Fallen Gods

CAPITULO #18 PARTE 4: El Instante de Debilidad

Entró por el flanco izquierdo, golpeando el costado expuesto de Astaroth con toda su fuerza. El impacto no lo derribó, pero sí lo obligó a girar. Fenrir aprovechó ese giro y embistió desde el frente, usando el peso completo de su cuerpo para empujarlo varios metros atrás.

Astaroth respondió liberando una explosión de energía que los lanzó en direcciones opuestas. La onda fue brutal; el suelo se levantó en fragmentos y una columna de fuego se elevó hacia el cielo. Durante un instante, pareció que la coordinación se rompería.

Pero no ocurrió.

Fenrir aterrizó sobre sus patas y, sin esperar señal, volvió a cargar. Esta vez no buscó morder, sino obligarlo a defenderse. Astaroth levantó un campo gravitatorio que intentó aplastarlo contra el suelo, pero el lobo resistió el peso el tiempo suficiente.

Ese era el momento.

Eirik apareció por la espalda, concentrando toda su fuerza en un solo punto: la base del hombro donde la energía de Astaroth fluctuaba con mayor inestabilidad. El golpe impactó con precisión quirúrgica.

Por primera vez, Astaroth retrocedió un paso real.

No por falta de poder.

Sino porque el ataque había encontrado el instante exacto en que su energía se desbordaba y perdía cohesión.

Fenrir no dejó que recuperara equilibrio. Saltó y lo empujó nuevamente, forzándolo a retroceder otro tramo.

No lo estaban dominando.

Pero lo estaban obligando a reaccionar.

Y eso, ante un ser como Astaroth, era una victoria mínima… pero tangible.

Astaroth los observó ahora con atención distinta. Su respiración se había vuelto apenas más profunda. El poder que emanaba seguía siendo vasto, pero ya no era una marea perfectamente controlada; era un incendio que consumía más de lo que debía.

—Interesante —murmuró—. Han aprendido a cazar.

Fenrir mostró los colmillos.

—No. Estamos aprendiendo a matarte.

Eirik no respondió. Solo ajustó su postura, listo para el siguiente intercambio.

Esta vez, no estaban sobreviviendo.

Estaban compitiendo.

Fenrir mantuvo la vista fija en Astaroth, los músculos tensos, el pecho expandiéndose con respiraciones profundas. Sin apartar los ojos del demonio, habló en voz baja, casi como si el comentario fuera un pensamiento accidental.

—No eres tan inútil después de todo.

Eirik esbozó una sonrisa ladeada, aunque su cuerpo seguía ardiendo por el esfuerzo.

—Intento impresionarte.

La sonrisa desapareció tan rápido como llegó.

—Acabemos con este imbécil.

Eirik golpeó el suelo con el martillo. El impacto resonó como un trueno contenido y una grieta se abrió bajo sus pies. Con un segundo tirón brutal, arrancó un bloque colosal de hielo y roca mezclados, elevándolo por encima de su cabeza antes de lanzarlo contra Astaroth con toda su fuerza.

El demonio no se movió.

La guadaña describió un arco limpio y el bloque se partió en dos mitades perfectas, que explotaron en fragmentos a su alrededor.

Pero nunca fue un ataque real.

Fue una cortina.

Entre los fragmentos dispersos, Fenrir ya estaba encima de él. Su salto fue silencioso para una criatura de su tamaño, calculado para aprovechar el instante en que la visión de Astaroth quedaba cubierta por el hielo pulverizado.

Sus fauces descendieron con intención de cerrar la pelea de una vez.

Astaroth reaccionó con una precisión fulminante. La guadaña giró sobre sí misma como una extensión viva de su brazo y golpeó el costado de Fenrir, desviando su trayectoria lo justo para impedir que la mordida se cerrara sobre si mismo. El lobo cayó a un lado, rodando pero sin perder del todo el equilibrio.

Sin embargo, ese movimiento era exactamente lo que Eirik había previsto.

Ya no estaba donde Astaroth esperaba.

Dos pasos adelante.

Siempre dos pasos adelante.

Eirik apareció frente a él en el mismo instante en que la guadaña terminaba su trayectoria defensiva. El martillo descendió con una fuerza demoledora y conectó directamente con el rostro del demonio. El impacto lo obligó a girar sobre sí mismo, arrancando una onda expansiva que levantó polvo y fragmentos de tierra.

Eirik no le dio espacio para estabilizarse.

Avanzó con una secuencia de golpes devastadores, cada uno impulsado por la totalidad de su fuerza. El martillo impactó hombro, costado, torso, enviando vibraciones profundas a través del cuerpo de Astaroth. Cada impacto empujaba al demonio un poco más atrás.

Por un momento, parecía que el equilibrio se inclinaba.

Pero la guadaña no estaba inactiva.

Como una serpiente paciente, la hoja se deslizó alrededor del mango del martillo y comenzó a enrollarse en espiral. El metal oscuro se tensó con un chirrido agudo, atrapando el arma y bloqueando el siguiente golpe antes de que pudiera completarse.



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En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 31.05.2026

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