Fallen Gods

CAPITULO #21 PARTE 1: Campamento en Desesperacion

La noche cayó pesada sobre el campamento, no como descanso, sino como una advertencia suspendida en el aire. Las hogueras ardían con debilidad, iluminando cuerpos vendados y miradas que evitaban encontrarse. La guerra no había terminado; apenas había revelado su verdadera escala. Entre susurros y respiraciones irregulares, el silencio parecía más denso que el acero, como si algo invisible avanzara en las sombras, aguardando el momento preciso para inclinar definitivamente la balanza del destino.

Todos dormían bajo la luz tranquila de la luna, ajenos por un momento al peso de la guerra. Las hogueras consumían sus últimos suspiros y el campamento parecía, por fin, en paz. Solo Fenrir permanecía en guardia, inmóvil, atento a cualquier variación en el aire. En el otro extremo, algunos soldados de Asgard luchaban contra el sueño cuando algo quebró la quietud del bosque. Un crujido. Luego otro. Se miraron en silencio, tensando sus armas. No era el viento. No eran animales. Se escuchaban pasos… lentos, profundos… gigantescos. Cada pisada hacía vibrar la tierra bajo sus pies. Algo avanzaba entre los árboles, y no intentaba ocultarse.

Los soldados intercambiaron miradas tensas; ninguno se atrevía a confirmar en voz alta lo que todos estaban pensando. Sin saber con certeza qué se aproximaba, comenzaron a moverse con rapidez contenida. Uno por uno, despertaron a los aldeanos, llevándose un dedo a los labios antes de susurrar órdenes breves y urgentes.

—Levántense… sin ruido… aléjense hacia el claro…

Las mantas fueron apartadas con manos temblorosas, los niños cargados en brazos, las antorchas cubiertas para no delatar su posición. El campamento, que minutos antes dormía en aparente paz, se transformó en un desplazamiento silencioso y tenso.

Y entonces, otro paso retumbó entre los árboles. Más cerca. Más pesado.

El suelo vibró con tal fuerza que algunos perdieron el equilibrio. Aquello no estaba merodeando.

Se estaba acercando directamente hacia ellos.

Los soldados fijaron la vista en la negrura del bosque, intentando penetrar con la mirada aquello que la luna no alcanzaba a revelar. Las lanzas temblaban apenas en sus manos; no por frío, sino por anticipación.

Uno de ellos, tragando saliva, susurró sin apartar los ojos de la espesura:

—¿Creen… que es aquel ser que atacó Jotunheim?

El silencio se volvió más denso que la niebla. Otro soldado negó lentamente, sintiendo cómo el suelo volvía a vibrar bajo sus botas.

—No lo creo… —respondió con voz baja, pero firme—.

Un nuevo paso estremeció los árboles, haciendo caer hojas como si el bosque mismo se rindiera ante su peso.

—Es algo más grande.

Eirik se encontraba en el extremo del campamento cuando notó el movimiento inusual: sombras desplazándose con prisa contenida, susurros tensos, rostros pálidos bajo la luna. No era pánico… pero estaba cerca de convertirse en ello.

Sujetó del brazo a una aldeana que pasaba apresurada.

—¿Qué ocurre?

—Los soldados de Asgard… —respondió ella, intentando mantener la calma—. Detectaron algo en el bosque. Nos pidieron que nos alejáramos sin hacer ruido.

Eirik soltó lentamente su brazo, pero su mirada se endureció. Sin decir una palabra más, tomó su martillo apoyado junto a una roca y comenzó a avanzar hacia la línea donde los guerreros apuntaban sus armas a la oscuridad. Cada paso lo acercaba al límite entre la incertidumbre… y lo que fuera que estaba a punto de emerger de entre los árboles.

El bosque finalmente cedió. Las sombras se apartaron como si algo las empujara desde dentro… y entonces emergieron.

Criaturas enormes, encorvadas, de piel áspera como roca húmeda y ojos hundidos que brillaban con hambre primitiva. Un grupo de trolls avanzó hacia el campamento con gruñidos guturales, olfateando el aire como bestias que han encontrado presa.

—¡TROLLS! —gritó uno de los soldados.

No terminó de reaccionar cuando una de las criaturas arrancó un tronco del suelo y lo blandió con violencia. El soldado apenas alcanzó a levantar su escudo; el impacto lo lanzó varios metros hacia atrás, el metal abollándose pero absorbiendo parte del golpe.

El caos estalló.

—¡ATAQUEN!

Las lanzas se alzaron, las espadas reflejaron la luna, y el campamento, que minutos antes dormía en silencio, se convirtió en un campo de batalla improvisado bajo el cielo nocturno.

Un troll levantó su enorme puño de piedra, dispuesto a aplastar a un soldado que había caído de espaldas. La sombra del golpe cubrió al guerrero… pero antes de que descendiera, otro asgardiano se lanzó con todo su peso, embistiendo a la criatura y desviando el impacto apenas lo suficiente.

El suelo se agrietó donde el puño cayó.

El troll rugió, furioso, girándose para atacar al nuevo oponente. Sin embargo, no tuvo tiempo. Dos soldados más se abalanzaron por la espalda, trepando casi sobre su cuerpo y hundiendo sus hojas entre la piel áspera.

La criatura comenzó a sacudirse con violencia brutal, zangoloteándose como una bestia enloquecida para quitárselos de encima. Uno de los guerreros estuvo a punto de caer, pero reaccionó con rapidez desesperada: sujetó el rostro del monstruo y clavó su espada directamente en su boca abierta.



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En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 10.07.2026

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