El aire afuera era frío, pero más ligero que dentro de la cabaña. Eirik salió cerrando la puerta con cuidado, dejando atrás el silencio cargado que envolvía a Loki y Angrboda. Se detuvo a un lado de la entrada, cruzándose de brazos mientras soltaba una exhalación lenta.
A unos metros, recostado pero atento, Fenrir vigilaba. Sus ojos seguían cada movimiento del entorno, como si incluso en la calma esperara que algo irrumpiera en cualquier momento.
Eirik lo observó unos segundos antes de hablar.
—Más vale que ese tal Jormungandr sea todo lo que dicen.
Fenrir no respondió de inmediato, pero una de sus orejas se movió levemente, indicando que lo escuchaba.
—Porque, siendo honesto… —continuó Eirik, con un tono entre duda y escepticismo— me cuesta creerlo. Un ser de ese tamaño, con ese poder… suena más a historia que a realidad.
Se apoyó ligeramente contra la pared de la cabaña.
—¿Cómo se supone que algo así siquiera sobrevive? —añadió—. ¿Cuánta hambre tendría que tener? ¿Qué podría saciarlo?
Fenrir levantó la mirada entonces, fija y tranquila.
—Jormungandr no está limitado a una sola forma.
Eirik giró el rostro hacia él, frunciendo apenas el ceño.
—Puede alterar su tamaño —continuó Fenrir con naturalidad—. Ese tamaño del que hablan… no es constante.
El silencio se mantuvo unos segundos, mientras Eirik procesaba la idea.
—Tiene sentido —murmuró al final—. Porque de otra forma sería insostenible.
Fenrir asintió apenas.
—En su forma más grande, su apetito sería imposible de satisfacer. Pero cuando caza… adopta una forma más pequeña.
Eirik descruzó los brazos, interesado ahora.
—¿Y eso basta?
—Sí —respondió Fenrir—. Porque no es solo cuestión de tamaño.
Sus ojos se mantuvieron firmes.
—Cuando se alimenta en esa forma… satisface lo que necesita. Y cuando vuelve a crecer… el hambre ya no lo domina.
Eirik soltó una pequeña risa por la nariz, más por incredulidad que por burla.
—Conveniente.
Fenrir no reaccionó.
—Necesario —corrigió.
El viento pasó entre ambos, moviendo ligeramente la tierra y las hojas secas alrededor de la cabaña. Por un momento, todo volvió a sentirse en calma.
Eirik miró hacia el horizonte, pensativo.
—Entonces sí existe… —dijo en voz baja—. Algo así.
Fenrir no apartó la mirada del entorno.
—Existe.
Una pausa.
—Y si Loki decide buscarlo… lo encontrará.
Eirik apretó ligeramente la mandíbula.
—Más le vale.
El silencio regresó, pero esta vez no era el mismo. Había algo distinto en el aire, algo que ninguno de los dos mencionó, pero que ambos empezaban a percibir.
Como si, en algún punto lejano…
algo ya estuviera en movimiento.
Dentro de otra de las cabañas, el ambiente era distinto. Más silencioso. Más pesado.
Odin permanecía sentado, inclinado ligeramente hacia adelante, con los brazos apoyados sobre las piernas. No parecía descansar realmente; su mirada estaba perdida, atrapada en pensamientos que no terminaban de tomar forma. Por momentos, parecía que el tiempo a su alrededor avanzaba… pero él no.
Entonces lo escuchó.
Una respiración irregular.
Forzada.
Le tomó un segundo reaccionar. Giró el rostro de inmediato, buscando el origen del sonido, hasta que sus ojos se posaron en una figura que yacía no muy lejos de él.
Tyr.
Su pecho se alzaba con dificultad, como si cada bocanada de aire fuera un esfuerzo en sí mismo. Un leve movimiento recorrió su cuerpo, seguido de una tos seca que rompió el silencio de la cabaña.
Odin se levantó de inmediato.
—Tyr.
Acortó la distancia en pocos pasos, arrodillándose a su lado sin dudarlo.
—¿Puedes oírme?
Tyr respondió con otra tos, más fuerte esta vez. Su cuerpo se tensó ligeramente, como si aún no terminara de recuperar el control. Lentamente, abrió los ojos, aunque su mirada aún estaba desenfocada.
Odin apoyó una mano firme sobre su hombro.
—Tranquilo. No te fuerces.
Tyr intentó incorporarse, pero apenas logró moverse antes de que su respiración volviera a fallar. Se llevó una mano al pecho, apretando con fuerza mientras trataba de estabilizarse.
—Estás a salvo —añadió Odin, con un tono más bajo, más contenido—. Por ahora.
Las palabras no eran del todo reconfortantes… pero eran honestas.
Tyr cerró los ojos un instante, concentrándose en recuperar el ritmo de su respiración. El esfuerzo era evidente; aunque había despertado, su cuerpo aún cargaba las consecuencias de lo que había enfrentado.