Fallen Gods

CAPITULO #17 PARTE 4: Demasiado Tarde

La presión en el aire aumentó.

La nieve a su alrededor empezó a vibrar ligeramente.

Durante varios segundos, nada ocurrió… solo el silencio tenso del esfuerzo.

Entonces Fenrir se estremeció violentamente.

Un dolor brutal recorrió su cuerpo.

Sus ojos se abrieron de golpe y lanzó un rugido ahogado, despertando abruptamente mientras la energía de Angrboda forzaba al veneno a moverse.

El enorme lobo convulsionó y, con un espasmo violento, expulsó por la boca un líquido negro y espeso que cayó sobre la nieve, corroyéndola al instante.

El olor era extraño, antinatural.

Angrboda retiró las manos lentamente, respirando con dificultad por el esfuerzo.

—Ya está… —dijo con voz firme—. He extraído el veneno.

Fenrir respiraba con dificultad, aún débil, pero el temblor en su cuerpo comenzó a disminuir.

Balder soltó el aire que había estado conteniendo.

Por un instante, pareció que habían ganado algo de tiempo.

Pero en el horizonte, el viento empezó a cambiar… como si algo oscuro estuviera acercándose demasiado rápido.

Sin perder tiempo, Angrboda se giró hacia Laufey. La respiración de la gigante era débil, casi imperceptible, y su piel había empezado a perder color.

Angrboda colocó ambas manos sobre ella y repitió el procedimiento, dejando que su magia recorriera lentamente el interior de su cuerpo en busca del veneno.

Al principio mantuvo la misma concentración firme que había mostrado con Fenrir.

Pero entonces su expresión cambió.

Su ceño se frunció.

La energía oscura no estaba localizada en pequeños puntos… se extendía como raíces negras por casi todo el cuerpo de Laufey, infiltrándose profundamente, abrazando órganos vitales y mezclándose con su propia fuerza vital.

Angrboda abrió los ojos lentamente.

La verdad cayó sobre ella como un peso imposible.

Balder notó el cambio enseguida.

—¿Qué pasa? —preguntó, su voz tensa.

Angrboda no respondió de inmediato. Volvió a cerrar los ojos, intentando encontrar otra salida, otra posibilidad… cualquier cosa.

Pero no existía.

Retiró lentamente las manos.

—No… —murmuró, apenas audible.

Balder dio un paso adelante.

—¿Puedes hacerlo o no?

Angrboda levantó la mirada, y en sus ojos había algo que no mostraba casi nunca: impotencia.

—El veneno se extendió demasiado —dijo con tristeza contenida—. Ya está en la mayor parte de su cuerpo.

El silencio se volvió pesado.

—Si intento extraerlo como hice con Fenrir… —continuó, la voz quebrándose ligeramente— tendría que ejercer demasiada presión sobre órganos vitales.

Miró el pecho inmóvil de Laufey.

—Los aplastaría desde dentro.

Las palabras cayeron como una sentencia.

Balder apretó los puños, incapaz de responder.

Angrboda volvió a mirar a Laufey, sabiendo que no era falta de poder ni de voluntad… simplemente habían llegado demasiado tarde.

El ruido del éxodo continuaba alrededor, pero por un instante pareció lejano, como si el mundo entero hubiera guardado silencio.

La nieve cayó suavemente sobre ellos.

Y por primera vez desde que comenzó la retirada, Angrboda bajó la cabeza, aceptando una verdad que no podía cambiar.

Thor observó a Angrboda con la mandíbula tensa, todavía sosteniendo el peso de los heridos mientras intentaba aceptar lo que acababa de escuchar.

—Entonces… —preguntó con la voz baja, casi incrédulo— ¿no hay nada que hacer?

Angrboda cerró los ojos un instante antes de responder.

—No —dijo finalmente, con tristeza contenida—. Ya no hay nada que hacer.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire, pesadas como una sentencia.

Y entonces—

Un estruendo monstruoso sacudió el horizonte.

La tierra tembló bajo sus pies.

Todos giraron la mirada al mismo tiempo.

A lo lejos, donde una vez se alzaba Joktldar, una explosión gigantesca devoró el paisaje. Una columna de fuego y oscuridad se elevó hacia el cielo, expandiéndose con una violencia imposible, arrasando todo a su paso.

El impacto del estallido llegó segundos después.

Una onda brutal de viento y energía golpeó el punto del éxodo. Angrboda y Eirik tuvieron que afirmarse contra el suelo para no salir despedidos, clavando los pies en la nieve mientras el aire rugía a su alrededor.

El portal vibró peligrosamente.

La nieve y los escombros giraron en torbellinos salvajes.



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En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 31.05.2026

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