Fallen Gods

CAPITULO #18 PARTE 2: El Nexus en Llamas

Un grito escapó de Angrboda.

Sin dudarlo, corrió y se colocó frente a Loki inconsciente y a Laufey debilitada.

Sus manos comenzaron a brillar con energía gélida.

Su voz no tembló esta vez.

—¡SERPIENTES DE HIELO!

El suelo se resquebrajó.

Del hielo y la escarcha que aún cubrían el terreno comenzaron a surgir formas colosales. Serpientes gigantes, de escamas cristalinas y ojos azul pálido, se materializaron una tras otra, elevándose con un siseo ensordecedor.

Se abalanzaron sobre Astaroth.

Una rodeó su torso.

Otra atrapó sus piernas.

Dos más se enroscaron en sus brazos.

Apretaron.

El crujido del hielo tensándose resonó en el aire. Cada segundo aumentaban la presión, intentando inmovilizarlo por completo.

Por primera vez, Astaroth dejó de avanzar.

Sus ojos se entrecerraron.

—Interesante… —admitió con una sonrisa leve—. Un truco muy interesante.

Las serpientes apretaron aún más, congelando el aire alrededor.

El calor comenzó a emanar de su cuerpo.

Primero fue un leve vapor.

Luego, una onda térmica.

Después… fuego.

La temperatura se elevó de forma antinatural. El hielo comenzó a agrietarse. Las escamas cristalinas se tornaron translúcidas.

En cuestión de segundos, las serpientes empezaron a derretirse.

El vapor envolvió el campo.

Con un simple movimiento de hombros, Astaroth rompió lo que quedaba de las criaturas, que se evaporaron en una lluvia de agua hirviente.

El suelo humeaba.

Angrboda dio un paso atrás.

Astaroth volvió a caminar hacia el portal.

Y ahora… ya no estaba sonriendo.

Angrboda alzó las manos, intentando reunir energía una vez más.

No alcanzó a conjurar nada.

Astaroth apenas movió la muñeca.

El aire alrededor de ella se distorsionó.

Y, de repente, el mundo se volvió insoportablemente pesado.

Angrboda fue aplastada contra el suelo con violencia. El impacto le arrancó el aliento. Intentó levantarse… pero no pudo. La gravedad en el espacio que la rodeaba había aumentado más de diez veces. Cada intento de mover un brazo era como intentar levantar una montaña.

Sus dedos se hundieron en la tierra agrietada.

Su cuerpo temblaba.

Astaroth ni siquiera la miraba completamente; la mantenía sometida como si fuera un pensamiento secundario.

—Observa —dijo con frialdad—. Mira impotente cómo tu gente muere, jotnar.

Su mano se abrió lentamente.

Una esfera de fuego comenzó a formarse, más grande que la anterior. Compacta. Ardiente. Pulsante.

Los últimos sobrevivientes estaban a pasos del portal. Algunos voltearon, paralizados por el terror.

Astaroth lanzó la esfera.

El proyectil cruzó el aire dejando una estela incandescente.

Angrboda gritó, pero su voz apenas salió de su garganta comprimida por la presión.

Entonces una sombra enorme se interpuso.

Fenrir.

El lobo se lanzó entre el ataque y los aldeanos, clavando sus patas en el suelo. La esfera impactó contra su costado y estalló en una explosión de fuego que envolvió su silueta.

El calor fue brutal.

Cuando las llamas se disiparon, Fenrir seguía de pie.

Su pelaje humeaba.

Su respiración era pesada.

Sus ojos brillaban con furia contenida.

Volteó apenas el rostro hacia los sobrevivientes.

—¡MUÉVANSE! —rugió—. ¡AHORA!

Los aldeanos reaccionaron y comenzaron a cruzar el portal con desesperación renovada.

Astaroth observó la escena con una leve inclinación de cabeza.

—Interesante…

La presión sobre Angrboda no disminuyó.

Pero ahora el tiempo… estaba literalmente ardiendo.

Astaroth extendió la mano y la guadaña apareció en ella con naturalidad inquietante, como si formara parte de su propio cuerpo. No hizo el gesto de blandirla de manera convencional; la hoja se arqueó de forma antinatural, doblándose como si estuviera hecha de sombra líquida, y salió disparada hacia la cabeza de Fenrir con la velocidad de un latigazo destinado a decapitarlo en el acto.

Fenrir no retrocedió. En el último instante, calculó la trayectoria y avanzó en lugar de huir. Abrió el hocico y atrapó el filo entre sus colmillos. El metal rechinó con violencia, una vibración aguda recorrió el campo de batalla y el impacto hizo que sus patas se hundieran en la tierra, que se resquebrajó bajo su peso. Durante un segundo que pareció eterno, la fuerza de Astaroth intentó arrastrarlo, pero el lobo afirmó su postura y, con un poderoso movimiento de cuello y torso, tiró con toda su masa.



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En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 31.05.2026

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