Fallen Gods

CAPITULO #20 PARTE 3: El Llamado de Jormungandr

Thor sostuvo la mirada unos segundos más, cargando con el peso de lo que acababa de escuchar.

Angrboda respiró hondo antes de añadir, con la voz más baja pero firme:

—La reina Lauffey… madre de Loki… sacrificó su vida para que pudiéramos escapar.

El nombre quedó suspendido en el aire.

Thor parpadeó lentamente.

—¿Lauffey…?

Eirik asintió.

—Se quedó atrás. Sabía lo que hacía.

Angrboda apretó los dedos con fuerza, conteniendo lo que aún dolía decir.

—Nos dio el tiempo necesario. Sin ella… ninguno de nosotros estaría aquí.

Thor bajó la cabeza, en un gesto que rara vez mostraba ante alguien.

—Entonces Jotunheim no cayó en silencio.

Levantó la vista, grave.

—Cayó luchando.

El viento agitó las telas del campamento, como si incluso el aire reconociera el nombre de la reina.

Thor llevó una mano al pecho, no como guerrero, sino como señal de respeto.

—Que su sacrificio no sea en vano.

No hubo promesas grandilocuentes. No hubo juramentos.

Solo una verdad compartida:

El mundo que conocían había sido reducido a ceniza…

pero la voluntad de quienes lo defendieron aún respiraba.

Thor apretó los dientes, la emoción acumulándose bajo su respiración irregular.

—Al igual que mi padre… —dijo con la voz más grave— dio su vida para que mis hermanos y yo escapáramos.

Eirik y Angrboda intercambiaron una mirada.

—Nos dijo que éramos la única oportunidad de vencerlo —continuó Thor—. Que debíamos sobrevivir, aunque él no lo hiciera.

Su puño se cerró con fuerza.

—Pero después de ver el aumento de su poder… después de sentirlo de cerca… ya no puedo garantizar la victoria.

La frustración lo desbordó. Golpeó el suelo con el puño herido. La tierra cedió bajo el impacto.

—Me niego a creer que haya muerto en vano…

Angrboda dio un paso al frente, confundida.

—¿De qué estás hablando, Thor?

Él no la miró.

—Mi padre está muerto.

—No.

Thor levantó la cabeza de golpe.

—¿Qué?

Angrboda sostuvo su mirada.

—Tu padre sigue con vida.

El silencio fue inmediato, denso, casi irreal.

—Eso es imposible… —murmuró Thor.

—Camino al Punto Nexo —explicó ella con calma—, sus cuervos lo trajeron hasta nosotros. Llegó inconsciente. Lo cuidamos desde entonces.

Thor se puso de pie con brusquedad, ignorando el dolor que atravesó su cuerpo.

—¿Dónde está?

No hubo orgullo en su voz. Solo urgencia.

Angrboda no respondió con palabras. Solo comenzó a caminar.

Thor la siguió.

Atravesaron el campamento hasta una zona más resguardada, donde las mantas eran más gruesas y el fuego ardía bajo control constante. Allí, recostado sobre pieles y vendas limpias…

estaba Odín.

Cansado. Pálido. Sin el aura que alguna vez lo rodeó.

Sin poder.

Inconsciente.

Thor se detuvo en seco.

Por un instante, el guerrero desapareció. Solo quedó el hijo.

Se dejó caer de rodillas junto a él. Con manos temblorosas, tomó la de su padre. Estaba tibia. Viva.

Una lágrima cayó antes de que pudiera contenerla.

—Viejo necio… —murmuró, apenas audible.

Angrboda habló con suavidad.

—Tiene múltiples heridas, pero no son mortales. Lo que perdió fue casi todo su poder. Está… vacío.

Thor no apartó la mirada.

—¿Vacío?

—Necesita descanso. Tiempo. Nada más.

Ella observó un segundo más, entendiendo que ese momento no les pertenecía.

—Lo dejaré contigo.

Se retiró en silencio.

Thor permaneció allí, sosteniendo la mano de su padre, como si temiera que al soltarla desapareciera.

—Creí que te habías ido —susurró—. Creí que habías pagado el precio final por nosotros.

Respiró hondo.

—Nos diste una oportunidad… y yo dudé.

Su voz se quebró apenas, pero no apartó la vista.

—Gracias.

Una pausa.

—Les agradezco lo que hicieron por él.



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En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 21.06.2026

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