Fallen Gods

CAPITULO #17 PARTE 2: Cadenas Rotas, Odio Desatado

El eco volvió a deslizarse entre las raíces antiguas del árbol, envolviendo a Astaroth como una sombra invisible.

—Hasta ahora… —susurró la voz, lenta, casi compasiva— has seguido órdenes por nuestro designio. Has luchado, destruido y soportado cadenas… pero nunca por algo que realmente te perteneciera.

Las raíces de Yggdrasil crujieron suavemente alrededor del demonio caído.

—Has servido a una voluntad mayor… sin una motivación propia.

Astaroth tensó los músculos, los ojos ardiendo con resentimiento.

—¿Y qué pretendes ofrecerme? —gruñó.

La voz pareció sonreír.

—Algo que valga la pena defender… algo que nadie más puede darte.

Un silencio pesado se extendió.

—¿Qué es? —preguntó Astaroth, su tono mezclando desconfianza y hambre.

La respuesta llegó como un susurro helado.

—Venganza.

Las palabras resonaron dentro de él como un golpe directo al corazón.

—Odin… —continuó la voz— y sus hijos se interpusieron en tu camino una y otra vez. Te obligaron a retroceder, a luchar en desventaja, a cargar con obstáculos que jamás debieron existir para alguien como tú.

Las raíces temblaron con más fuerza.

—El Padre de Todos te desafió… te igualó… y finalmente te derrotó.

La voz se volvió más aguda, más venenosa.

—Te encadenó. Te humilló. Te redujo a un recuerdo enterrado entre ramas antiguas.

Astaroth apretó los dientes, recordando el momento exacto en que Odin lo inmovilizó. El odio volvió a arder como fuego vivo dentro de él.

—Te ofrezco salir de aquí —susurró la entidad—. Te ofrezco la oportunidad de ejecutar tu terrible venganza.

Un silencio.

Luego, una sonrisa sádica se dibujó en el rostro del demonio.

—Sí… —murmuró—. Sí…

La voz cambió entonces.

El tono se volvió profundo, oscuro… absoluto.

Y de repente, gritó:

—¡RESURGE!

El universo pareció estremecerse.

Un poder brutal atravesó el cuerpo de Astaroth como un rayo. No era magia común; era algo antiguo, crudo, imposible de contener. Las raíces comenzaron a vibrar mientras la energía se acumulaba dentro de él.

Astaroth rugió.

Incluso para alguien de su poder, aquel incremento era insoportable. El dolor le arrancó un grito salvaje mientras su cuerpo se expandía con una fuerza nueva, desbordada.

—¡AAAARGH!

Las raíces intentaron cerrarse más, reaccionando como si el propio árbol entendiera el peligro… pero ya era tarde.

Con un estallido ensordecedor, una de las ramas se quebró.

El sonido se propagó por la oscuridad como un trueno.

Astaroth abrió los ojos, llenos de un brillo monstruoso.

Entonces otra rama cedió.

Y otra.

Y otra más.

Las raíces que durante eras habían sido irrompibles comenzaron a partirse una por una bajo la presión del nuevo poder que lo consumía. Fragmentos del árbol ancestral salieron despedidos mientras el demonio rugía entre carcajadas y dolor.

Finalmente, con un estallido final, se liberó.

Extendió sus enormes alas negras, ahora más vastas, más densas, impregnadas de una energía que parecía oscurecer la propia luz del lugar.

Con un poderoso impulso, se lanzó hacia arriba a una velocidad imposible.

Atravesó capas de tierra, roca y raíces, dejando un rastro de destrucción tras de sí.

Y entonces emergió.

La superficie explotó cuando Astaroth salió disparado desde las profundidades, regresando al campo donde había tenido su última batalla contra Odin. El aire helado de Jotunheim golpeó su rostro mientras aterrizaba con violencia, levantando nieve y escombros en todas direcciones.

Por un momento, permaneció inmóvil.

Respirando.

Sintiendo su nuevo poder recorrerlo como un incendio eterno.

Solo una cosa existía en su mente.

Solo un nombre.

Sus ojos ardieron con furia absoluta.

—¡ODIIIIIIN! —rugió, haciendo vibrar el cielo.

El eco se extendió por los reinos como una advertencia.

Astaroth abrió sus alas por completo, enormes sombras cubriendo la nieve. Con un movimiento brutal, se impulsó hacia el cielo y salió disparado a una velocidad devastadora, atravesando las nubes como un cometa oscuro.

No buscaba guerra.

No buscaba victoria.

Solo buscaba una cosa.

Venganza.

Thor avanzaba a gran velocidad a través de la nieve, el peso de Tyr y Fenrir sobre sus hombros haciendo crujir el suelo bajo cada paso. A su lado, Balder corría en silencio, cargando a Loki y a Laufey con una determinación casi inhumana.



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En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 31.05.2026

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