El bosque se extendía en silencio más allá de Ravnberg, cubierto por una capa de nieve que crujía bajo cada paso y absorbía cualquier sonido que intentara romper la calma. A simple vista, todo parecía en orden: huellas de animales, ramas quebradas, el rastro natural de vida adaptada a un entorno implacable. Sin embargo, había algo en ese silencio que no era normal. No era la quietud propia del frío… era una ausencia. Como si algo hubiera obligado al bosque a contenerse.
El viento se deslizaba entre los árboles, pero incluso ese sonido parecía apagado, irregular. Las marcas en la nieve comenzaban a volverse confusas cuanto más se adentraba uno en el bosque, como si distintos caminos se cruzaran sin lógica, mezclando rastros conocidos con otros que no correspondían a ninguna criatura de esas tierras. Algunos eran más profundos, más pesados… demasiado para cualquier animal que debería habitar ese lugar.
Y en medio de todo aquello, había una sensación persistente. Difícil de explicar, pero imposible de ignorar. No era solo que algo estuviera ahí afuera… era que no pertenecía a ese mundo.
Los caminos de Ravnberg crujían bajo sus pasos mientras avanzaban sin un rumbo fijo, dejando que el aire frío despejara, al menos un poco, el peso que ambos cargaban. La actividad del pueblo quedaba atrás poco a poco, reemplazada por un silencio más abierto, más honesto.
Thor caminaba a su lado, observándolo de reojo con cierta preocupación que no terminaba de ocultar.
—¿Seguro que deberías estar de pie ahora? —preguntó finalmente—. Apenas te recuperas… deberías estar descansando.
Tyr soltó una leve exhalación, sin detener el paso. Su mirada se mantenía al frente, pero no parecía estar viendo realmente el camino.
—Descansar… —repitió en voz baja, como si la palabra le resultara ajena—. Mi cabeza está hecha pedazos, Thor. Quedarme quieto solo lo empeora.
Hubo un breve silencio entre ambos, acompañado únicamente por el sonido del viento deslizándose entre las estructuras.
—Necesito aire —añadió Tyr, con un tono más firme—. Pensar… o al menos intentar hacerlo.
Thor no respondió de inmediato. Se limitó a asentir ligeramente, aceptando la respuesta aunque no le convenciera del todo. Había algo distinto en su hermano. No era solo el cansancio… era algo más profundo, algo que aún no terminaba de salir a la superficie.
Y eso era precisamente lo que más le preocupaba.
Thor mantuvo la mirada al frente por unos momentos, como si ordenara sus propias palabras antes de dejarlas salir.
—Me alegra que estés de vuelta —dijo finalmente, con un tono más bajo de lo habitual—. Estuviste inconsciente semanas… llegué a pensar lo peor.
Tyr no respondió de inmediato, pero su paso se volvió apenas más lento.
—Aún lo pienso… —continuó Thor—. Balder sigue sin despertar. Sus heridas… no son como las nuestras.
El silencio que siguió fue distinto. Más pesado.
—Nosotros tres hemos pasado por cientos de batallas —añadió, dejando escapar una leve exhalación—. Siempre salíamos de ellas… de una forma u otra. Pero esto…
No terminó la frase.
No hacía falta.
Tyr desvió ligeramente la mirada, procesando cada palabra. No era solo el dolor físico lo que quedaba de esa batalla… era lo que había cambiado.
—Esto no fue una batalla —murmuró finalmente—. Fue algo más.
Thor frunció el ceño levemente, sin apartar la vista del camino.
—Sí…
El viento sopló con más fuerza, cruzando entre ellos como un recordatorio constante de que nada había vuelto a ser igual.
Y por primera vez en mucho tiempo…
ni siquiera ellos podían fingir lo contrario.
Tyr mantuvo la mirada al frente, pero su expresión cambió apenas, como si algo dentro de él se tensara al recordar.
—Su maldad… no se quedó solo en el cuerpo —dijo finalmente—. Alcanzó algo más profundo.
Thor frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué te hizo?
Hubo una pausa.
El viento pasó entre ellos, pero Tyr no respondió de inmediato. Sus pasos se volvieron más lentos, como si cada palabra le costara salir.
—Tiene una habilidad… —comenzó, con la voz más baja—. Invoca una llama… pero no es fuego como el que conocemos.
Thor lo observó con más atención.
—No quema la piel.
Tyr apretó la mandíbula.
—Quema el alma.
El silencio cayó entre ambos, denso.
—No sé exactamente qué hizo… —continuó—, pero… —hizo una breve pausa, como si intentara encontrar las palabras correctas— creo que me obligó a revivir mi pasado.
Su mirada se endureció apenas.
—Pero no como lo recuerdo.
El aire pareció volverse más frío.
—Peor.
Thor no dijo nada al inicio, pero su expresión cambió. Había preocupación… sí. Pero también algo más. Algo que no encajaba del todo.