Fallen Gods

CAPITULO #22 PARTE 1: Las Tierras de Ravnberg

La noche no trajo descanso, solo silencio. Bajo una luna pálida, el grupo avanzaba dejando atrás las tumbas recién cubiertas por la nieve. El crujir de las botas sobre el hielo era el único sonido constante, mezclado con respiraciones pesadas y miradas que evitaban encontrarse. Nadie hablaba de lo ocurrido. Nadie mencionaba los nombres de los caídos. Pero el peso de la culpa viajaba con ellos, invisible y más frío que el propio invierno. Y mientras se alejaban de lo que alguna vez fue refugio, una sensación persistente comenzaba a crecer entre las sombras: no solo huían del peligro… algo los seguía.

El grupo se internó en un viaje que no ofrecía promesas.

El viento azotaba sin piedad, levantando cortinas de nieve que cortaban la piel como cuchillas invisibles. Cada paso era una batalla contra el terreno congelado y el cansancio que empezaba a quebrar incluso a los más fuertes.

Pero quedarse atrás habría sido peor.

Avanzar dolía.

Quedarse era morir.

Al frente, Thor caminaba con la mandíbula apretada, sosteniendo el peso de Odin sobre sus hombros. El Padre de Todo no estaba inconsciente, pero su respiración era pesada, irregular. Incluso herido, sus ojos se mantenían abiertos, vigilando el horizonte blanco.

Más atrás, varios asgardianos cargaban los cuerpos inmóviles de Balder y Tyr. La sangre seca contrastaba con la nieve fresca. Tyr, incluso inconsciente, mantenía el ceño fruncido, como si su espíritu se negara a rendirse.

Y entonces…

El suelo vibró con pasos más pesados.

Fenrir avanzaba en silencio, sus colmillos apenas visibles entre la neblina helada. Sobre su lomo yacía el cuerpo inconsciente de Loki, sostenido con firmeza para que no cayera.

Loki no reaccionaba.

No murmuraba.

No soñaba.

Su rostro estaba pálido, demasiado quieto.

Fenrir no emitía sonido alguno, pero sus ojos recorrían el horizonte constantemente. No por miedo.

Por instinto.

El viento aulló entre las montañas.

Y por un instante… el aullido no pareció venir del viento.

El viaje apenas comenzaba.

Y cada paso los alejaba de la batalla…

Pero no del peligro.

Aunque los jotuns estaban acostumbrados al frío despiadado de esas tierras, los asgardianos no corrían con la misma resistencia. Sus cuerpos, diseñados para la guerra y la gloria, no para ese castigo constante del hielo, comenzaban a resentir cada ráfaga de viento.

El frío no solo mordía la piel.

Entraba en los pulmones.

Entumecía los dedos.

Robaba fuerza sin hacer ruido.

Algunos asgardianos tropezaban. Otros caían de rodillas, exhaustos, incapaces de seguir avanzando por unos segundos que parecían eternos.

Y esos segundos eran peligrosos.

—Levántalo —ordenó uno de los guerreros jotuns, tomando a un asgardiano por el brazo antes de que quedara tendido en la nieve.

No había tiempo para orgullo.

Los que aún conservaban fuerza comenzaron a cargar a los más débiles. El avance se volvió más lento. Más pesado.

Más frágil.

Eirik observaba todo con atención.

Sabía que estaban al límite.

Sabía que algunos necesitaban detenerse.

Pero también sabía algo peor.

Si se detenían…

El frío terminaría lo que la batalla no logró.

Caminó hasta colocarse al frente del grupo, girándose apenas para que todos lo escucharan sin necesidad de gritar.

—No se detengan.

Su voz fue firme, sin dureza innecesaria.

—Si paramos ahora, el hielo se quedará con nosotros.

Una ráfaga de viento golpeó como si intentara contradecirlo.

Eirik apretó la mandíbula.

—Mantengan el ritmo. Aunque sea lento. Pero constante.

Sus ojos recorrieron a los asgardianos agotados.

—El movimiento es vida. Quietos… somos cadáveres esperando turno.

Nadie respondió.

Pero nadie volvió a quedarse en el suelo.

El grupo continuó avanzando, más unido que por elección… por necesidad.

Y mientras el viento seguía castigándolos, algo más comenzaba a hacerse evidente:

El viaje no solo estaba probando su resistencia física.

Estaba probando su voluntad.

El viento cambió, no más fuerte pero sí distinto. Fenrir levantó el hocico y tensó las orejas mientras un gruñido bajo vibraba en su pecho. A lo lejos, entre las cortinas de nieve, sombras se movían con intención, no eran rocas ni árboles, y parecían observar cada paso del grupo.



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En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 10.07.2026

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