconoció las figuras.

Thor avanzaba primero, respirando con dificultad, cargando el cuerpo inconsciente de Tyr sobre su hombro como si fuera un saco de guerra. Detrás de él, Balder caminaba con el rostro tenso, manchado de sangre y ceniza.

Loki exhaló. La rigidez abandonó sus hombros.

Balder fue el primero en comprender que algo estaba mal. Sus ojos bajaron hacia Laufey, luego hacia Fenrir, retorciéndose en espasmos.

—¿Qué ocurrió aquí? —preguntó con gravedad.

Loki tragó saliva. Le costaba mantenerse en pie.

—El general… —su voz salió áspera—. El general de las tropas los envenenó. A ella… y a Fenrir.

Thor frunció el ceño, pero guardó silencio.

—Necesitamos llegar con Angrboda —continuó Loki, obligándose a mantenerse consciente—. Al punto del éxodo hacia Midgard… ella puede extraer el veneno… aún hay tiempo…

La última frase apenas fue un susurro. Sus piernas finalmente cedieron. Loki se desplomó hacia adelante, agotado, vacío.

Balder reaccionó antes de que tocara el suelo. Lo sostuvo con firmeza y, sin perder un segundo, levantó también a Laufey con un movimiento decidido.

Luego dirigió una mirada significativa a Thor.

Thor sostuvo la mirada un instante… y después miró al enorme cuerpo de Fenrir tendido en la nieve.

—¿En serio? —murmuró con incredulidad contenida—. ¿Por qué siempre me toca a mí cargar lo más pesado?

Ya llevaba a Tyr sobre el hombo, pero no había alternativa. Se inclinó, pasó los brazos bajo el torso del lobo y, con un gruñido, lo levantó.

El suelo crujió bajo sus pies.

Thor ajustó el peso, tensando cada músculo.

—Mierda… —resopló entre dientes—. Parece que este lobo se comió una montaña entera…

Fenrir dejó escapar un débil gruñido inconsciente.

Thor suspiró.

—Sí, sí… no era personal.

Balder no sonrió. Solo asintió con seriedad.

—Movámonos. Ahora.

Y juntos, con el peso de los heridos y del destino sobre sus espaldas, comenzaron la marcha hacia el lugar que los llevaría a Midgard.



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En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 31.05.2026

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