Guerreros, aldeanos y ancianos se habían reunido alrededor, esperando en silencio la decisión de su rey. Entre la multitud también se encontraban los asgardianos y los jotuns que habían sobrevivido al éxodo. Tyr y Balder permanecían inconscientes, recostados sobre camillas improvisadas que varios guerreros cargaban con sumo cuidado. Algunos niños se acercaban con curiosidad para observar a los legendarios hijos de Asgard, maravillados por su presencia, aunque los adultos los mantenían a una distancia prudente.
Un poco más atrás, Fenrir permanecía sentado sobre la nieve, inmóvil como una estatua oscura. Su imponente figura seguía provocando miradas de temor entre muchos de los habitantes, aunque algunos niños más atrevidos lo observaban con fascinación desde detrás de las piernas de sus padres.
Arvid descendió un par de escalones frente al gran salón y levantó la voz para que todos pudieran escucharlo.
—¡Habitantes de Ravnberg!
Las conversaciones cesaron de inmediato.
—Nuestros visitantes no son enemigos. Son supervivientes de una guerra que también ha marcado a nuestros propios pueblos.
El rey hizo una breve pausa antes de continuar.
—El pueblo de Asgard… y el pueblo de Jotunheim… encontrarán refugio en nuestras tierras.
Un murmullo recorrió a la multitud. Algunos se miraron entre sí con sorpresa; otros asintieron con respeto al escuchar los nombres de reinos tan legendarios.
Arvid giró ligeramente la cabeza hacia uno de los hombres que aguardaban cerca.
—General.
El hombre que había guiado al grupo anteriormente dio un paso al frente y se inclinó.
—Sí, mi señor.
—Guía a nuestros invitados. Asegúrate de que tengan un lugar donde descansar y recuperarse. Han atravesado una travesía larga y peligrosa.
El general asintió con firmeza.
—Como ordene, mi rey.
Luego se volvió hacia Odin y los demás.
—Por favor, síganme. Prepararemos alojamientos para todos ustedes.
Mientras el enorme grupo comenzaba a moverse nuevamente por las calles de Ravnberg, muchos habitantes salían de sus cabañas para observar de cerca a aquellos visitantes que parecían haber llegado directamente desde las historias que se contaban junto al fuego. Algunos miraban con admiración a Thor y a Odin… mientras que otros no podían evitar apartar la vista nerviosamente cada vez que sus ojos se cruzaban con la silueta imponente de Fenrir.
Mientras el grupo avanzaba por las calles de Ravnberg siguiendo al general, Eirik se rezagó un poco hasta quedar caminando junto a Fenrir. El enorme lobo avanzaba entre la gente como una sombra gigantesca; cada paso suyo hacía que algunos aldeanos se apartaran con rapidez.
Eirik lo observó un momento… y no pudo evitar sonreír.
—¿Sabes algo? —dijo con tono burlón—. Hace rato casi arruinas todo.
Fenrir ni siquiera volteó a verlo.
—No empieces.
Eirik siguió caminando a su lado, con las manos detrás de la cabeza.
—Te lo digo en serio. ¿Qué te costaba poner una cara más amigable?
Fenrir soltó un gruñido bajo.
—Esta es mi cara.
Eirik lo miró de arriba abajo con exageración.
—Sí… ya veo el problema.
Fenrir finalmente giró la cabeza hacia él, enseñando ligeramente los colmillos.
—Eirik…
Pero el jotun continuó, disfrutando demasiado la situación.
—Tal vez si intentaras algo como… no sé… menos “voy a devorar a tu familia”.
Fenrir entrecerró los ojos.
—Cierra la boca.
Eirik sonrió aún más.
—Digo, no es tu culpa. Nadie pidió nacer con esa cara de ogro malhumorado.
Eso fue suficiente.
Fenrir se detuvo en seco.
—Te lo advertí.
—¿Advertirme de qué—?
Fenrir se lanzó contra él con un rugido.
Pero Eirik reaccionó al instante, sujetando las enormes fauces del lobo con ambas manos antes de que se cerraran.
La escena quedó congelada: el lobo gigante intentando morderlo… y el jotun sosteniéndole el hocico como si estuviera regañando a un perro enorme.
—¡¿Ves?! —gruñó Eirik— ¡No aguantas una broma!
Fenrir forcejeaba, tratando de cerrar las mandíbulas.
—¡Te dije que te callaras, imbécil!
—¡Estoy tratando! ¡Pero no ayudas!
Varias personas alrededor los miraban con los ojos abiertos como platos. Un par de niños incluso parecían divertidos con el espectáculo.
En ese momento apareció Angrboda.
Se quedó viendo la escena unos segundos: un lobo gigantesco intentando morder a un jotun… y el jotun sosteniéndole la boca.